Por Sandra Gayou Soto

Fotografía tomada de la red

La librería ”La Cosecha” en San Cristóbal de las Casas, Chiapas celebró el 1 de junio su tercer aniversario. En se contexto, la antropóloga y feminista nacida en Argentina, Rita Segato, especialista en temas de género, pueblos indígenas, violencia, racismo, entre otros, ofreció un conversatorio de casi dos horas.Ése mismo día por la mañana, Rita estuvo en San Cristóbal para impartir una charla en el Cideci – Universidad de la Tierra. Pasadas las siete de la noche, la investigadora llegó a la librería rodeada de mujeres que buscaban saludarla, intercambiar alguna palabra o tomarse una fotografía.

Los asientos dispuestos en la explanada de la librería no fueron suficientes para las y los asistentes, mujeres en su mayoría. Después de una breve presentación de la actividad y mientras se le daba lectura a un texto con su trayectoria, Rita tomó el micrófono diciendo “mejor lo cuento yo”.

La antropóloga se presentó en “La Cosecha” con el tema “La política del desacato al patriarcado”. Comenzó hablando sobre su trabajo de entrevistas con violadores presos en la cárcel Brasilia en 1993 y detalló algunos conceptos para entender “la violencia hacia la mujer”.

—La violencia contra la mujer es un camino largo. Es un tema que nunca elegí, estoy siempre diciendo que ya, no quiero seguir, no me gusta, pero es muy difícil dejarlo. No es fácil apartarse de un tema en el que una pasó tanto tiempo de su vida—, dijo la investigadora.

En 1993 realizó un trabajo de entrevistas con presos por violación en la cárcel de Brasilia con un grupo de estudiantes de la universidad de la misma ciudad durante casi dos años. Las entrevistas se realizaron a “todos los presos que estaban condenados por violación en aquel momento, que no era ninguno de ellos preso por violación íntima, todos eran violadores de calle (…) un violador era alguien que en la calle capturaba a una persona, la rendía y la violaba”.

Relata que se encontró con varias sorpresas que contradicen el sentido común, lo que el público en general piensa sobre este crimen

—Se van a perfilar dos temas que van a incidir después en Ciudad Juárez.

El resultado de ese trabajo de entrevistas está publicado en el libro Las estructuras elementales de la violencia en 2003. Uno de los descubrimientos de los feminismos es que el violador es una persona común, no es una anomalía, no es un tipo solo, raro, delirante, es simplemente un hombre.

Dijo que esto es importante para comprender las relaciones de género de una manera mucho más lúcida. Desde el feminismo se hace un énfasis muy grande de la relación violador-violada, agresor-agredida.

—Hasta hoy cuando hablamos de crímenes hablamos de esa relación, ese eje como un eje separado y aislable que da cuenta de la agresión sexual, lo que llamo el eje vertical.

Distingue dos ejes con la misma importancia: ese eje vertical y otro horizontal de la relación entre los hombres. Si no comprendemos la relación entre los hombres, su carácter determinante en la acción de los agresores, sería muy difícil comprender las relaciones de género y violencia de género.

En ese eje horizontal distingue la fraternidad masculina, la cofradía masculina, el club de los hombres y la necesidad de titularse. En las entrevistas que realizó determinó que el agresor “en su horizonte mental no estaba solo, nunca jamás estaba solo (…) también él tenía que mostrar algo a alguien”.

—La masculinidad es sujeta constantemente a pruebas y exámenes (…) Hasta que el hombre no encuentre otra forma de decir que es hombre, va a ser difícil que el mandato de masculinidad se deconstruya.

Las mujeres no son el centro de la violencia, son víctimas sacrificiales

—Cuando nosotras las mujeres pensamos la violencia contra nosotras mismas pensamos que estamos en el centro de esa economía simbólica. Lo que está en el centro es la relación entre los hombres, la mujer es una especie de víctima sacrificial en alguna circunstancia como los feminicidios en Ciudad Juárez.

Las mujeres, comentó, son aquello que retroalimenta la hermandad masculina o como ella dice: un club de hombres. Los que conversan de una forma “atroz” sobre el cuerpo de las mujeres.

Distingue que el caso de los violadores se trata de crímenes expresivos, para decirle algo al mundo.

—Uno de los grandes errores es (pensar) que se viola como una consecuencia de una libido masculina desatada, sexual, incontenible de tener acceso sexual a un cuerpo, (pero) no es lo que resulta de mi escucha.

Al conocer lo sucedido el 3 y 4 de mayo de 2006 en Atenco, en el Estado de México, Rita Segato dice que la violación de la adulta mayor de 73 años es claro que no se trata de un crimen del deseo, considera ese caso como paradigmático y algo que nunca debemos olvidar. Lo atribuye al deseo de mostrarse hombre a los otros hombres:

—La violación es la producción de la masculinidad mediante un mandado de dominación, de dominio, de potencia.

Rita Segato concluye queno se trata de un crimen utilitario, no es para satisfacer algo, no es robar un servicio que no se obtiene de otra forma. Es más bien “decir algo, mostrar algo, mandar un mensaje al mundo de su potencia y su masculinidad y ahí está el gozo”.

Ciudad Juárez

Escuchó hablar de los feminicidios de Ciudad Juárez por primera vez en un encuentro en el Escorial, España, quedó desconcertada, le pareció una cosa sin explicación posible.

