jueves, septiembre 24, 2020

Somos los mexicanos de Europa: Paolo Pastorini

Por: Katia Rejón

Ilustración de Jennifer Galeana

La primera vez que vi a Paolo, tenía una camisa de vestir y estaba en la puerta del restaurante La Bella Roma prometiéndonos que la mesa estaría lista en un segundo. Cada jueves, viernes y sábado el sitio se llena por sus famosos conciertos de ópera cantada por italianos profesionales, y quienes llegamos sin reservación esperamos que alguna mesa se desocupe pronto. 

Es impreciso, pero la ópera suele remitirse a los cantos carnavalescos italianos del siglo XIV y la primera pieza que se consideró una ópera fue Dafne de Jacopo Peri, compositor italiano. Así que además de la pizza, la pasta y la decoración veneciana a dos pasos de parecer navideña, en La Bella Roma hay una familia italiana que canta Tanti auguri a te si cumples años.

En el backstage, a tres horas de abrir, Paolo accede a la entrevista tratando de disimular que está muy atareado. Lleva once años viviendo en Yucatán, tenía 23 cuando llegó junto con 16 miembros de su familia a una ciudad veinte grados más caliente que Roma

—Acá vivía un tío de la familia, había estado en Cancún, Veracruz, en esto de los hoteles y restaurantes. El cantante, de hecho. Como nosotros somos de la chamba, en lugar de trabajar allá, vinimos a trabajar a México para cambiar de vida. 

Hasta entonces vivió en Roma, pero el resto de la familia viene de varios lugares de Italia. Dice que los mexicanos y los italianos tienen muchas similitudes, no tanto como los yucatecos y los italianos

—Okay, con los yucatecos ahí encontramos más diferencias. Son de corazón, etshétera*, pero viajando por la República me di cuenta de que sí somos más parecidos a los mexicanos. Los italianos somos los mexicanos de Europa.

Para levantar este espacio cálido, de manteles de cuadritos blancos y rojos, y luces amarillas, tardaron un año. Después del éxito, ampliaron el salón para que cupieran más mesas. 

La idea era abrir algo para llevar, para cambiar de vida. En Italia eres como una hormiga: despertar, trabajar, volver, tráfico. Un poco como el D.F. (CDMX), pero es más tranquilo acá cerca del Caribe. Pero [después de abrir] nos dejamos agarrar de la onda. Gustó muchísimo la música, el hecho de que seamos una familia y que trabajamos para ustedes

Le pregunto si es común en Italia mudarse en grupo, con la familia. Dice que no, no es común. Ellos lo hicieron porque su tío es muy querido por todos y saben que tiene facilidad para moverse. Llegaron a México sin hablar español, no por una crisis ni porque les fuera mal, sino solo así: por cambiar vida

En el escenario de La Bella Roma está lo mejor de Europa en Mérida. Son tres cantantes que interpretan ‘O sole mio, una canción que en cualquier otra voz parecería una imitación o un cliché, pero en este castillito italiano todo es genuino. En las paredes de ladrillo hay cuadros de la comedia Toto, Fabrizi e i giovani d’oggi, y cerveza artesanal. 

—Allora, primero piensan que hablamos con gestos y con las manos. Es muy cierto, pero creen que éste [hace una concha con la mano y la acerca a la boca] es para todo.

Los prejuicios son nociones inmutables, aprendidas y tan internalizadas que nadie se salva de ellas. Cuando Paolo hace el gesto italiano más reproducido en películas y comerciales, no puedo evitar pensar: Mamma mía. Pero me saca del tremendo error al decirme que sólo significa qué onda o qué pedo. 

—La mafia, también piensan en eso. O no conocen mucha de nuestra comida, piensan que solo es pizza o pasta, pero hay mucho más. Pero es normal.

Antes de la entrevista, desde la recepción oí a un pequeño hablar con su mamá en italiano. Se me ocurre entonces preguntar cómo viven sus hijos en esta tierra caliente y plana

Les hablamos italiano, de los lugares donde nacimos pero ellos son mexicanos. Fueron a Roma alguna vez pero tenían como seis meses.

La familia de Paolo no es la única que ha llegado a Yucatán. En el 2012 un grupo de italianos llegó a la comunidad de Xul, al sur del estado, para construir una fortaleza de 800 hectáreas llamada Las Águilas. De acuerdo con medios locales y nacionales, el sitio tiene o tenía bodegas de alimentos, instalaciones de energía solar, una laguna y área de cultivo. Mucha gente relacionó la mini ciudad equipada para el fin del mundo y por la coincidencia en la fecha de la llegada de la familia de Paolo y de Las Águilas, pensaban que eran los mismos.

—No sé si escuchaste de Las Águilas. Realmente es un spa y algunos son amigos nuestros. Pensaban que éramos una secta, nos daba mucha risa y fue bastante divertido. Salió en los periódicos. La gente venía a preguntarnos por cosas de alienígenas.

También hay otros italianos que llegaron por su parte y están casados con mexicanas y mexicanos. Paolo dice que sí existe una comunidad de italianos

Si en Roma lo que no le gustaba era el ritmo de vida que define con el dicho italiano Mors tua, vita mea (muerte tuya, vida mía); en Mérida, es el calor y que no haya un paisaje tan variado como en otras partes del país.

Con todo, ya se siente parte de este país. En la política y economía, dice:

Nosotros ganamos en pesos, no tenemos un banco europeo que nos esté dando dinero. Si les va mal a ustedes, nos va mal a nosotros.

Paolo se fue a trabajar, era todavía muy temprano pero en la cocina la gente preparaba todo antes de abrir. Los italianos, apunté en mi libreta, tienen una fuerte influencia del catolicismo, cantan cuando están felices, tienen una pésima educación vial y de las mejores comidas del mundo. Los mexicanos, casi como dice Paolo, son los italianos de América. O al revés.

*Etcétera.

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