jueves, septiembre 24, 2020

El sonoro derrumbe de los símbolos patrios

Por Katia Rejón

Ilustración: Uribecarv

La bandera, el Himno Nacional, las estatuas y los retratos: ya no queda nada sin intervenir por una generación que no se identifica con la historia que aprendió de la retórica gubernamental de las escuelas. Sin embargo, algo habrán entendido bien quienes levantan la voz por las injusticias, los que frente al miedo y las viejas estructuras se pronuncian. ¿No es eso lo que querían enseñar? ¿Lucha, esperanza, unión?

—Para las generaciones jóvenes, y me atrevo a decir que para otras también, los símbolos patrios representan una autoridad. Nos enseñan a tenerle respeto, a guardar silencio cuando están presentes, rendirles homenajes. Un ente que debemos cuidar y proteger, dice Rosa Elena Cruz, historiadora y activista feminista en Yucatán.

El 4 de septiembre, una adolescente grabó un Tik Tok bailando el Himno Nacional Mexicano y fue atacada con comentarios que la señalaban como irrespetuosa. Incluso algunos periódicos subieron la nota citando el artículo constitucional que protege al lábaro patrio.

Pero quien no se haya dormido o reído en los honores a la bandera de un lunes, que tire la primera piedra. Jóvenes entrevistadas al respecto opinaron que es una contradicción defender símbolos patrios con tanto ahínco, cuando se han resignificado antes muchísimas veces: en partidos de fútbol, en las mismas bromas escolares o con escudos de partidos políticos. Coinciden en que es más probable que quienes acusan a las feministas de destruir los símbolos, no lo hagan por amor a la patria sino por odio a las mujeres.

Rosa explica que sí existe una identidad mexicana de grandes personajes y sucesos, aunque no lo percibamos como tal:

—Lo vemos en la forma de ser de los mexicanos. Los símbolos sirven para legitimar un poder, y en este caso, un poder patriarcal que dice quién merece ser reconocido y quién no. Estamos hablando de una historia que legitimó un poder masculino e invisibilizó a la mujer.

Rodrigo Ake, estudiante de historia, opina que los héroes han cambiado siempre, a lo largo del tiempo. Y que muchos de los monumentos más emblemáticos tienen un trasfondo que no corresponde con su propio discurso. Por ejemplo, el Ángel de la Independencia fue erigido por órdenes del dictador Porfirio Díaz, en un tiempo de represión y lucha de clases, que al mismo tiempo simboliza un hecho violento de la historia como lo es la Independencia.

—Tenemos que recordar que la base del patriarcado está en el uso de la historia y los símbolos. Hay una desventaja histórica y las mujeres no nos sentimos representadas en esta construcción social de México, no hay un vínculo, no nos vemos reconocidas. Por eso no nos cuesta tanto querer cambiarlo. Toda la identidad son inventos, son identidades forjadas. Y lo que ellas están haciendo, y es uno de los grandes precedentes del movimiento feminista, es construir los propios símbolos, reestructurar la historia, explica Rosa Elena. 

La suspensión de la mayoría de las actividades de las fiestas patrias en México debido a la pandemia hizo más evidente la manifestación de La Antigrita. Las mujeres que tomaron las instalaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la Ciudad de México convocaron a este evento que incluyó discursos, música y sobre todo una postura clara frente a las conmemoraciones nacionalistas: Esta patria no nos representa.

Otra de las jóvenes entrevistadas apunta:

—Los monumentos son de la población. Nosotras somos también parte de ella y se vale resignificarlos, dejar huella. Eso sí es histórico.

La historiadora Rosa Elena Cruz agrega que muchas personas creen que la lucha de las mujeres es una lucha actual, aunque hemos estado en todos los momentos cruciales. El problema sigue siendo que “la historia se escribe con letra patriarcal”.

—Para legitimar un gobierno y un poder, se hace una búsqueda de acontecimientos que son seleccionados para legitimar esta autoridad. Siempre se le intenta dar legitimidad a algo por el hecho de venir del pasado. Por eso la importancia de nombrarnos en la historia y construir nuestros propios simbolismos como La Antigrita. Ya nos vemos representadas.

Desde las protestas feministas del año pasado en el Ángel de la Independencia, y aquí mismo, en Yucatán, en el Monumento a la Madre, hay una discusión moral y artística acerca de cómo percibimos el patrimonio. A partir de estas protestas, surgió el colectivo independiente “Restauradoras con Glitter”, conformado por mujeres especialistas en conservación y restauración del patrimonio material: historiadoras, historiadoras del arte, arqueólogas, arquitectas y restauradoras. Manifestaron su opinión profesional al respecto y apuntaban que: “Aunque de ninguna forma promovemos que se realicen pintas en los bienes culturales, entendemos la importancia social y transgresora de éstas, como parte de los procesos que acontecen en torno a ellos en contextos específicos”.

También sugirieron que “por su alta relevancia social, histórica y simbólica”, las pintas fueran documentadas minuciosamente por profesionales como parte de la memoria colectiva. “Si fueran borradas sin un registro sistemático que pueda dar origen a una reflexión, se estarían silenciando una vez más las voces de las mujeres que exigimos que se garantice nuestra integridad y se haga justicia a las víctimas de la violencia”, escribieron.

Rodrigo Aké recuerda que Hidalgo, llamado “Padre de la Patria”, no era un hombre pacífico.

—La matanza de la Alhóndiga de Granaditas fue horrible. La Revolución Mexicana también empezó con violencia, son muy contadas las luchas sociales sin violencia o sin este tipo de manifestaciones. Como historiadores, como científicos sociales, nuestro deber es estudiarlos, o bien, apoyarlos. No estamos para decir que está mal. Si leemos la historia sabremos que la lucha de las mujeres ahora es válida y legítima.

Pero las mujeres que luchan hoy no han matado a nadie. Por el contrario, el discurso feminista es hacia la sororidad, el amor, la ternura radical. Como dice el Himno Feminista Mexicano “Canción sin miedo” de Vivir Quintana y el coro El Palomar: “Y retiemble en sus centros la tierra al sororo rugir del amor”.

 

—En el tema de la bandera, el color morado va a tener muchísimo simbolismo en esta asta, sustituyendo al rojo que es la sangre que derramaron los héroes y las heroínas, cuando las mujeres siguen derramando sangre. No es nada descabellado cambiar el rojo por un color significativo de la lucha por la no violencia de la mujer, aclara Rosa Elena Cruz.

La historiadora feminista recuerda que a la memoria siempre se le da usos políticos. Y que en el presente las mujeres están construyendo su propia identidad, omisa en los discursos oficiales, sobre todo en un gobierno como el de Andrés Manuel López Obrador en el cual “se institucionalizó esa visión”.

—Por eso cuando nombraron a varios personajes históricos masculinos que eran la imagen del gobierno y a lo que se le quiere legitimar, muchas mujeres se levantaron y dijeron: También necesitamos a las mujeres paradas de frente, porque si las desconoces y lo formalizas es muy peligroso. Las mujeres hacemos nuestro intento por escribir una historia diferente. 

 

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