Aaron Swartz es – el tiempo verbal de los inmortales- un ciberactivista estadounidense que defendía la libertad de expresión y llamaba imperativo moral al hecho de compartir. Básicamente la bandera de los cibernautas de hoy, sin embargo, no necesariamente estamos hablando de las mismas cosas. En una de sus últimas entrevistas, Aaron dijo que el fenómeno de Internet podría verse desde dos perspectivas diferentes: como una herramienta para la desprivatización del conocimiento o como un peligro para la seguridad y los derechos humanos, ambas eran ciertas. Y estaba en nosotros decidir el rumbo que tomaría.

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Aaron Swartz poses in a Borderland Books in San Francisco on February 4, 2008. Internet activist and programmer Swartz, who helped create an early version of RSS and later played a key role in stopping a controversial online piracy bill in Congress, has died at age 26, an apparent suicide, New York authorities said January 13, 2013.  REUTERS/Noah Berger  (UNITED STATES - Tags: PORTRAIT SCIENCE TECHNOLOGY OBITUARY)

Aaron Swartz poses in a Borderland Books in San Francisco on February 4, 2008. Internet activist and programmer Swartz, who helped create an early version of RSS and later played a key role in stopping a controversial online piracy bill in Congress, has died at age 26, an apparent suicide, New York authorities said January 13, 2013. REUTERS/Noah Berger (UNITED STATES – Tags: PORTRAIT SCIENCE TECHNOLOGY OBITUARY)

Aprendió a leer solo a los 3 años. Aprendió a programar a los nueve.  A los 14  había ayudado a desarrollar el software RSS -el formato HTML que utilizamos para compartir contenido en la red-, a los 15 ayudó a Lawrence Lessig -uno de los principales líderes teóricos de Internet- a escribir las licencias de Copyright para los creadores intelectuales. A los 19 años fundó Reddit -una especie de red social con marcadores y noticias elegidas por los usuarios.  Cuando todavía estaba en preparatoria, creó una versión primitiva de lo que hoy es Wikipedia, permitía a los usuarios escribir sobre un tema en el que fueran expertos, y a otros editar lo que creyeran que estaba erróneo. Su maestro le dijo que era una tontería, pues para eso existían las enciclopedias. Tiempo después creó Open Library, un sitio que ofrece obras de dominio público que pueden leerse gratis en línea.

Quizá una de las cosas que popularizaron más a Aaron fue su participación activa contra la ley SOPA (Stop Oline Piracy Act) un proyecto de ley introducido en el 2011 que contenía medidas exageradas contra la piratería y con la cual muchos de nosotros no podríamos tener ni diez canciones .mp3 o ver películas que ni en sueños llegarán a nuestro país.

Aaron, nacido en 1986, fue uno de los chivos expiatorios en una transición generacional donde los adultos intentaban bloquear el paso de cambios importantes abanderados por jóvenes brillantes. La historia de Aaron, contada a través del documental The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz es quizá una forma triste de recordar que las obras sin su autor pueden tener un final desproporcionado. Como si no fuera el final verdadero, sino uno más forzado, incorrecto. El 11 de enero del 2013, al colgarse en su departamento de Brooklyn dejó un trabajo a medias que de todas formas no podría haber terminado, pues enfrentaba un juicio por el cual podía pasar hasta 50 años en la cárcel, por descargar millones de artículos académicos de la base de datos JSTOR.

Años antes había hecho lo mismo con la base de datos PACER (Acceso Público a los Registros Electrónicos del Tribunal, por sus siglas en inglés) liberando información pública que estaba restringida y por la cual se cobraba. En el documental no queda muy claro por qué Aaron descargó los textos de JSTOR, pero en su blog Manifiesto por la Guerrilla del Acceso Abierto dejaba muy clara su postura en cuanto a la información:

 Necesitamos tomar la información, donde sea que esté guardada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo. Necesitamos tomar las cosas que están libres del derecho de copia y agregarlas a este archivo. Necesitamos comprar bases de datos secretas y ponerlas en la Web. Necesitamos descargar journals científicos y subirlos a redes de compartición de archivos. Necesitamos pelear una Guerrilla por el Acceso Abierto.

Lo que proponía Aaron era activismo online efectivo. Compartir sí, pero conocimiento. Libertad de expresión, sí pero efectiva, conciente. En su blog publicaba una lista con comentarios acerca de los libros que había leído, muchas veces superaban los cien, leía sociología, historia, economía, y de ficción a George Saunders o David Foster Wallace. (The New Yorker, 2013).  Cuando Aaron se colgó tenía 26 años, sufría colitis y tenía períodos de depresión. Llevaba dos años enfrentando las acusaciones y decidió matarse antes de su juicio.

Sólo han pasado tres años y la herramienta que podría servir para un cambio social se ha volcado contra nosotros. Compartir o no compartir, he ahí la cuestión. Ahora es un dilema. Existe no sólo información falsa, sino también delicada que se filtra con una inmediatez morbosa. Pásame el pack no significa -y me siento ridícula de aclararlo- una petición que merezca la frase de libertad de expresión. En la generación anterior hubo genios como Steve Jobs o Bill Gates, que dedicaron su vida a hacer dinero con la tecnología. Aaron quería cambiar el mundo, ni siquiera deseaba ser feliz. Aaron Swartz era el héroe que nuestra generación necesitaba.

Por Katia Rejón

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