Por Erik Uh Huchim

Ilustración: Luis Cruces Gómez

Sexo, clandestinidad y disfrute, así como éstas, hay muchas otras palabras con las que se pueden relacionar los cuartos oscuros, lugares que pueden verse como santuarios por unos y una aberración por otros. Los cuartos oscuros son sitios de encuentro sexual fortuito entre hombres, en los cuales, se llevan a cabo prácticas como la masturbación, el sexo oral o anal -con o sin condón-, el voyerismo o el exhibicionismo. Generalmente se caracterizan por ser espacios donde hay poca o nula iluminación.

Se pueden clasificar de acuerdo a su forma de operar, las cuales pueden ser abiertamente o de manera encubierta. La primera refiere a sitios que se dan a conocer como tales, lugares para tener encuentros sexuales ocasionales, mientras las segundas necesitan una fachada de otro establecimiento para operar, por ejemplo, aparentar que son tiendas u hoteles. Esto depende mucho del entorno donde se establecen ya que a mayor represión de la sexualidad es probable que no existan estos sitios o que actúen con mayor discreción.

En Mérida los cuartos oscuros se sitúan dentro de la ciudad y en su zona periférica, no descarto la existencia de estos sitios en otros municipios del Estado, pero por experiencia, sólo hablo de los de Mérida ya que el único contacto que tenido con estos espacios ha sido en esta ciudad.

Se pueden encontrar los dos tipos de cuartos oscuros -aunque hay que señalar que preponderan los que tienen fachada-. Estos sitios se distribuyen en diversas zonas del municipio lo que influye en el costo de acceso, las condiciones físicas del lugar (amplias, pequeñas, más iluminadas que otras), el horario de operación (si es todo el día o de noche) y el tipo de gente de ahí acude. Estos sitios persisten debido a las dinámicas, al uso y el significado que las personas le otorgan.

A los cuartos oscuros van todo tipo de hombres, gordos, flacos, musculosos, jóvenes, maduros, lampiños, osos, casados, solteros, locales, nacionales, extranjeros, de diversos estatus socioeconómicos, heterosexuales, bisexuales, de lo que son de ambiente gay y los que no son.

Más allá de estas tipologías, el acercamiento que he tenido a los cuartos oscuros me ha permitido conocer y entender lo que origina que los hombres acudan a esos sitios. Los motivos son diversos, uno de ellos es satisfacer las ganas de tener sexo, algunos hombres que ahí acudimos lo hacemos para saciar las ganas de un encuentro sexual, el sitio permite contactar gente de manera rápida, de que observen al momento de tener sexo o simplemente mirar. En esa diversidad misma se puede encontrar gente que va a tener sexo y ve al cuarto oscuro como un sitio íntimo.

El otro aspecto que he percibido como recurrente es la expresión de una sexualidad reprimida; muchos de estos sitios, al contar con la fachada, permiten a los usuarios poder mantener relaciones sexuales de manera oculta ya que prevalece una regla implícita de discreción: lo que pase en un cuarto oscuro ahí se queda. Esto puede explicar el encontrarse con hombres casados que buscan otras/nuevas experiencias sexuales, personas de clóset o quienes comienzan a experimentar su sexualidad.

Esta última característica adquiere otro significado cuando enmarcamos a los cuartos oscuros en la ciudad de Mérida. La otrora ciudad blanca se caracteriza por ser aún conservadora, para muestra de ello, podemos hablar de los datos de 2014 que ofrece la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán, quien indica que los gays, lesbianas y población trans son el segundo grupo más discriminado, otro ejemplo es la participación de varios meridanos en la denominada Marcha por la Familia en septiembre de 2016. Las fachadas y la discreción implícita son un indicio de la limitación a la sexualidad que aún viven los hombres meridanos, ya sea por la orientación sexual o el disfrute de comportamientos homoeróticos.

Considero que esta descripción de los cuartos oscuros y de los hombres que ahí acuden da un acercamiento a un tema que está presente en la sociedad meridana y que no se toma con la seriedad que amerita. No se trata solamente de hablar de espacios, sino de las personas que están involucradas, algunos hombres que ven en estos sitios escaparates para la expresión de una sexualidad reprimida. Abogo por la existencia de estos sitios ya que permiten conocer más afondo la experiencia sexual de las personas, sin embargo, por el contexto que Mérida ofrece, no es posible que varios de estos sitios cuenten con medidas sanitarias que propicien el desarrollo de la vida sexual de manera segura.

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