martes, octubre 26, 2021

Literatura maya en el ojo ajeno

Por Yobaín Vázquez Bailón

Ilustraciones: Luis Cruces

No soy experto en literatura maya y esto ya es una excusa para que no hagan mucho caso de lo que a continuación voy a escribir. Quiero intentarlo de todos modos porque a pesar de no ser experto en literatura maya soy, ante todo, un lector de literatura —así— a secas, y eso me ha vuelto perspicaz y reflexivo. Lo que quiero decir es algo muy simple pero que me da pena preguntar: ¿qué hace contemporánea a la literatura maya? Ya está. Lo dije y ahora debo tratar de clarificar la pregunta y responder.

Pero antes, una justificación. Si tomo esta actitud cautelosa y de respeto no es porque crea que la literatura maya es sagrada y nadie pueda criticarla. Nada es peor que la condescendencia. La mesura tampoco proviene de que tenga conocidos y maestros que hablan y escriben en lengua maya. Me es difícil tratar de emitir opiniones porque se nos ha enseñado que lo maya es una realidad aparte, incluso misteriosa, que si bien convive a diario con esta otra realidad de la lengua española y el mestizaje, nadie la conoce salvo un puñado de antropólogos y unas cuantas familias de las denominadas casta divina. Mis reservas, pues, parten de un condicionamiento cultural.

La literatura indígena vino a cubrir las carencias de este país multicultural, o más bien, a abofetear a los escritores que creían que la literatura es todo aquello que se ve, se oye, se siente y comulga con la tradición literaria occidental. Quizá por eso sea necesario recalcar que la literatura indígena es indígena, porque es una declaración política antes que artística, o es política-artística si lo prefieren así.

Una vez dicho esto quisiera continuar con un contexto. La literatura maya contemporánea está englobada dentro de una etiqueta más amplia: la literatura indígena. Si se echa en un mismo costal a la literatura maya, náhuatl, zapoteca y otras tantas, no es por el simple hecho de ser indígenas, sino porque comparten características en la forma de pensar y reflexionar sus procesos creativos. Al menos eso quiero pensar. De entrada, los pilares de la literatura indígena son la oralidad y la memoria colectiva; es decir, se preocupan por el rescate y nutrimiento de mitos, leyendas, consejas y todo aquello que se transmite de boca a oreja. En estas obras suele predominar el costumbrismo, paisajismo y poca o nula crítica de la realidad. Escriben sobre lo que conocen y nadie mejor que ellos para escribir sobre su cosmovisión. Esto último les ha hecho revalorizar sus particulares formas de expresión literaria, descubrir la profundidad de su legado cultural y sobre todo, auto-representarse frente a la literatura indianista e indigenista. Es decir, crean y modelan su propia voz.

escanear0009La literatura indígena vino a cubrir las carencias de este país multicultural, o más bien, a abofetear a los escritores que creían que la literatura es todo aquello que se ve, se oye, se siente y comulga con la tradición literaria occidental. Quizá por eso sea necesario recalcar que la literatura indígena es indígena, porque es una declaración política antes que artística, o es política-artística si lo prefieren así. Sin embargo, con todo su empuje y fortaleza, la literatura indígena tiene sus puntos flacos. Yo no quiero exponerlos aquí, prefiero concentrarme en la pregunta inicial del texto: ¿qué hace contemporánea a la literatura maya?

Para empezar, la prudencia me indica que la literatura maya tiene sus propios intereses y que nadie, salvo los escritores mayas, puede decir qué pueden o no expresar con su idioma. Pero no creo que yo sea un metiche por sospechar que la literatura maya se ha estancado en unos temas y unas estructuras. ¿Hay algo de malo en eso? No formalmente. Sin embargo, a mí me interesa señalarlo. Tal como mencioné antes, se puede considerar que la literatura maya tiene como base la oralidad y la memoria colectiva; por eso se habla de la ceiba, los aluxes, los vientos y el Hanal Pixan. Cada escritor le imprime su particular forma de expresión a esos temas recurrentes, pero no creo que alguien haya mezclado la tradición oral y la sensibilidad del autor, tal como hizo Goethe con el folklore europeo referente al pacto con el diablo y que decantó en la obra cumbre Fausto. A lo mejor porque ese no es el interés de ningún escritor maya y ese tipo de mezcla escanear0011sea un vicio que contradiga precisamente a la memoria colectiva.

Quizá mi pregunta ya no sea directamente referida a la literatura maya, a lo mejor la verdadera pregunta sea: ¿qué hace contemporáneo a la literatura? ¿Estructuras endiabladamente complejas? ¿Verso libre? ¿Polifonía? ¿Mencionar marcas y artistas del momento? No sé, pero insisto, ¿la literatura maya dejaría de serlo por introducir figuras vampíricas en un cuento en vez de huay chivos? ¿Podría existir un escritor maya satírico que evidencie las imperfecciones de su cultura? ¿Tendría sentido una literatura maya que no se tome en serio y se festejara con experimentaciones del lenguaje? Quiero llegar al extremo de estas ideas y ya no disimular mi aparente intento de colonizar la literatura maya: ¿qué tal sería leer una novela de ciencia ficción en el Mayab? Tal vez no sea apropiado, dado que algunos insisten en hacer creer que los mayas no crearon nada sin influencia extraterrestre. Me gustaría escuchar de un detective Cocom que resuelva casos en el virreinato, me encantaría enterarme de las aventuras picarescas de un pandillero de Kanasín, alguna obra puyul-erótica, una intriga política de ejidatarios contra Barbachanos…

Que le canten al maíz, pero denuncien las semillas transgénicas. Que usen la lengua maya para acosarnos, incomodarnos y descuajarnos el alma. Que su voz infunda miedo a los gobernadores y políticos que tanto exhiben la cultura maya con retórica oficialista. Que eleven su lengua a lo que el idioma español dejó de ser: un lenguaje de combate, generador de diálogo y discusión.

Lamento si mis pretensiones son absurdas y atentan contra el proyecto de los que escriben en lengua maya. En un ejercicio de honestidad, este texto quedaría reducido a un deseo personal de leer algo más allá de leyendas y cultura oral. No porque sea malo, aburrido o muy sobado, sino por una curiosidad innata de lector. Y conste que no digo que copien modelos y subgéneros literarios; ese sería un error que se vería reflejado en fenómenos como equiparar a un escritor maya con uno que supuestamente se le parezca: el Hemingway de Peto o el Cortázar de Halachó.

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Lo contemporáneo sería entonces el punto de vista del escritor maya de todo lo que le rodea y de los cambios que atestigua. Que den fe de cómo el chisme de albarrada se convirtió en chisme de Facebook. Que hagan de sus palabras lo que recomienda Paz: denles vuelta, cójanlas del rabo (que chillen las putas)… Que sean escatológicos y exacerbados. Que le canten al maíz, pero denuncien las semillas transgénicas. Que usen la lengua maya para acosarnos, incomodarnos y descuajarnos el alma. Que su voz infunda miedo a los gobernadores y políticos que tanto exhiben la cultura maya con retórica oficialista. Que eleven su lengua a lo que el idioma español dejó de ser: un lenguaje de combate, generador de diálogo y discusión.

Pero ya mejor me callo. Me he puesto a pensar, ¿qué hace contemporánea a la literatura yucateca? Es para dar escalofríos. ¿No será que esté viendo la paja en el ojo del vecino cuando tengo una viga en el propio?

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