La segunda vez que lo escuchó fue de un “grupo de autoras chicanas y una extraordinaria mujer, extraordinaria documentalista Lourdes Portillo”, realizadora del primer documental sobre las madres de Plaza de Mayo y otro filme sobre las mujeres asesinadas en esa ciudad fronteriza:

Señorita extraviada, se las recomiendo y es obligatorio verla.

Recordó que alguien, alguna vez, le dijo que hay 42 tesis de explicación para lo que sucede en Ciudad Juárez pero ninguna se puede probar o “disprobar”. Ante esto, se pregunta por qué, ¿cuáles son los crímenes que nunca se lucidan? Entonces retoma lo planteado por un autor italiano quien dice que los crímenes que no se resuelven jamás son los crímenes de poder.

—Hay un nuevo lugar de depósito de los cadáveres. Casi no se habla más sobre eso. Ese lugar es el arroyo Navajo que queda en el desierto.

Pero el problema, dice, no es la impunidad sino que sea la misma impunidad la consecuencia de estos crímenes:

—Un pacto indisoluble entre todos aquellos que participan juntos de estos hechos. Saben quiénes son, pero no pueden hablar. Hay un pacto de silencio, los crímenes garantizan el pacto de silencio (…) La estructura de este crimen produce el pacto de silencio y garantiza la impunidad.

Aquí es donde plantea lo evaluado en las entrevistas con violadores presos, que se trata de crímenes “para mostrar algo”, no lo que se entiende como un “crimen utilitario”.

En 2006 Rita Segato llega a esa ciudad porque hay muchas historias para contar. Todo está en su libro La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado.

Hizo énfasis en que no utiliza el término “crímenes de odio”, porque es un crimen político, de control, de gestión de la vida. Por eso el texto se llama “crímenes de segundo estado”.

—México está juarizado. Lo que antes era ese pequeño bolsón de Ciudad Juárez hoy se salió a México completo- Estos crímenes que hicieron célebre a Ciudad Juárez no son la mayoría, pero son un síntoma, paradigmáticos, hay que entenderlos en su absoluta singularidad.

Considera que estos crímenes es una forma de decirle al mundo, en específico a la sociedad de Ciudad Juárez, Chihuahua que ése territorio tiene dueño.

—La crueldad en el cuerpo de las mujeres no tiene inteligibilidad. No es la crueldad y la muerte aplicada al soldadito de la fuerza armada enemiga. Si fuera así como ha sido tradicionalmente en las mafias (…) cuando mato a una mujer y la dejo con marcas, la dejo expuesta al mundo, tirada, la inteligibilidad de esta muerte es muy difícil, ¿por qué para qué?

Se pregunta por qué en la líbido masculina además de violar necesitan torturar, cortar pedazos,  aplicar una crueldad que excede en mucho el deseo sexual. Lo define como un “pacto de sangre, un pacto de semen, de silencio”.

La guerra se feminiza

Para Rita Segato el cuerpo de las mujeres es hoy un objetivo bélico. Y pone como ejemplo las guerras de Guatemala, Vietnam, Irak y Afganistán.

Lo anterior sucede porque al acabar con el cuerpo de las mujeres se desintegra una comunidad y confianza en la sociedad. Es una manera de hacer la guerra: se profana a los sabios, los templos, los cuerpos de las mujeres y ahí se desintegra de forma “barata”.

Lo que debemos buscar es una transformación del mundo

—El enemigo nuestro no son los hombres, es el patriarcado como un orden político. Lo que queremos deconstituir es un orden político que va mucho más allá de cualquier hombre en particular.

En su experiencia ha visto que aplicar una condena es ejemplar, sirve. Lo que pasa es que son muy pocas las condenas, los jueces nos fallan siempre. Del escrache dice:

—Soy contraria al linchamiento.

El escrache se trata de que la sociedad hace un juicio popular (…) que tiene un justo proceso, hay un tiempo dedicado a la investigación. Detalla que se hace un levantamiento de testimonios para verificar que la persona fue realmente un torturador. En Argentina, dice, se comprueba de todas las formas posibles.

También realizan entrevistas a los vecinos de la persona que será escracheada: cómo es su vida, cómo son sus hábitos y se mapea el medio en el que esa persona vive. Después hacen una deliberación sobre si es la persona que se está buscando.

—Y ahí es el escrache, no es espontaneísta, no es un linchamiento (…) Los feminismos debemos tener cuidado. Claro que queremos que los agresores sean punidos, que estén fuera de la sociedad, apartados del mundo, estemos protegidas de ellos, sí, pero tenemos que pensar con complejidad. Si no, van a tener a gente presa pero el problema no se va a resolver.

Considera que las consecuencias de un Estado punitivo son siniestras para toda la sociedad pues se cambia por otro camino. Propone pensar cómo son las pautas que orientan la transformación de las relaciones sociales y que sean caminos deliberativos más que punitivos.

Al finalizar la plática y después de confesar su tremendo cansancio, Rita contestó un par de preguntas brevemente. Aseguró que no hay soluciones simples, faltan formas pedagógicas y tenemos que trabajar en la sociedad, en el mundo y abandonar la idea del “estado padre, que va a venir a resolver nuestros problemas”.

—Los problemas los vamos a arreglar nosotras mismas enseñando a las mujeres a que pueden hablar, que puedan contestar a que puedan reconocer su deseo y no deseo. No hemos trabajado con la gente para que ellas mismas se empoderen, terminó.

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