Por: Nery Chi

Ilustración de Luis Cruces Gómez

Dan las 10 de la mañana y me encuentro en las puertas del Centro Cultural El Colibrí. Es un espacio que abrió en 2016 y donde se presentan exposiciones de artes plásticas, teatro, presentaciones de libros, música, entre otras cosas. Está a media remodelación, así que un trabajador me abre la puerta y entro a esperar a mi entrevistado. A los pocos minutos, llega disculpándose por el retraso y enseguida pasamos a sentarnos frente a frente en la sala junto al patio.

Se trata de Don Elmer Madera, de 62 años. Se dedica a la ingeniería electrónica, reparando cajeros automáticos. Lleva trabajando en El Colibrí por 4 años, siendo esta su entrada al mundo de los eventos culturales. Tiene el rostro amable y, con una sonrisa nerviosa, me pregunta cómo puede ayudarme. Al principio, se disculpa de nuevo porque dice no ser muy conocedor de algún tipo de arte. Pero se muestra abierto a la entrevista. Empezó ayudando en el centro cultural cuando se enfermó la propietaria, y desde entonces hace de todo: plomería, electricidad, mueve muebles, lo que El Colibrí necesite. Pasó de no tener contacto alguno con el ambiente cultural a presenciar eventos de todo tipo, desde rock pesado hasta lecturas de poesía

Trabajar en El Colibrí le ha traído muchas experiencias y aprendizajes. Hasta ahora ha logrado superar cada obstáculo y manejar las situaciones difíciles con calma. También aprendió a reconocer a las personas. Don Elmer asegura que todos tienen algo que los identifica y sabe reconocer quién es el líder. 

Cuando veo problemas, me dirijo a la cabeza (del grupo), le digo que se tranquilicen, o la cosa se puede salir de control. ¿Le gusta estar acá? Pues hay que conservarlo.

Un punto importante es cuando platica acerca de romper estigmas sobre cosas comunes, como las apariencias. Menciona haber escuchado que tachan a la gente de inculta o mala por su modo de vestir, pero ha visto que no es así. Según él, a pesar de que te digan que no juzgues a un libro por su portada, lo seguimos haciendo.

He aprendido a analizar las cosas, los muchachos me asombran. Hay eventos donde vienen a escuchar jazz o algo así. Desgraciadamente ves que están marcados los estatus sociales, viene gente bien vestida, de una educación supuestamente mejor. Se van y me dejan sillas, me dejan bolsas de Sabritas tiradas, botellas de refresco o envases por ahí. No recogen absolutamente nada. Y chavos que son tipo banda, que los ves tatuados o piensas que son maleducados, son los que me preguntan: ¿qué necesita, don Elmer? Ponen sillas, acomodan, me preguntan si necesito algo más.

A don Elmer le ha tocado chutarse todo en El Colibrí y eso le ha ayudado a ampliar sus elecciones de diversión y conocer nuevas estéticas. 

Me ha ayudado a abrirme, porque si no siempre vas a ver lo mismo, siempre tus gustos. Para poder apreciar y agarrar el gusto, tienes que entenderlas. Hasta el hip hop, sus letras son de lo que viven los muchachos en el mundo y tienen razón.

Y con ello, Don Elmer concluye que hay que darse la oportunidad de conocer otras expresiones artísticas, aunque también sabe que es un poco difícil. 

Estamos muy estigmatizados respecto al tipo de música, a la literatura. Somos muy cerrados a nuevas oportunidades, pero es por naturaleza, somos así. Yo obtuve la fortuna porque estoy aquí, pero lo que recomendaría es darse la oportunidad de un día entrar a algo que nunca quisieras hacer. Hazlo.

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