jueves, mayo 26, 2022

¿Qué ven nuestras mamás en Facebook?

Por Yobaín Vázquez

Cuando mi mamá pidió que le creáramos un face (sic) fue porque una amiga le quería compartir videos por esa red social. Mi señora madre había jurado nunca tener una página de esas, se declaraba enemiga de la modernidad y muy apenas le estaba agarrando gusto al WhatsApp.

Hoy en día es difícil verla fuera de su teléfono —ni las telenovelas logran captar su atención totalmente— viendo videos de novelas cortas con actores que tienen acento de Ecuador o Perú, indagando cuánto cuesta una flor del desierto en Marketplace o conectándose todos los viernes al en vivo de Kalika, el negocio de una señora que vende variedades desde su casa y que para apartar los productos debe poner la clave que la señora diga en ese momento.

No es mi madre la única que ha caído en las garras de la red social creada por Mark Zuckerberg. De acuerdo con un estudio de Hootsuite de 2022, el 5.8% de mujeres mexicanas con acceso a internet, de entre 45 a 54 años, usan redes sociales; y un 3.0% son de entre 55 a 64 años. Estos son los rangos de edad de lo que podría considerarse “las mamás” o “las tías” que usan Facebook. No es que no existan mamás de otras edades, pero aquí me referiré a aquellas que por brecha generacional no estaban habituadas a usar redes sociales ni usar smartphones.

El mundo digital que se les abrió a nuestras mamás es infinito, desde su perfil pueden acceder a noticias, recetas, videos de tejido, cadenas de oración, venta de productos, páginas y páginas con los intereses más variados. Pero no sólo el mundo digital se les abrió a nuestras madres, sino que nuestras madres se abrieron a este mundo digital. Hoy podemos conocerlas mejor viendo atentamente qué memes comparten o cómo interactúan con sus artistas preferidos.

Ya que tengo muy bien estudiada a mi propia madre, tanto o mejor que un algoritmo, quise saber qué ven otras mamás en Facebook. Para ello conversé con tres facebookeras de hueso colorado: las señoras Nery, Laura y Adriana; todas ellas progenitoras de algunas de nuestras colaboradoras de Memorias de Nómada.

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Ya desde 2014 se alertaba sobre el cambio demográfico en la plataforma de Facebook, que se consideraba hasta entonces exclusiva para jóvenes y adolescentes. De acuerdo con un estudio del Centro de Investigaciones Pew, “al menos 45% de los usuarios de internet con más de 65 años tenía un perfil en la red social”. No obstante, la incursión de los adultos —no sólo los de más de 65 años— es progresiva y lenta.

La señora Nery no hace mucho que tiene su perfil de Facebook, hace apenas cuatro años, y ello gracias a que su trabajo le permitió un poco más de tiempo. Lo mismo pasa con la señora Laura, que cuenta con su página aproximadamente cinco o seis años atrás. Caso contrario el de la señora Adriana, que fue pionera de los adultos en tierra digital de jóvenes, pues ya desde 2012 estaba presente en las redes sociales.

Tanto la señora Laura como la señora Adriana emplean sus perfiles de Facebook como una herramienta de trabajo. Eso se refleja en las horas que pasan revisando su muro, entre siete y diez horas al día, no consecutivas, sino por ratos en la mañana, tarde y noche, como bien lo menciona la señora Laura:

—Sí lo utilizo bastantito, me muevo para investigar acerca de lo que me dedico y aparte aprendo a cómo desarrollar mis ventas, a cómo poder seguir contactando personas a través de Facebook.

Pero no sólo están allí por trabajo, también lo usan de manera recreativa porque Facebook es, ante todo, un gran escaparate para todo tipo de ociosidades. La señora Nery es la que menos usa su red social, con apenas tres horas al día, no consecutivas. Sus actividades no se diferencian mucho de lo que hace cualquier persona en su vida diaria:

—Lo uso solo para diversión: veo memes, videítos, comparto una que otra foto, pero por mi trabajo no lo necesito tanto.

