sábado, julio 11, 2020

Leer, Escribir, Publicar: el derecho a la literatura en Yucatán

Por Nery Chi

Ilustración: Elo Draws

“Ya no hay escritores” fue la respuesta del guardia de la ex Escuela de Escritores de Yucatán “Leopoldo Peniche Vallado” al preguntar por los cursos presenciales. La escuela fue inaugurada el 14 de septiembre de 2010 bajo el gobierno de Ivonne Ortega, como muestra su placa conmemorativa. Según un boletín del Gobierno Federal, fue fundada “como una respuesta a la necesidad de desarrollar las vocaciones literarias de la población” y para que sus egresados “contribuyan con el acervo literario de la entidad”.

Sin embargo, su cierre no fue tan memorable ni protocolario como su fundación. Ni siquiera hay una fecha exacta de la clausura de actividades o alguna noticia que recogiera las razones. La última pista es una nota del Diario de Yucatán en mayo de 2018, en la cual se anuncia la apertura de cursos en línea y presenciales. Las clases iniciaron el 21 de ese mismo mes, pero las fechas de los cursos se estancaron, y la última presencia en redes sociales de la página de Facebook de la escuela fue en septiembre del 2019.

El 31 de octubre la Dirección de Desarrollo Artístico y Gestión Cultural de Sedeculta publicó una Mejora Regulatoria (simplificación de servicios e instituciones), en ella indicaba que los cursos de la Escuela de Escritores se ofrecerían a través del Centro de Apoyo a la Investigación Histórica y Literaria de Yucatán, y sería fusionado con los cursos en línea. El objetivo, dice el documento, era: evitar la duplicidad de contenidos y de programas, tanto entre los servicios de la Secretaría como en la escuela de Escritores administrada y operada por la Secretaría General de Educación.

La Escuela de Escritores “Leopoldo Peniche Vallado” estaba sostenida por un programa académico de 22 asignaturas que se cubrían en dos años, que llegó a tener más de 100 alumnos y más de cinco generaciones de egresados. El curso abordaba desde lo básico de la escritura creativa, filosofía y análisis literario hasta un último bloque sobre las áreas de oportunidad laboral: guiones de teatro, de televisión, cine y periodismo.

A la par de la oferta de largo aliento, durante la gestión de Ena Evia se realizaron talleres, laboratorios y actividades literarias de corto plazo, siendo una de ellas, por ejemplo, el taller de revistas de donde nació Memorias de Nómada.

Para esclarecer las razones del cierre de la escuela y ahondar las breves explicaciones oficiales, entrevistamos a la directora de Desarrollo Artístico y Gestión Cultural Ana Ceballos, y a Rosely Quijano, la jefa del Departamento de Fomento Literario y Promoción Editorial en Sedeculta. Ambas recalcaron la duplicidad y respondieron lo siguiente ante el cuestionamiento del cierre de la escuela:

—Tenía muchas carencias, es decir, que tenía un compromiso y un programa de acciones demasiado amplio, demasiado ambicioso. Pero la Secretaría no contaba en ese momento con los recursos para seguir manteniendo un espacio en las condiciones que se requiere. Cuando se cerraron las compañías de danza, cuando se cerraron algunos proyectos, fue siempre pensando en hacer eficientes los recursos y en buscar que las actividades que realmente fueran valiosas se conservaran o buscaran otros espacios.

Aclararon que la decisión del cierre fue sobre todo por insuficiencia presupuestaria para continuar con su mantenimiento. Pero que las acciones formativas de la Escuela de Escritores continúan realizándose en el centro de investigación y también en la biblioteca central Manuel Cepeda Peraza. 

La educación formal en la escritura

¿Pero qué tanto hace falta esta escuela o cuál es el papel de la capacitación formal para convertirse en escritor o escritora? En una entrevista con José Díaz, poeta y actual coordinador de la Escuela de Creación Literaria en Bellas Artes, mencionó que al ver el plan de estudios de dicha escuela, hace seis años, había muchas cosas fuera de lugar, como llevar una materia de experimentación literaria en primer semestre cuando no te han enseñado las bases para ello.

Aunque sigue habiendo opciones para estudiar y crear literatura, son muy pocas. Entrevistamos a la poeta Irma Torregrosa, quien es maestra en el Centro Estatal de Bellas Artes. Torregrosa mencionó lo que pasa con la escuela en Bellas Artes, que se encuentra justo a lado de lo que fue el edificio de la Escuela de Escritores:

De pronto llega gente a Bellas Artes preguntando por la Escuela de Escritores cuando es época de inscripciones en agosto y septiembre. Los guardias dicen que ya no existe. Pero existe la escuela de creación literaria, e irónicamente somos muy poco conocidos, cuando el programa que se tiene es formal, da un título al final de la formación.

Las instituciones para la educación formal en literatura o escritura creativa son buscadas no sólo por aquellos que quieren ser escritores, sino también por los que buscan acercarse a la literatura como lectores. Así como se necesita quien cree obras, se necesita gente que la analice, en palabras de Carlos Martín Briceño. 

