martes, junio 2, 2020

Cuando lo eco-friendly se vuelve elitista

Por: Andrea Fajardo

Ilustración de Lino

Una mañana de sábado pido un capuchino moka en el Café MidTown de la colonia García Ginerés. A través del vidrio que rodea el lugar veo personas que llegan a comprar verduras frescas, queso de cabra orgánico o pan integral en el mercado Slow Food, que se coloca cada sábado en los alrededores del Cine Foro Colón  y el restaurante Los Platos Rotos. 

El ambiente es amable, los compradores ríen y platican con los vendedores. A lo lejos una familia tradicional de tez blanca se toma una selfie con su Iphone 8, cargan dos bolsas de tela donde guardan su despensa de la semana. Cerca de la cafetería un joven con ropa deportiva le compra una galleta orgánica a su perro xoloitzcuintle. En un puesto de hortalizas, una mujer de apariencia europea habla con la vendedora, mientras le pasa los atados de lechuga o acelga orgánica a un hombre de rasgos mayas que le carga su bolsa ecológica. 

A simple vista es el mercado perfecto. Pero con dar un paseo por los puestos y tiendas cercanas, preguntar precios, mirar las etiquetas, observar el comportamiento y el lenguaje de la gente que asiste, se puede ver que no es un lugar para todas las personas, mucho menos para todos los bolsillos. 

En Mérida existen algunos espacios similares a Slow Food que se dedican a la venta y difusión de productos orgánicos, artesanales y biodegradables. Tal es el caso de tiendas como C+Natural, VivaGreen, Café Orgánico, Ya’axtal Ecotienda o El Árbol Eco Orgánico. Espacios que trabajan por generar un sistema de consumo consciente y amable con el medio ambiente, además de ofrecer alternativas y productos atractivos para el llamado “consumidor verde”.

Algunos expertos en psicología económica, como Carmen Tanner, han señalado que la actitud es uno de los factores principales que impulsan al consumidor hacia la compra de productos ecológicos. Dirían por ahí que la actitud es lo que cuenta. Sin embargo, la psicóloga social Tina Mainieri señala que “a pesar de las actitudes y creencias pro-ambientales de una persona, hay factores que contribuyen a un bajo o nulo consumo verde, por ejemplo: la disponibilidad, etiquetado, y accesibilidad de precios”.

Algo que tienen en común las tiendas que mencioné antes, es que todas se encuentran en el centro o en el norte de la ciudad de Mérida. Un bálsamo corporal extra-humectante a base de cacao y centella asiática cuesta alrededor de 300 pesos. O unas galletas con chispas de chocolate, tipo chips ahoy, 130.

Supongamos que yo quiero comprar estos artículos, porque soy millennial y según un estudio realizado por la empresa Morgan Stanley en 2017, somos la generación más interesada en la economía sustentable y el medio ambiente. Pero resulta que también somos la generación peor pagada, según el estudio Los Millennials en el Mercado Laboral realizado por el Banco de México. Entonces los 430 pesos que quisiera gastar en mis productos ecológicos (para no comprar Pond’s o Chokis) los tengo que guardar para pagar la luz o completar la renta. Bueno, digamos que del resto de mi quincena (o mi pago freelance) voy ahorrando en dos partes para comprarme el bálsamo de aquí al próximo mes, porque quiero darme un pequeño lujo

Ahora imaginemos a una mujer del sur Mérida, de piel morena y ojos chinos. Tiene dos hijos, su esposo es obrero. Ella limpia casas ajenas y su sueño más grande es tener un trabajo con seguro social. Probablemente su único papel en un mercado o tienda de este perfil sea el de acompañar a la “patrona” en sus compras, mientras le cuida al bebé. Esta escena la vi en repetidas ocasiones cuando trabajé en uno de los puestos de Slow Food hace tres años. 

No suelen ser espacios construidos y pensados para personas como ella, o donde pueda reconocerse y sentir que pertenece desde una posición no subordinada. Aquí no sólo intervienen factores de precio o accesibilidad, también de clase y hasta de raza. La vida sustentable desde esta posición se vuelve costosa, elitista y clasista.