Con este primer acercamiento vemos que las mamás han sabido entender que Facebook no solo es un medio en el que reciben información pasivamente, sino también están ahí sólo para ver memes, pues esta red social puede ser un refugio para desestresarse.

Likes, me encanta y me importa

Una de las cosas más bizarras que le gusta ver a mi mamá son aquellos videos donde una persona se prepara comida y come mientras habla de cualquier cosa. Es parecido a los mukbangs, pero sin esa intención.

Empezó viendo a mujeres asiáticas menuditas que se llenaban la boca con grandes trozos de carne o desaparecían enormes tazones de fideos. Le daba asco, pero los miraba hasta el final. Después encontró a una tal Estrellita, que su única gracia es prepararse café y tomarlo con pan. Ahora se entretiene con una persona queer llamada Hi Hi Hillary que hace más o menos lo mismo.

En gustos, Facebook rompe todo tipo de convencionalidades. O puede ser que reafirme lo que ya era del agrado personal. La señora Adriana, por ejemplo, va de lo tierno a lo práctico:

—La verdad me encantan los videos de los gatitos, me he vuelto fanática de los gatitos, de los perritos, sí me quedo mucho tiempo ahí. Me encanta ver las ventas de bolsas zapatos, ropa de gimnasio, ropa de salir.

La señora Laura también se decanta por la comida, pero no en esos videos grotescos que ve mi madre, sino en aquellos que le enseñen cómo aprender a comer de mejor manera. Sabiéndolo usar, Facebook puede ser pedagógico para las mamás. La señora Laura también escucha espacios de inspiración para mujeres y, al igual que las otras dos madres entrevistadas, se declara fan de Memorias de Nómada.

Pero incluso cuando la señora Laura revela su gusto por ver tiktoks de Erika Buenfil o de Niurka Marcos, tiene algo que puede aprovechar para mejorar como persona:

—Los veo mucho porque me encanta aprender cómo se desenvuelven y es algo en lo que me ha costado trabajo y quiero aprender a hacerlo.

Ahora hay que ser honestos, quien no haya sentido morbo de presenciar una pelea en Facebook, que lance la primera piedra. Hay algo de emocionante ver el ingenio y la toxicidad de otras personas para salirse con la suya. La señora Adriana ríe al admitirlo:

—Algunos chismecillos que veo ahí, me muero de risa aunque yo no opine, me divierte ver cómo a veces la gente se pelea por algo que ponen.

Facebook tiene la virtud tanto de separar a la gente como de unirla. Con los en vivos se puede acceder a fiestas y reuniones, bailes y conferencias; una vez mi madre estuvo viendo un funeral transmitido desde el velatorio hasta el panteón. Casi cualquier evento social y cultural puede ser visto en pantalla en tiempo real o quedar guardado para la posteridad.

La señora Nery aprovecha esto, ya que es una fanática del folclor:

—Yo estoy en una asociación de maestros de danza, entonces cuando salen a todos lados y por alguna razón no me toca ir con ellos, me conecta a los eventos de danza que transmiten en vivo o grabaciones anteriores, por ejemplo, el ballet folclórico del estado.

Facebook permite que nuestras madres se sientan más acompañadas en sus gustos y hobbies. Lo que antes veían en la tele o en revistas de chismes, ahora lo tienen al alcance de un click. Cuando le pregunto a la señora Nery si también sigue a sus artistas favoritos, contesta haciendo evidente que son algo más que “sus artistas favoritos”. ¿A quién sigue, entonces, la señora Nery?

—A los dos papás de mis hijas, Ricardo Montaner y Tom Cruise, sí los sigo, cómo no.

