viernes, enero 21, 2022

Hollywood, ni Hulk ni Ángel de Charlie

A mi maestro de Teorías Culturales, Martín Echeverría

Alguna vez escribí en un ensayo escolar que Hollywood era “el órgano que bombeaba la ideología americana a todo el cuerpo Occidental”, sin embargo, el fenómeno de Bollywood, la programación acaparadora de las telenovelas en Latinoamérica, y los estudios de Lozano hicieron que modificara mi opinión sobre este monstruo mitológico, pesadilla de sociólogos de la escuela de Frankfurt que describen a Estados Unidos como un antihéroe imperialista que viene a conquistarnos con sus rayos láser disparando desde autos rápidos y furiosos.

¿Por qué sí es una industria cultural? Hollywood funciona como una fábrica de películas con lotes temáticos. Tenemos la oleada de vampiros, los virus biológicos, los amigos con derecho, los zombies, aliens y súper héroes que destruyeron, cada quien a su manera, grandes edificios de Nueva York. Los tópicos se exprimieron lo más que se pudo para categorías A y B, desde Megamente y Mi villano favorito hasta Iron Man 3 y Súperman.

En el libro “Consumo y apropiación de cine y TV extranjeros por audiencias latinoamericanas” de José Carlos Lozano se abarca el tema de la expansión del cine americano en los países latinos, apunta que arriba del 80% de la oferta cinematográfica en México está controlada por filmes Hollywoodenses, esto, según la teoría de Lozano, no se debe ni al malinchismo ni a la vileza de Estados Unidos, sino a que la producción de cine en México está muy por debajo de la americana consecuencia de lo costoso que resulta hacer una película en este país.

Los estudios demuestran que las telenovelas ocupan un lugar muy importante en el consumo mediático de los mexicanos, si no fuera así la programación de los canales locales no estaría llena de Juan Felipes de la Villa y Rosaura Gabrielas Montañez, la distribución es directamente proporcional al consumo nacional, si los silogismos no me fallan, esto quiere decir que si hubiera más producción de cine mexicano, la gente tal vez se olvidaría de Hollywood y consumiría películas nacionales.

Un caso muy llamativo es Bollywood, la industria cinematográfica de la India, cuyos musicales forman parte importante de la cultura hindú. Bollywood es el mayor productor de cine en el mundo (entre 900 y 1,200 películas al año), los filmes se exportan a más de 95 países y se traducen a 15 idiomas, los indios son la etnia que más acude al cine en estadísticas internacionales. La diferencia con Hollywood está en que el presupuesto de la India es más bajo y la entrada al cine, más barata.

Una de las consecuencias del consumo restringido a películas hechas en la industria americana es la supuesta invasión de valores y gustos de Norteamérica, el american way of life y la pérdida de la cultura mexicana. Sin embargo, autores más optimistas como James Lull afirman que esto no es del todo cierto, puesto que las culturas suelen adaptar las influencias de otros países, lo que hace que la globalización no ocasione monopolios o conquistas culturales, sino mestizajes. Por ejemplo, las fusiones musicales como el jazz latino, a este proceso Lull le llama reterritorialización, puesto que una expresión cultural se transmite a otro país y adquiere nuevos significados con una mezcla de ambas. Lejos de negar su impacto, dudo mucho que Hollywood tenga el poder del magnetismo y sí un conglomerado de publicidad, y receptores sin tanto presupuesto para elaborar películas nacionales.

Aunque este distribuidor masivo no sea el Goliat del Séptimo Arte como algunos puristas culturales quieren hacer ver, es innegable la flojera que ocasiona, permítanme lo coloquial, la misma puerca revolcada en otro charco una y otra y otra vez. Como sea hay que admitir que hasta en el cine, Estados Unidos sabe cómo acaparar con sus proezas de marketing.

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