Por Gerardo Novelo

Ilustración de Rubén Cabrera

Cuando le criticaron a Scarlett Johansson su participación en Rub & Tug —en donde interpretaría a Dante Gill, un hombre trans— ella respondió que mejor dirigieran sus críticas a las oficinas de Jeffrey Tambor y Jared Leto. Ambos actores cisgénero fueron galardonados por interpretar a mujeres trans en Transparent y Dallas Buyer’s Club. O sea: “no me vengan a decir nada, otros ya lo hicieron y ya les aplaudieron”.

Johansson eventualmente abandonó la biopic (dirigida, por cierto, por el mismo hombre que la rebautizó asiática para Ghost in the Shell), pero su irreverente postura dejó claro una cosa: no supo diferenciar la élite hollywoodense que celebró a Tambor y Leto de las y los transactivistas que cuestionaron el casting de los tres. Con la pinta inclusiva y friendly que tanto presume Hollywood, uno pensaría que habría menos choques entre un grupo y otro. Digo, a menos que uno se de cuenta que la pinta es solo eso y que han dado la espalda históricamente al talento trans.

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No se trata de actuación ni talento

Bueno, entonces: ¿pueden los actores cis interpretar roles trans? Pues de que pueden, pueden, ¿no? Ahí está, arriba del repertorio de argumentos para defender millonarios que nunca van a pelar tu existencia: la actuación es encarnar a alguien que no eres, así que es ridículo exigirle a alguien que sea como el personaje que interpreta.
Pero no se trata de eso. Nunca ha sido sobre eso. Y creo que dirigir la discusión hacia ahí no solo es inútil, también es un acto de deshonestidad intelectual que deliberadamente ignora el contexto.

No se hagan a los tontos. Las razones son mucho más obvias y cínicas que simple talento. Es puro star power. Johansson ya se veía con estatuilla de oro en mano dando entrevistas sobre su poderosa transformación física, a la Eddie Redmayne en The Danish Girl.

El debate nunca fue “‘¿tiene Scarlett las habilidad para actuar de Dante Gill?” Nadie estaba argumentando que necesitaba una experiencia particular para darle vida al guion. Se trata de las nulas oportunidades que la industria del cine ofrece a personas trans en comparación a las historias trans que cuenta. No es un dilema de talento, es de ética y representación.

Por cierto, sus chistes de “pero Cumberbatch interpretó a Smaug sin ser dragón” no dan risa. Delata mucho que vean a las personas trans como seres fantásticos e irreales como un reptil gigante escupe-fuego.

Prejuicios y privilegios

Hollywood, como el liberalismo gringo en general, opera bajo una fachada de meritocracia. “¿Qué tiene de malo si fue realmente el mejor actor que audicionó?”, se ha usado para justificar tanto este problema como tantos otros de representación (que también se pueden leer en clave para este artículo).

La cosa es que con estas producciones, “el mejor actor” casi exclusivamente termina siendo un intérprete cisgénero. El mundo no es una burbuja donde el esfuerzo y talento son proporcionalmente recompensados: en Hollywood toman precedencia la fama y, sí, el privilegio.

Tal vez —y este es un tal vez muy hipotético— esto no sería problema si los intérpretes LGBTTTIQ+ pudiesen tener las mismas oportunidades en la industria. Pero ese no es el caso. “Si todas las cosas fuesen iguales, entonces todos podrían interpretar todos los personajes”, dice Laverne Cox, actriz de Orange is the New Black. “Pero no todas las cosas son iguales”.

De por sí los únicos roles a los que pueden aspirar los y las intérpretes trans son de personajes trans. No cualquier personaje trans, además: usualmente solo aquellos cuya identidad o arco dependa de que sea trans, nunca uno que simplemente sea trans sin que sea la razón de su ser (¿existen de esos en Hollywood, siquiera?). Y eso si no se los gana la carita bonita cis del momento.

Rub & Tug. Transparent. Dallas Buyer’s Club. Boys Don’t Cry. 3 Generations. The Danish Girl. Anything. Transamerica. Por cada Lavarne Cox, hay docenas como Jared Leto.

Los actores y actrices cis pueden aspirar a interpretar todo tipo de roles. Eso no significa que automáticamente se los entreguen en bandeja de plata, pero la maquinaria de Hollywood sí les abre las puertas a un abanico mucho más completo que a los intérpretes trans. Y eso no tiene otro nombre más que privilegio.