Me enoja, me entristece

Como todos sabemos, las redes sociales pueden potenciar cosas negativas. Aún manteniendo un estricto control sobre las personas que aceptamos como amigos, no es un espacio completamente seguro. Las mamás pueden ser especialmente vulnerables si no tienen conocimiento de los peligros de Facebook: desde estafas hasta trolls. La señora Laura se ha blindado lo más que puede:

—Precisamente en cuestión de peleas, que ponen, como ejemplo, tipo burla o bulling, esas cosas no me gustan. De hecho ni las miro, y la verdad es que no entiendo ni por qué salen, mejor las cambio y le sigo a otras cosas que me hagan sentir bien.

Tampoco hay que pecar de inocentes, las propias mamás y gente mayor en general pueden contribuir a que las redes sociales sean un tanto hostiles. Sobre todo aquellas que, amparadas en sus creencias religiosas o partidistas, se creen con el derecho de opinar agresivamente sobre minorías o temas que desconocen. No por nada se ha popularizado el término: “ya siéntese, señora (o señor)”, como una forma irónica de contrarrestar su falta de sensibilidad.

Pero las mamás que entrevistamos aquí son respetuosas, a ellas no les podemos decir que se sienten, sino todo lo contrario, que se levanten porque demuestran su interés por hacer de Facebook un lugar más habitable. La señora Adriana es una clara muestra de ello:

—Sigo una página especial que dice: chicas de moda. Ahí sacan, por ejemplo, salen mujeres con sus atuendos y dicen: ¿qué tal me veo?, dame tu opinión. Sí me molesta porque hay gente transfóbica que, por ejemplo, a veces salen mujeres trans muy bonitas, y la gente las ofende, eso sí me da mucho coraje. Las que estamos en ese grupo, muchas veces hacemos que saquen a ese tipo de personas, porque yo considero que no debemos estar ofendiendo a nadie, esas cosas transfóbicas sí me molestan.

Verdaderamente, necesitamos más madres apoyando a las identidades trans y, en general, poner un alto a todo aquello que vulnere a grupos históricamente excluidos. Este es un llamado de atención a bullies y gente tóxica, puede venir una mamá y ponerte en tu lugar con un chancletazo digital.

Solicitud de amistad

Según algunos especialistas en tecnología, los jóvenes y adolescentes migrarán por completo de Facebook, agobiados por estar bajo la mirada atenta de los adultos. Gabriela Warkentin opinaba en 2014 en su artículo “Mamá, salte de mi Facebook”, que “expulsados por la presencia de los adultos (padres, tíos, abuelos, profesores) y “acosados” por las “solicitudes de amistad transgeneracional”, los más jóvenes han decidido hacer… lo que siempre han hecho: darle la espalda al mundo adulto”.

Lo cierto es que, de hecho, hay una convivencia pacífica de los más jóvenes con los adultos. También es cierto que en tanto los mayores se ponen cómodos en Facebook, los más jóvenes buscan alternativas y dejan esa red social como uso familiar. Nunca faltan los elogios y las muestras afectivas por parte de las madres y esto, si bien es un tanto cursi, también es una forma de apoyo y soporte en un medio que a veces puede ser brutal.

La señora Laura rebosa de amor cuando habla de su retoño:

—Ella y yo frecuentemente tenemos interacción en Facebook, la saludo, aunque diario nos vemos en casa. Para mí, como madre, creo que nunca es suficiente tener un momento con ella o verla. La admiro muchísimo, soy su admiradora, le digo: estoy emocionadísima porque soy tu fan. Y a veces no entiendo nada, y cuando llega le pregunto, le mando un muñequito y me equivoco. Le digo algún comentario y digo la regué, pero bueno, ahí estoy con ella.

Ejercer la maternidad en una red social implica por un lado el cariño, pero también el tener un registro —casi hora por hora— de las actividades de les hijes. Por eso es que existen esos memes de: lo que subo en face / lo que subo en twitter, porque si en una red postean fotos en la playa, en otra postean la salida a los antros. Sea engaño o no, las mamás siempre van a estar pendientes, acompañándonos en cada publicación. Así lo define la señora Adriana:

—Me encanta requete chulear a mis hijas cuando suben fotos, cuando suben sus logros, soy la primera, su papá y yo, en aplaudirles, en decirles que están divinas. Me encanta que los amigos, las amigas, suban fotos de dónde están paseando, es como que nos están llevando con ellos y conocer otros lugares.

