Todo tiene una onda muy independiente, hay dos o tres mesitas en un espacio muy pequeño, alguna gente lee, otra toma café o fotografías, algunos esperan su turno impacientes y otros platican como si estuvieran en cualquier cafetería. Las paredes están adornadas con pósters de García Lorca o Zapata, del techo cuelgan figuras de cartón y un espiral, hay fotografías de puestas en escena y stickers con leyendas de participación colectiva. En la pared se lee: Nuestros sueños no caben en sus urnas.

 

El 11° Festival Independiente de Teatro Íntimo es una propuesta alternativa de teatro que busca a un público crítico y participativo. Está conformado por 8 colectivos profesionales de países iberoamericanos como Argentina, Ecuador, España y México. Tiene como sede a El Teatrito y ocasionalmente se presentan en el Olimpo o en el Teatro Peón Contreras.

Sin afectar el nivel estético de la obra, tocan temas de profundidad y actuales. La puesta en escena de estos colectivos no se parece mucho a las obras de teatro convencionales y esto es uno de los objetivos. Quieren deslindarse de la política cultural que ofrece el Estado y abrir espacio a un escenario en el que el público y los artistas sean uno solo.

En el boletín que se reparte en el Teatrito especifica: “La realidad de la provincia y la “política cultural” de la partidocracia al servicio de la oligarquía, nos ha obligado, por fortuna, a reconocer y profundizar en los instrumentos de creatividad transformadora como un instrumento revolucionario”. En el que explica la inconformidad tanto de la propia realidad como del concepto de cultura que se llega a politizar y muchas veces a vender, y no nada más están inconformes sino que se desligan de seguir la pauta marcada y crean espacios alternos en donde puedan hacer lo que en su opinión le hace falta al teatro.

Buscan con ello que el espectador ahonde su criterio y que el teatro tenga como papel protagónico el informar y ayudar a hacer un análisis sobre acontecimientos actuales de importancia.

LOS SATISFECHOS

La obra a la que me tocó ir es de un colectivo español llamado Trasto Teatro. Nada más entrar a la sala, , uno de los personajes (ya entrado en su papel) te recibe con un “Buena noche”. Frente a ella hay un ataúd y todo está arreglado simulando un entierro. La mujer parece que llora por el muerto pero la entrada de otros dos personajes desmiente la suposición y comienza una hilarante búsqueda por saber quién es el muerto y el público es otra herramienta de actuación.

Da el primer giro cuando descubrimos qué es en realidad lo que está debajo de la sábana: comida. Una metafórica representación del hambre. Y a partir de este descubrimiento se desata una serie de argumentos poéticos y filosóficos acerca de por qué o no comer. Un personaje defiende la idea de que comer algo que no es nuestro es pecado, mientras los otros están en una lucha constante de defender el hambre que no pueden evitar tener.

Las expresiones faciales que difícilmente pueden distinguirse en las obras teatrales convencionales, son pieza fundamental para la transmisión del mensaje de dolor que busca representar cada uno de los personajes. Hay escenas que desataron risas, otras que hicieron lagrimar a algunos por la intensidad de las frases y las expresiones tan bien trabajadas de los artistas.

Al final de la obra, los actores se sentaron frente al público para intercambiar puntos de vista, significados ocultos o libres de interpretación, así como compartir experiencias, y lo que ellos captan de cada una de las puestas. Uno de los más felicitados fue el dramaturgo Raúl Cortés, quien escribió un guión con contenido y estética, y claro que Salva Atienza, Pepi Gallegos y Nerea Vega supieron seguir la línea hasta encontrar su misma piel en los personajes de Los Satisfechos.

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