No es mi intención victimizar a nadie, es posible que esta mujer conozca estrategias de sustentabilidad mucho más efectivas que yo, o que las tiendas eco-friendly. Pero simplemente, muchos de estos lugares de cultura ecológica solo están hechos para un pequeño grupo de personas privilegiadas que pueden pagarlo. Tal vez si yo tuviera un apellido rimbombante y hubiera nacido en una familia adinerada, tendría mi bálsamo de centella asiática cada mes, de lo más feliz, y mi despensa sería completamente orgánica

El principio filosófico de este tipo de tiendas o mercados, además de promover la vida eco-sustentable, es el desarrollo de un comercio justo y local. Los tres pilares de la filosofía Slow Food, por ejemplo, sobre la consciencia alimentaria son:

BUENA: una dieta con alimentos de temporada, frescos y sabrosos que satisfagan los sentidos y que forme parte de nuestra cultura local; LIMPIA: una producción alimentaria y un consumo que no dañe el medio ambiente, el bienestar animal ni nuestra salud; JUSTA: unos precios accesibles para los consumidores, una retribución y unas condiciones justas para los productores a pequeña escala” (slowfood.com).

Se lee bonito y hasta revolucionario, pero la realidad muestra otra cosa. A no ser que tengas 5000 pesos en tu cartera cada fin de semana para comprar tu despensa completa (ese fue el cálculo que hice preguntando precios), es casi imposible disfrutar a plenitud la vida sustentable que en estos lugares se promueve. 

Y sí, el movimiento ecologista hoy en día nos ha obligado a muchos a reflexionar sobre nuestras formas de consumo y a cambiar hábitos de vida, no hay duda. Pero también ha desencadenado tendencias y etiquetas que, bajo el sello de lo orgánico y sustentable, nos intentan vender un estilo de vida que no todas las personas pueden alcanzar. Es casi la misma treta del capitalismo para que compremos en exceso: hacernos creer en un ideal de vida que se consigue consumiendo, pero ahora con la etiqueta ecológica para que no le duela al planeta, y sobre todo a la consciencia. 

Dentro de estos grupos de consumidores verdes, hay ciertas personas que tienen la oportunidad económica y la vida acomodada de manera tal que el tiempo y el dinero les rinde para llevar una vida completamente sustentable, fitness, vegana, ecológica, gluten free, zero waste, bla bla bla… Tanto que pueden llegar a señalar o juzgar a otro tipo de consumidores o incluso activistas por no ser lo suficientemente “congruentes y firmes” con la filosofía eco-friendly, desde su perspectiva y su comodidad. 

No pretendo devolverles el juicio, para nada. Bendito sea su privilegio, pero no olvidemos que son un grupo reducido y seleccionado que camina dentro de una burbuja lo suficientemente resistente, como para creer que subiendo una selfie a instagram con su jugo verde están salvando al planeta. Cuando en realidad forman parte de un pequeño círculo que tiene la suerte de poder vivir así, que pueden elegir. Mientras que para una gran mayoría, desayunar en un mercado orgánico o comprar una mermelada de mamey en C+Natural es un lujo, o ni siquiera una posibilidad. 

También sucede que, dentro de esta mecánica de “capitalismo verde”, muchas tiendas suelen contradecir la filosofía que defienden. En la Ciudad de México existen tiendas como Mr. Tofu y Green Paradise, con refrigeradores tipo Oxxo, donde un atún vegano tiene un costo de entre 60 y 150 pesos. Viene en lata o plástico y está hecho a base de soya y sal de mar, pero tiene sabor a atún. Esto puede que sea un error de marketing o un chiste muy cruel. Cabe mencionar que Mr. Tofu ya es una franquicia que se ubica en varias ciudades de México: Playa del Carmen, Guadalajara, Puebla, Pachuca, León, entre otras.

Pero no nos vayamos tan lejos: en la tienda Café Orgánico, que está a la vuelta del Cine Foro Colón aquí en Mérida, 200 gramos de pepita natural te cuestan 60 pesos, empaquetada en plástico y con la etiqueta en inglés. Mientras que en el mercado Lucas de Gálvez la misma bolsita te cuesta 25-30 pesos, y tal vez se la estés comprando a una mujer maya que tardó 4 horas en traerla desde su pueblo.

Sí, quizá no todos los productos que se encuentran en el mercado popular o en los tianguis sean 100 por ciento orgánicos, es cierto, pero puede ser una mejor forma de apoyar un comercio justo y local. Tampoco podemos asegurar que los productos que se venden como ecológicos, efectivamente lo sean. Principalmente por el asunto del empaquetado, cuando ya se vuelve una marca. Yo confío más en la leche vegetal que prepara mi amiga Diana Pavia (estudiante de Desarrollo y gestión intercultural en la UNAM, vegana) que en la leche comercial de las tiendas ecológicas. Porque además es mucho más barato hacerla que comprarla.