Chance la solución a eso no sería cerrar las puertas cis, sino quitarle el candado a las de las personas trans, y que cada quien interprete conforme sus habilidades le permitan. Pero ese es un mundo un poco muy utópico y ciego al contexto en que vivimos. Y en la práctica, sin hacer un esfuerzo por antes reconocer los prejuicios que existen, al aplicar eso terminaríamos con exactamente lo mismo que ya tenemos.

Por el momento y por cómo están las cosas, los intérpretes cis, sobre todo los famosos con poder de negociación, deberían tener la consciencia de rechazar estos roles. Si lo que quieren con sus películas es “visibilizar” las problemáticas de las personas trans —como tanto presumen cada vez que encarnan una— podrían, no sé, usar su poder y dinero para darle voz a personas trans de la vida real. Suena a una forma más productiva de llevar a cabo lo que dicen.

Hablando de compromiso con la sociedad: a una audiencia en general ignorante sobre las T de LGBTTTIQ+, ¿qué mensaje les están dando, más que reforzar el peligroso prejuicio de que una mujer transgénero es solo un hombre con falda?

Hollywood: mesianismo e hipocresía

A Hollywood le encanta celebrarse como el gran salvador que viene a proteger a las minorías oprimidas. Y con “proteger”, claro, me refiero a lucrar con sus historias mientras les niegan espacios.

Aquí está el núcleo del problema, esencialmente: la hipocresía hollywoodense de explotar una fachada de progresismo a la vez que hace a un lado a las personas que dice celebrar. Sus historias no son más que eso mismo: historias. Ven a las personas trans como una oportunidad de guion recauda-oscars y para buenas relaciones públicas, y hasta ahí.

Ya de por sí las personas trans la tienen difícil haciéndola en la actuación. Ha de ser horrible que los mismos que te niegan roles se den la vuelta y se auto-celebren por “retratar” historias como la tuya.

Si a Hollywood le importasen las personas trans tanto como dicen cuando aceptan sus estatuillas y dan sus entrevistas, se podrían enfocar mejor en darles roles. Se podrían enfocar en quitarles las trabas que ellos mismos impusieron.

Jeffrey Tambor recibió su Emmy por Transparent diciendo que debería ser el último actor cis premiado por interpretar un rol trans. Qué agradable de tu parte tomar postura tan noble después de que te premien, Jeffrey.
¿Y qué culpa se traen los productores de querer una cara famosa para promocionar su película? Es que hay pocas personas trans famosas. ¿Y qué culpa se tienen de recurrir a actores cis? Es que hay pocos intérpretes trans buscando roles. Digo, no es como si estuviese en su poder crear espacios para promover a esos mismos actores y actrices, ¿o sí?

Tal vez estoy siendo demasiado cínico. Tal vez los productores que ponen en marcha estas historias y los actores que las encarnan sí tienen un genuino compromiso con la comunidad trans. Tal vez están haciendo su mejor esfuerzo y simplemente son torpes en la ejecución. Pero por el poder e influencia que tienen sobre el sistema, no creo que puedan darse ese lujo.

El cine independiente como activismo

El cine independiente es una cosa muy diferente a las macroproducciones de la industria. Su función no es lucrar, por lo menos no de la misma forma que Hollywood. Pero tiene la misma chispa activista que Hollywood dice tener y —esperaría yo— la abandera con más autenticidad.

Hablé con cineastas locales que han trabajado obras de materia LGBTTTIQ+ y concuerdan: ven su cine como activismo para representar a la comunidad. Al fin, la lógica es la misma: si tu cine es verdaderamente activista, y tu fin último es crear un impacto, entonces deberían tomar prioridad los actores y actrices de tu comunidad.

Y si tu objetivo es batallar la transfobia y estás en una posición privilegiada para hacerlo (como, digamos, produciendo o estando a cargo de una audición), pues ahí mismo tienes la oportunidad de luchar contra la discriminación. El impacto será mucho mayor cuando tratas con personas reales antes que con personajes.

Está un poco difícil hablarle a los productores de Hollywood y que me pelen, así que me dirijo a los cineastas y consumidores locales: hagan un esfuerzo consciente por apreciar el talento de las personas trans, especialmente los creadores y las creadoras que cuentan e interpretan sus propias historias.

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