por Katia Rejón

Irma Torregrosa, cabello corto para dejar libre la nuca y vestido, saluda a todos inquieta y, sin conocerme, me abraza y me dice mucho gusto. La conocí en esa lectura organizada en la preparatoria 2 aunque ya había oído de ella y la fuerza de su poesía. Y digo esto para dejar claro que no escribo de Irma por ser mi amiga, sino porque al salir de cada recital alguien —me consta— siempre le tiene que decir que hubo algo en esos versos que le hizo pensar o sentir mucho o poquito.

Y si esto no fuera suficiente razón, el Premio Hispanoamericano de Poesía San Román 2017 también resolvió que al menos su libro Piélago está en el top de los libros de poesía inéditos.

Hasta el mes pasado, todos los ganadores de este premio con 42 ediciones habían sido hombres. Irma rompió la racha con poemas oceánicos acerca del miedo y el amor en una historia de la infancia.

Ya encarrilados, hay que decir que éste es su tercer premio, también ha sido becaria de la Fundación para las letras Mexicanas en tres ediciones de verano y —aunque en las lecturas de Mérida pocas veces es invitada por los círculos más veteranos— ha participado en festivales y lecturas en Chiapas, Ciudad de México, la FIL de Guadalajara, Campeche, Chihuahua, Puebla y en la antología  Los reyes subterráneos: veinte poetas jóvenes de México (La bella Varsovia, 2015).

Has contado que la historia de cómo comenzaste en la poesía tiene que ver con tu abuela

Sí, comencé a escuchar poesía, no a leerla. Mi abuela siempre tuvo una afición por la música y tenía algunos discos con declamaciones. Yo tenía un problema de dicción y ella —de un modo terapéutico— hacía que me aprendiera poemas en voz alta.

¿Y cuándo decidiste que la poesía iba a formar parte importante de tu vida?

Nunca lo decidí. A veces las cosas pasan así. Mi familia no es una familia de artistas o lectores, tiene que ver más con mis intereses desde niña. La lectura para mí fue la fuente del conocimiento, más que la escuela. Ahora influye muchísimo, porque uno no puede escribir si no lee, si no ha leído antes. Que ocurra esto [el premio] en este momento de mi vida es inesperado. Uno se la vive esperando que suceda algo bueno en chinga y no disfrutas el proceso de creación, que en mi caso es un proceso largo. Se siente muy bien pero sigue siendo inesperado para mí.

Te gusta la poesía, pero hay mucha gente a la que le gusta pero no escribe. ¿Tú por qué escribes?

Me gusta la escritura porque las palabras pueden tomar la forma que tú quieras, construyes desde cero. En mi caso fue la manera más elocuente de comunicarme, antes no era tan sociable y de esta forma se me daba mejor. Hablar en público es horrible para mí. En la escritura puedo ser yo y ser otros.

Sin embargo estudiaste comunicación social…

Por una confusión. Quería estudiar letras o filosofía. Mis papás estaban en contra de que estudiara letras. Al menos en la Uady te ponen una segunda opción si no quedas en la primera. Mi plan maestro era sacar el puntaje necesario para entrar a literatura pero no a comunicación, y no me salió porque entré a comunicación social. Pero ahora puedo decir que me apasionan muchos aspectos de mi carrera. Mis optativas fueron de literatura para no perder la exploración en otros géneros. Estudiar otra cosa también fue importante porque aprendí de temas diferentes y eso te nutre.

¿De qué manera se complementa, en tu caso, el talento y la perseverancia?

Primero saber que uno no va a ser Rimbaud que a los 17 ya había hecho todo en la poesía. Yo tengo 24 y lo más que he hecho ha sido ganar el hispanoamericano, y realmente un premio no significa que seas un chingón, significa que a tres personas que leyeron tu libro les gustó más que otros libros. Simplemente coincidieron las cosas. El varo del premio, todo lo que viene después, es una consecuencia natural.

No es como que no signifique nada para mí, pero para mí significan más otras cosas como que alguien se me acerque y me diga que mi libro le movió algo o que me pregunten sobre mi poesía, cosas que tienen que ver más con la trascendencia. Uno no siempre va a estar ahí para explicar el libro y eso es lo que he aprendido con el paso del tiempo.

¿Cuánto tiempo te llevó escribirlo?

Me tardé más de cinco años en llegar a él. Y sí, la perseverancia tiene mucho que ver, uno no puede esperar a que las cosas lleguen, pero tampoco buscarlas desesperadamente. Al menos en mi caso me funcionó la prudencia, el libro lo escribí muy rápido pero ya lo venía pensando desde hace tiempo, ya había escrito otras cosas. Cada quien tiene su proceso creativo, pero en ese lapso nunca dejas de leer o escribir. Todo es parte de la misma cosa y el proceso detrás se disfruta muchísimo.

¿Cuál es el proceso detrás de Piélago o tu obra?

Yo creo que todo sirve: la vivencia, la lectura. No te puedo decir mis influencias son “tales” porque leo varias cosas diferentes, a veces al mismo tiempo, a veces agarro otro libro sin acabar uno, porque me da la gana, porque es bueno explorar. Uno es el resultado de todas las cosas que ha vivido, ha leído o ha visto en toda la vida.

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