También es cierto que no todas las tiendas, vendedores o productores ecológicos y locales entran en esta dinámica elitista del Green Marketing. Desde luego existen pequeños productores, que tienen sus huertos o granjas, con elaboración artesanal, lo que implica tiempo y dinero invertido. Eso vale mucho y merece una justa retribución. Pero al menos los que yo conozco no están precisamente en mercados orgánicos fresas, o si están se mantienen al margen, sin necesidad de presumir que son eco-friendly y todos los demás títulos. O sin colocarse en una posición de superioridad moral ante las personas que todavía no se acercan a la cultura eco-sustentable

Creo que si se tiene habilidad para crear un producto de manera artesanal y se defiende la filosofía de un comercio ecológico y justo, no hay nada de malo en aprovecharlo como una forma de subsistir y apoyar la economía propia. Más aún si se comparte no sólo desde lo monetario, sino también desde la formación o el intercambio. 

Pero de allí a mercantilizar la ecología, lucrar con los derechos de la naturaleza y generar un sistema que no dista mucho del capitalista, o que más bien parece desprenderse del mismo pero vestido de verde, para después volverlo elitista y así clasificar a las personas en: quién puede tener una vida sustentable y quién no, me parece una forma más de seguirnos mintiendo y de sostener las estructuras hegemónicas sin descanso. 

Prefiero creer en la resistencia de los pueblos originarios, en la lucha de los activistas contra megaproyectos o en las pequeñas formas de boicot que estén a nuestro alcance. Más hacer y reconstruir, menos adquirir para desechar. Y por supuesto, menos ecología fresa por favor. 

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21 Comentarios

  1. Tiienes problemas de resentimiento social bien feítos amigo. Dices que no queires devolverles el juicio pero lo haces, no solo los enjuicias si no que los condenas y lo pones en negritas jajaja. Segundo déjalos que hagan con su vida algo positivo y que compren cosas menos contaminantes pagando más. La otra el veganismo y todo animalismo es liberal (investiga que es eso en política) no es socialista, no es marxista, brother, están defendiendo los derechos individuales de A NI MA LES; si cachas que cero que ver con un rollo socialista, y aparte lo revuelves dentro de lo sustentable y eco-amigable (CERO QUE VER) y finalmente tu osadía “está bien como forma de subsistir” jajaja no lo vayan a volver un negocio exitoso, que genere riqueza para esa familia y comunidad y los saque de la lógica de subsistencia ajajajaj ay, de verdad estás chistoso ajjaja

  2. Nada mas alejado de la realidad; tu artículo además de incurrir en lo que condena; carece de veracidad e información oportuna.

    En primera; todos los lugares (tiendas) que mencionas son otras opciones al slow food donde a tus letras das a entender “si se promueve la venta y difusión de productos artesanales y orgánicos” están repletas de los productos de los mismos vendedores del slow, la diferencia más importante entre una tienda y el mercado del slow; es que eliminas al intermediario y el dinero se va directo al bolsillo del productor.

    Por otra parte, ¿has leído que es slow Food a nivel internacional? ¿Sabes de las demás actividades de slow Food a nivel local? Tan siquiera pudiste acercarte a cualquier vendedor a preguntar cuál es la razón del mercado y del movimiento, o te dejaste llevar por lo que a leguas se ve es una “primera impresión” de tu primera o segunda visita.

    Los vendedores(productores todos) en el slow tienen estrictamente prohibido discriminar de cualquier forma, o variar los precios en la venta del mercado, hay controles, hay estatutos, hay capacitación, certificación en algunos casos y seguimiento, organizado por los mismos vendedores y gente muy capacitada en cada área no son simples venteros de mercado ergo;¿ te parece justo que una persona que trata de hacer una vida digna después de chutarse una carrera universitaria; reciba este tipo de crítica que lejos de ayudar, malversa la imagen del movimiento, juzgando el precio de sus productos sin comprender o entender sus ingredientes, técnicas, disponibilidad y trazabilidad?

    Si bien va todo tipo de gente, desde la que compra solo lechugas por 30 pesos; hasta los que se gastan 140 pesos en un solo pan de queso azul danés y nueces; no es una cuestión de discriminación si no de que por inercia, los tipos de compradores se depuran por sí solos.

    Hablas de familias tradicionales…. además de despectivo tu término es inexacto, todos los clientes son tradicionales y normales; algunos más conocedores que otros y sin embargo los no conocedores también se acercan por un simple factor, la calidad y el sabor.

