sábado, mayo 15, 2021

El futuro de las bibliotecas

Por Giovana Jaspersen

Ilustración: The library of Babel de Andrew DeGraff and Daniel Harmon

El padre de Fernando Báez, según él dice, era un abogado honesto; es decir, desempleado. Eso hizo que su madre trabajara largas jornadas y que Báez pasara sus días “en encargo”, desde los 4 años, en una biblioteca. Aprendió a leer entre estantes, teniendo a su alcance todos los mundos del mundo y sabiendo que debía leer desde que vio que aún no podía hacerlo.

 

Sus días en las letras se interrumpieron cuando una crecida del río Caroní, uno de los afluentes del Orinoco, se llevó el pueblo y la biblioteca. En la introducción a su Historia Universal de la destrucción de los libros, Báez cuenta éste como su primer contacto con un libro destruido, y cómo sus sueños también se inundaron con la angustia de ver hundirse La isla del tesoro de Stevenson y flotar un ejemplar de algún drama de Shakespeare.

Esta escena de infancia y sus pesadillas por la destrucción de la razón y la memoria, serían difíciles de comprender para el 48 por ciento de los jóvenes en México que, según la encuesta de la UNESCO en 2015, nunca han estado en una biblioteca. En ellos no caben los anaqueles infinitos que, como en la Babel de Borges, quedaron en la memoria de muchos; no podrían reconocer por el olfato la vejez contenida en un pasillo de “fondo reservado”; ni distinguir el hueco crujir de las encuadernaciones de piel al abrirlas en medio de un galerón callado. Por el INEGI en 2020 supimos que del pequeño universo lector en nuestro país, sólo 10 de cada 100 personas leen en una biblioteca, y ni hablar de la cantidad de libros por año al compararlo con países como Finlandia, siempre destacado en el tema.

El país nórdico no brilla solo por la cantidad de libros leídos, sino por su modelo educativo. Una parte fundamental de él descansa en el complemento de la escuela con centros de educación no formal como museos y bibliotecas. Pues en el siglo XXI, son fundamentales para lograr lo que Piglia llamaba “lectores puros”, esos “para los que la lectura no es una práctica, sino una forma de vida”.

Las bibliotecas, como los museos, dejan en nuestros días la sacralidad tradicional para convertirse en espacios de socialización, guarecimiento, diálogo, participación, esparcimiento, conocimiento, turismo, etc. Entornos de nuevas experiencias.

Los ejemplos que han materializado esto alrededor del mundo son vastos y asombrosos en resultados. Podemos, por ejemplo, asomar la vista al Diamante negro de Copenhague, que deja a la vista el mar a través de un muro de cristal; a la Biblioteca Estatal del Sur de Australia que con su techo de cristal filtra la luz e “ilumina” al lector; a la maravilla de la Biblioteca Pública y eco-sostenible que en Taipei dejó ver cómo estos espacios son también oasis y remansos de paz entre el caos; al futurismo arquitectónico y conceptual de la Biblioteca Central de Seattle; o bien, en nuestro país, a la Biblioteca José Vasconcelos en la Ciudad de México, que sin duda revolucionó la forma en la que concebíamos un espacio de lectura y lo que en él se hacía.

Los tiempos de campañas y elecciones siempre nos acercan al análisis de obras e infraestructura que se consideran impulsar, a echar una mirada a las semillas que se busca sembrar y los frutos que habrán de nutrir.

¿Sería ilusorio entonces pensar en bibliotecas? En ellas como una ruta para sanar la profunda herida y brecha que la pandemia y la deserción escolar dejarán en el futuro. No olvidemos que más de 1,600 millones de estudiantes de más de 190 países dejaron de asistir a la escuela por motivos asociados a la COVID-19 o por falta de recursos, tan sólo en nuestro país no se inscribieron 5.2 millones de personas al ciclo escolar 2020-2021.

Es urgente prever esa recuperación, cada espacio complementario será fundamental para que al ver un estante, como Baéz, todas las personas que no puedan leer, sepan, que quieren leer.

Other Articles

Lenguaje en libertad para la infancia

Zandra PrunedaMiranfú: niños, talleres y cuentos Ilustración: Luis Cruces Gómez El Diccionario de Uso del Español (1966) de María Moliner define a la imaginación...

Jade o la infancia trabajadora en la pandemia

Por Daniela Romero Ilustración: Luis Cruces Gómez Jade es una niña de 11 años que trabaja con su mamá en la venta de chicharrones...

Monumentos a nuestra ignorancia. Notas sobre racismo, discriminación y olvido

Por Fabrizio Moguel Alcocer Ilustración: Luis Cruces Gómez La Universidad de Cambridge tiene un proyecto llamado El Anti-Racismo Latinoamericano en Tiempos “Post-Raciales” dentro del cual se...