El silencio después del cierre de la escuela aún no tiene justificación ni respuesta, pero así como para muchos es una preocupación, hay personas que no sabían de la existencia de la Escuela de Escritores, aunque llevaba casi 10 años abierta. Que no haya escuela, no significa que no haya escritores, como sugirió el guardia.

José Díaz afirma que una educación formal para escritores es necesaria y ya debería estar en otra instancia de licenciatura o incluso de maestría:

—Debemos tener un adecuado balance entre teoría y práctica, y por otro lado es absolutamente necesario desarrollar cultura literaria. Muchas veces la gente sigue pensando que no debe someterse a un proceso de aprendizaje, ya sea formal o informal. Creemos demasiado en la inspiración y seguimos partiendo de una serie de equívocos. Siempre es el mismo problema, el desconocimiento total de fundamentos técnicos. Una gramática muy errática y en otros más, una falta de cultura literaria mucho más sólidas.

Las políticas culturales literarias de Yucatán, el futuro del estado

Rosely Quijano mencionó que, en relación con otros estados, Yucatán siempre ha mantenido una actividad literaria muy fuerte y con una presencia importante de actividades para impulsar la creación de escritores. Opinó que gracias a las redes sociales, las convocatorias se pueden difundir más que antes. Sin embargo, Irma Torregrosa piensa que las actividades de literatura son muy pocas en comparación con los eventos de música, teatro o danza.

—Creo que esos apoyos necesitan democratizarse más y sobre todo divulgarse. Permitir que otras personas puedan acceder a ellos, dice la escritora.

Ana Ceballos mencionó que la política literaria es amplia. Siguen un trabajo estatal, pero están vinculados con la federación, cuya administración, dijo, cambió mucho desde que entraron en el 2018. Ha tocado hacer un proceso de reajuste y readaptación de programas como, por ejemplo, las salas de lectura.

Además, están en acciones para trabajar en las casas de cultura de municipios del interior del estado, pues no en todos hay una. Explicó que hay una motivación importante en seguir explorando otras vías de financiamiento para que las políticas continúen. Poder realizar talleres, que existan más publicaciones, continuar el trabajo del año pasado en publicaciones en lengua maya, por ejemplo.

Rosely Quijano complementó el argumento al decir que tanto escritores como lectores son parte importante en el trabajo en la Secretaría. Brindan espacios para eventos a aquellos que se acercan con propuestas, publicaciones. Y aunque afirmó que el departamento le brinda espacios a los escritores para eventos, para algunos escritores entrevistados esto no es tan fácil. Los espacios están pero los ánimos para que los lectores o escritores asistan, no siempre. 

En ese punto, Martín Briceño deja entrever, quizás, las razones por las cuales las opiniones de los escritores y los funcionarios son opuestas:

—México es un país contradictorio en el tema cultural, porque aunque existen apoyos, al mismo tiempo no existen caminos. Entonces, yo creo que el país tiene políticas muy interesantes para la cultura, pero poco efectivas para hacerlas formales. Estamos en un país donde nos enorgullecemos de apoyar a nuestros intelectuales, pero al momento en que hay que materializar los trabajos, se vuelve responsabilidad del artista.

Conforme a ello, Sedeculta mencionó que vislumbra la oportunidad de explotar vías para hacer visibles las casas editoriales. Pues aunque Yucatán sea una región que da grandes escritores, no existe presencia de editoriales independientes.

Ana Ceballos opina sobre eso que:

Yucatán también puede ser un polo donde se editen libros, y también pueden surgir casas editoriales. Que sean el polo o hagan una diferenciación con otros estados que ya tienen proyectos similares. Las industrias culturales y creativas en torno del libro y de la editorial no son nuevas, no estamos descubriendo el hilo negro, sino que estamos añadiéndonos a todos los procesos que la UNESCO ya establece con relación al libro y su comercialización. Yo creo que son mejores tiempos para que Sedeculta se sume a esas políticas.

Sin duda, no hay mejor tiempo que la pausa para repensar las políticas culturales que pueden fortalecer al estado en relación a la literatura. Tanto lectores, editores como escritores están esperando un trabajo articulado y un panorama más favorecedor para desarrollar su labor sin tener que irse de Yucatán.

Mientras todo esto sucede, los escritores buscan publicarse en otros estados, o financiamiento en donde puedan aceptarlos. Incluso hay quienes dejan de escribir porque no les dan la oportunidad y se dedican de entero o parcialmente a la docencia. Pero al final del día, ¿dónde están todos los escritores? ¿Saben cuáles son las políticas culturales que Sedeculta les ofrece o piensan que tienen que hacerlo todo por ellos mismos?

Las alternativas están ahí y hacer uso de ellas o conocerlas es necesario para exigir una mejor calidad en la formación o infraestructura. Así como hay quienes piensan que no se puede vivir de la escritura, con la formación adecuada y el talento, hay quienes demuestran todo lo contrario. Ya sea escribiendo, analizando textos o en la docencia, los escritores no han desaparecido como la escuela.

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