    Lógicamente no puedes comparar el público objetivo de un mercado orgánico artesanal con el público de un supermercado y puedo ver que no tienes ni la más mínima idea de esto; en tu comparación como “galletas tipo chips ahoy” Primero que nada; ¿entiendes cómo funciona la pirámide de Maslow? Una persona que apenas sobrevive con lo que gana; no piensa en nutrirse solo piensa en llenarse el estómago y no solo es un factor económico si no también cultural, por que bien podría tener su propio huerto de traspatio y cultivar orgánico, pero publicaciones como la tuya les refrendan que deben incluirse al sentido consumista de la sociedad.
    Segundo: te acercaste a preguntar opinión a los clientes locales, padres de familia, oficinistas que solo llegan por sus cosas y se van por que tienen cosas que hacer, o solo te fijaste en los -posers- (los que describen se toman su selfi y pavean por el mercado sin comprar).
    Tercero: el estudio al que refieres que dice que el público objetivo son millenials, estás consiente que es un grupo cuya edad máxima es de 30 años?!; dime que chavo de 24-30 años va a gastar su dinero en productos artesanales cuando por el mismo precio se va de peda a progreso, obvio sólo los que conocen y les importa que es lo que se llevan a la boca, gente que busca calidad y en esas edades representa menos del 5% de la clientela del mercado; como vendedor te puedo decir que El Fuerte, son nuestros clientes locales, que nos compran todo el año y que a diferencia de los extranjeros que solo compran para uno o dos personas y por temporada, compran para núcleos de 4 a 6 personas.

    Te invito a eliminar esta publicación, a informarte y ya con un criterio integral; emitas una nueva opinión, si después de informarte sigues pensando igual (lo dudo) aceptaré tu crítica. Pero si no; solo te estarás colgando de un tema polémico para darte a conocer, sin importarte perjudicar a quien tengas que perjudicar.

  3. Lo importante es lo que eliges consumir, por supuesto que en muchas de esas tiendas hay productos costosos que responden a una demanda, pero varias apoyan al productor mexicano y local, si preguntas encontrarás productos de excelente calidad a precios justos. Puedes elegir un bálsamo de productos mexicanos en lugar de la centella asiática y te prometo que pagarás menos de la tercera parte de lo que te cuesta ese añorado bálsamo.
    Recuerda también que precisamente por esquemas de intereses quienes producen orgánicos deben pagar una certificación anual muy costosa para poder ostentar el sello y si tienes varias certificaciones pues cada sello tiene un costo, eso hay que aumentarlo al precio; aquí en Yucatán hay opciones, proyectos casi invisibles de gente que se interesa por producir y comercializar a precios justos, es posible conocerlos y acercarte a ellos cada semana para adquirir tu despensa

  4. Ese tipo de elítismo se refiere mas a la mercadotecnia guiada hacia al consumidor que paga precios elevados y sienten que están “protegiendo” el medio ambiente. Pero llendo mas a fondo, mas elítistas las transnacionales que producen y venden productos alimenticios cargados de pesticidas y calidad chatarra y dominan el mercado nacional. Sabritas anyone? (brought to you by Pepsico).

  5. Te echaste un mega rollo creo que desde el interior de tu ser. Mencionas cosas muy intersantes, varias reflexiones también muy atinadas. No acostumbro adquirir este tipo de productos porque como mencionas algunos de ellos no me quedan accesibles de adquirir ya sea por distancia o precio. Creo que los tianguis orgánicos que cada vez proliferan más son una buena opción y en algunos casos son de intercambio. Tarde o temprano habrá regulación en esas tiendas “fresas” para que certifiquen lo que venden. Buen artículo. Saludos.

  6. Si bien es cierto en algunos aspectos lo que dice esta nota (soy de Argentina y puedo confirmar que aqui tambien es caro acceder a lo organico, ecologico, etc), hay que saber ver el trasfondo económico-social pues diciendo la realidad consecuente no alcanza, hay que saber ver las causas de esto y son: que lo ecológico, sustentable y agroecológico no cuenta con el apoyo de ningún gobierno practicamente, no hay politicas que fomenten estos modos de produccion, las grandes corporaciones que tienen la mayoria del mercado y del capital se dedican a que la gente consuma plastico y perpetuar producciones agricolas y ganaderas contaminantes e insalubres y eso hace que de los que se dedican a lo “eco-friendly” (que lleva por ejemplo en el caso de la produccion agroecologica de fruta y verdura MUCHO más trabajo) tengan que cobrar más en comparación con lo “común” que no debería de existir en realidad. Pero hay todo un sistema detrás armado para que lo insalubre y contaminante sea lo “barato” y lo que realmente tendríamos que consumir todos sea más inaccesible. Conozco tambien productores y emprendimientos sustentables y debido a todo el orden social y economico tienen que cobrar más pues la produccion de materia ecologica es inferior a todo lo contaminante. saludos!!