Sin embargo, las mamás no están allí solo para sus hijes. También han encontrado una manera efectiva de dar con sus amistades del pasado y con familiares que viven lejos. Facebook acorta las distancias y facilita retomar antiguas relaciones. Incluso cuando el contacto personal es mínimo, un video gracioso puede romper el hielo o generar interacciones. La señora Laura tiene la posibilidad de platicar con su familia de Veracruz, de Tijuana y hasta con un hermano que vive en Estados Unidos.

Sería demasiado idealizar a Facebook como una herramienta que fomenta la unión familiar, pero al menos existen aspectos positivos que las mamás aprovechan. Tener un perfil de Facebook bien vale que los bots rusos nos roben datos, si con ello garantizamos un par de risas y convivencia con los que están lejos. Sólo hace falta escuchar a la señora Nery para confirmar:

—A mis hijas les sigo comentando y mueren de risa, a mis primas, a mis tíos, sí, yo soy muy de comentar cada bobera que subimos y somos muy necios, en el buen sentido, de que nos morimos de risa por todo.


Cerrar sesión

Nuestras madres han aceptado el uso de redes sociales y lo han adaptado a su vida de forma distinta a como lo hacen las personas más jóvenes. Mientras un adolescente siente ansiedad por el excesivo control de la imagen en selfies, o está al pendiente de cada notificación que le aparece en pantalla, las mamás lo usan como un escape de sus tareas cotidianas. La señora Laura dice al respecto:

—No tengo televisión en la habitación, y el llegar a casa después de estar trabajando, todo el día prácticamente, pues es como mi relax.

Algunos beneficios de usar esta red social trascienden incluso lo meramente tecnológico. La señora Adriana menciona que gracias a Facebook su ortografía ha mejorado. Quizá esto se deba a las exigencias de comunicar mejor y con mayor claridad todo lo que se quiere decir. Pero no solo en esto se queda el aprendizaje: las mamás tuvieron que aprender a usar emojis y stickers, a riesgo de quedar obsoletas en una plataforma que obliga a comunicarse no solo con letras, sino con símbolos.

Facebook también les otorga el don de la ubicuidad, amplían sus márgenes geográficos y son capaces de enterarse de cosas que están más allá de nuestras fronteras. Las mamás no están a la deriva en internet, eligen sus propios caminos y rutas de acuerdo a sus intereses. Tomemos de ejemplo a la señora Nery:

—Me ha abierto la ventana a muchos lados, a una Guelaguetza, a una feria de San Marcos, a festivales de Venecia, que obviamente no es que estemos yendo cada rato y lo tengamos aquí enfrente, pero sí, en el tema cultura, me ha abierto mucho la opción.

Ya sea que las mamás tengan una presencia elocuente en redes, o simplemente miren, analicen e ignoren, han demostrado la enorme capacidad de adaptarse en medios que no fueron pensados para ellas. Estamos hablando de señoras que en los noventa quizá pensaban que los pokemones eran del diablo o creían que de tanto estar en el teléfono se nos iba a freír el cerebro. Ahora ellas han descubierto lo adictivo de las redes sociales, como la señora Laura:

—Me dan a veces hasta las doce de la noche y me paro a las cinco de la mañana, pero es que se me va el tiempo, no me doy cuenta.

Aunque puedan abochornarnos en algún momento, la presencia materna en Facebook las hace más cercanas, le agregan ternura a una red social conflictiva y, a veces, también nos regalan un poco de comedia involuntaria. Además, nuestras madres están dejando un registro de sus gustos y creencias, de opiniones y reflexiones, para cuando ya no estén aquí, podamos recurrir a ellas, por lo menos digitalmente.

Antes de cerrar sesión, quisiera recomendarles: si mi madre les envía sugerencia de amistad, por favor, no la agreguen.

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