viernes, junio 5, 2020

A esto sabe una Sopa de tortuga falsa

Por Irma Torregrosa

Ilustración del libro: Rubén Díaz Conde

Hace poco Vogue hizo un video en el que Florence Pugh, una actriz británica, probaba doce platillos tradicionales de la cocina inglesa. Muchos tipos de tartas, empanadas y fish and chips. Dicen que una de la claves de la cocina inglesa moderna es la simpleza, porque se confía en la calidad y sabores de los ingredientes que se eligen. En ese contexto, pensar una sopa de tortuga se hace un poco difícil; más aún, en una sopa de tortuga falsa, que incorpora una cantidad enorme de ingredientes y condimentos.

La sopa de tortuga verde era un plato carísimo y, dicen, exquisito. La versión “falsa”, era más bien una interpretación de bajo presupuesto, con partes de ternera, cuya textura era muy parecida a la de la tortuga. Lo ilegítimo de aquel plato era hacerlo con lo que estaba al alcance de las manos. 

Desde hace algún tiempo pienso que la cocina y la escritura tienen mucho en común. Existen recetas y formas de escribir, digamos, un soneto o preparar un guisado. Si buscamos la receta para cada uno encontraremos, que así como el guisado lleva medidas e ingredientes específicos, la forma del soneto también exige lo suyo. En ambas disciplinas, el ejecutante inicia un proceso en el que, aunque se tenga un producto final, hacen falta muchos intentos, borradores, ponerle poquito más de una cosa o de otra. 

Hay platos y poemas con muchas formas y sabores posibles. Cada preparación —gastronómica o literaria— lleva una receta prescrita, pero también se requiere de intuición y sensibilidad para lograr una experiencia única. Algo así piensa Antonio Gamoneda, que dice que “ningún poema es el mismo poema, aunque lo sea, en apariencia”. La experiencia de la comida y la escritura siempre se completa con experiencias y aderezos subjetivos.

Hice toda esta reflexión porque es con esta actitud de curiosidad que me acerqué a un libro de poesía llamado “Sopa de tortuga falsa”, de Nadia Escalante. Esta preparación, además, inspiró al personaje de la Tortuga falsa – de Alicia en el país de las maravillas- , que añora sus días anteriores; así como el plato desearía, también, ser lo que no puede. Debo confesar que nunca imaginé encontrarme un libro que me ofreciera la posibilidad de probar un poema como se prueba un plato nuevo. 

La lectura de los poemas del libro de Nadia evoca, en sus matices, ese tono con el que vemos las cosas desde lejos. Y también cuenta muchas historias; esto es importante porque la poesía – en su principio- nació como híbrido de géneros. O sea, servía para cantar y contar. A través de la lírica, la épica y la dramática, la poesía era un espacio en el que se podía hacer a voluntad. En “Sopa de tortuga falsa” se recupera ese ímpetu, en el que la escritora, canta y cuenta; y más allá de eso nos lleva hacia donde quiere que vayamos. 

Entonces, ¿a qué sabe la versión de la sopa de tortuga falsa que hizo Nadia? El libro contiene poemas que van de la experiencia cotidiana al hallazgo poético, esto sucede en la medida que la autora revisita pasajes anteriores de ¿su vida? y las personas que forman parte de su universo. En algunos poemas se cruzan experiencias propias con las de otros, visibilizando que los sitios en los que hemos estado también están llenos de historias que no nos pertenecen. Y, si en algo se parecen la cocina, la lectura de un poema y las experiencias humanas es en que las tres son únicas para cada persona, aunque muchas veces no lo parezca. 

Desde que entramos por las puertas, literalmente, asumimos que estamos dispuestos a “dejar de ser”. Entrar en las historias de este libro, es también, pasear por caminos propios de asumir la escritura poética, los de Nadia. Lejos de pretender, como la misma poeta dice en un texto, a veces las cosas solo tienen esa manera simple de decirse, porque así suceden. En este escenario, se llega al hallazgo poético de forma sugerente, con el asombro de contemplar algo que, de alguna forma, ya sabíamos. 

El pretexto de muchos poemas son situaciones u objetos que funcionan como símbolos del mundo de la voz lírica. “Sopa de tortuga falsa”, también funciona como una naturaleza muerta en los que, cada objeto, cuenta una historia que forma parte del mundo de la autora; y el registro de tonos va desde el desazón hasta la añoranza.

Como dije hace unas líneas, el poema dentro de este libro es un espacio en el que abundan las posibilidades: escrito en prosa o verso, el poema puede contar historias, mentir, declarar, denunciar o confesar. Como lectores, la intuición para descifrar qué sucede, es una buena herramienta para leer este poemario. De la misma forma que Alicia llegó a la Tortuga falsa, el lector debe elegir caminos y compañías.

Al final del recorrido, los símbolos que condensan cada historia se quedan en nosotros. El poema de la sandía, el del acantilado; o el poema de la langosta compartida, o los budistas neoliberales o las abejas capaces de mover vacas. Terminar de comerse este libro extraño, es quedarse con muchos sabores que remitirán a todo lo que la autora ha querido contarnos; y aunque sean muchos desconocidos, sin duda, creo que serán placenteros. 

Aunque mi experiencia de lectura está marcada por mi evidente afición a la cocina, no dudo que la lectura de este libro pueda generar otras, muy diversas, en otros lectores. Lo celebro y lo deseo profundamente. Que la poesía, la cocina, el poema y el juego siempre sean espacios libres de creación. Las posibilidades y los caminos que se quieran tomar dependen solo de uno.

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