  7. Me parece muy interesante tu artículo.

    Estoy muy de acuerdo contigo pero creo que también hay que enfatizar que más bien los sueldos en Mexico son los que tienen que mejorar.

    Yo vivo en Los Países Bajos y comparó mucho los precios de los productos de aquí con los de Mexico, me doy cuenta que casi son los mismos precios pero la sueldos son mucho más altos aquí que en Mexico y eso no está bien para nada, eso hace que exista tanta diferencia en las clases sociales.

  8. Saludos de otra nómada. Estoy de acuerdo en casi todo lo que dices excepto la parte en que repites ‘la mujer parece europea’, la persona de tez blanca, etc.. Porque asumes que las personas de tez blanca son más privilegiadas. Me imagino que en el caso del lugar de tu historia es así pero no es así en otras partes del mundo. En mi país por ejemplo, los habitantes de la provincia de Cartago son muy blancos, rubios, ojos claros y es gente muy pobre, son campesinos, agricultores, montaneses, gente muy humilde. Y en otras partes ves negros y gente trigueña que son multimillonarios. Lo mismo lo he visto en USA, gente blanca muy pobre y gente de otras razas muy rica.
    Por lo demás, es cierto se volvió una moda y un negocio entre la gente adinerada, el ride ‘eco-friendly’, como todas las modas uno puede odiarla o hacer algún negocio para sacarle provecho. Al menos es una moda sana. A los ricos en vez de odiarlos y estresarnos por sus vidas sin sentido, podemos mejor pensar en que venderles.
    Y para seguir un estilo de vida eco pero barato, siempre podemos sembrar si tenemos algo d tierra o sino comprar en la feria del agricultor normal del pueblo.

  9. He llevado este estilo de vida ecológico ya varios meses, y tienes mucha razón en la cuestión de que lo que te venden en estas tiendas super en precio a lo que encuentras en un walmart.
    Sin embargo también se puede llevar este estilo de vida sin tanto presupuesto y sin comprar “orgánicos” (no hay nada de malo en un GMO, eso lo debe entender la gente).
    Ir al mercado, a la central de abastos o hasta la Frutería de la esquina con tus bolsas de tela, no embolsar nada en plástico ahí es muy sencillo. Comprar la carne, pescado y pollo en tuppers, llevar una beeswrap para comprar el queso y jamón con la despachadora e ir a refillear tus detergente (cuesta lo mismo que comprar uno nuevo con envase de plástico)son pequeños cambios que requieren mas esfuerzo que dinero.
    Con estos cambios eliminas un 50% de la basura que generas o más .
    Aprender a compostear tus residuos orgánicos es también cuestión de tiempo y esfuerzo más que de dinero.
    No hay excusas para esto, es más la flojera de no cargar con un tupper o una bolsa de tela.
    Ser zero waste no es caro, solo requiere esfuerzo y tiempo, esto es lo que muchos no están dispuestos a dar…

  10. Vaya panda de primaveras. Unos pretendiendo curar un cáncer congénito que esta extendido por el 100% de la sociedad de la única forma que saben hacer las cosas (a golpe de talonario) y otros que vuelven a descubrir por enésima vez que en este mundo solo unos pocos privilegiados viven mientras que la inmensa mayoría nos conformamos con sobrevivir.
    Podría resultar hasta cómico si no fuera por lo triste que resulta viéndolo en conjunto.

  11. Excelente reflexión, coincido en casi todo. Felicitaciones por exponer este tema. Ni prestes atención a la gente que te critica diciendo “los millennials descubriendo la discriminación o bla bla”. El punto es poner sobre la mesa de debate temas que están a la vista de todos pero que pocos quieren ver. Tenemos tanto como humanidad para mejorar, para hacer más y criticar menos, para ponernos en los zapatos del otro y respetar el proceso y decisiones de cada uno. Saludos

  12. Un buen análisis, muchas cosas “ecologicas” y naturales son de muy altos precios aqui en Oaxaca; sobre todo si reflexionamos que quienes lo promueven(y se agradece) también se manifiestan por volver a lo natural y a consumir lo local; sin embargo lo encarecen a tal grado que resulta inalcanzable para los “locales”.
    Gracias por la nota.