viernes, enero 28, 2022

Decir casi lo mismo: Lenguas Maternas

Por Giovana Jaspersen

Foto: Miguel G. Durán

Una mujer mayahablante llega al hospital y se queja de dolor de Puksi’ik’al, el médico —hispanohablante— ejerce y traduce como Google y se apresura a atender su corazón. La mujer muere y con ella su dolor concentrado —en palabras de Pedro Uc— en “la casa donde nada hay y todo está, donde habita el nerviosismo, el miedo, la alegría, el coraje, el valor, la dignidad, la vergüenza, el amor, la confianza, la fe, el equilibrio y el dolor”.

El Puksi’ik’al va del pecho hasta la entraña, pasando por cada nervio y no sana desde la forma, sino en el fondo.

 

Escuché por primera vez esta historia en voz del lingüista Fidencio Briceño y servía, en la primera lección de maya yucateco, para explicar a los hispanohablantes el amasijo simbólico que encierra un término de compleja traducción e inminente relevancia sociocultural. En palabras de Umberto Eco, es el caso claro en el que Decir casi lo mismo, implica una gran cantidad de cuestiones en el casi.

El casi acaricia la diferencia entre recibir y no recibir servicios de salud; el derecho de ser mayahablante y describir el dolor en la propia lengua o morir por hacerlo.

Una mala traducción parece ser el menos grave de los escenarios, cuando hemos visto la discriminación y segregación colarse por todas partes, y cómo el plurilingüismo y la diversidad que tanto se celebra, están muy lejos de convertirse en una política de estado eficiente, equitativa y justa. A raíz del día internacional de la lengua materna, Arturo Rodríguez publicó en Proceso “Lenguas indígenas, discriminación estructural”, un panorama muy claro y escalofriante que conviene revisar:

Nuestro país tiene 68 lenguas indígenas y 364 variantes, la diversidad más amplia de América y el quinto lugar en el mundo. 107 de estas variantes están en riesgo, si queremos ver de forma clara el porvenir de esto, pensemos en las 51 lenguas en el mundo, que según D. Crystal, tienen solamente un hablante.

Y más allá de la discusión del relativismo lingüístico y de qué encierra la pérdida de una lengua, en México resulta emergente girar la mirada hacia el atropello constante de los derechos. Las 68 lenguas, con el español, son reconocidas como “oficiales”, el entrecomillado encierra el mal ejercicio de ello, pues la defensa de los derechos en los últimos años ha sido especialmente mal comprendida.

El folclorismo en torno a la diversidad en México y a su plurilingüismo es también amenaza, pues las manifestaciones culturales se convierten en botón que se activa y se apaga como la iluminación de un teatro, si bien es en cierto grado legitimación, no lo es del todo. El intríngulis es el acceso a los servicios, el uso y la producción de conocimiento. Que no se tenga que salir de sí y la lengua, para ejercer derechos.

El Día de la Lengua Materna nace en 1947 cuando se establece el idioma urdu en Pakistán como lengua nacional, siendo hablado por la minoría gobernante. Esto redujo a nada a los hablantes de bengalí, que eran la mayoría de la población. En un territorio donde eran ilegales las concentraciones públicas de más de 4 personas, el 21 de febrero del 52, estudiantes convocaron al Movimiento por la lengua. Al no poder dispersar la manifestación se abrió fuego, provocando muertes y enfrentamientos. En 1956, finalmente el gobierno “cedió” y dio carácter oficial al bengalí.

El 21 de febrero no es celebración sino reflexión y acción. Iniciativas como Whatsapp, Firefox o Wikipedia en lenguas originarias abren la comunicación; K´iintsil de La Jornada Maya; traducciones de obras clásicas —como las de Esopo— que desde hace años realizan los Amigos de las Lenguas Indígenas de Oaxaca, A.C., encabezados por el maestro Francisco Toledo, son un camino para que la información y el conocimiento tome otras voces. Todos, pasos enormes y sólidos, pero pequeños en proporción al reto y el rezago.

En 2000, la UNESCO retoma la fecha por los derechos etnolingüísticos de todos los pueblos del mundo, declarando el Día Internacional de la Lengua Materna. Recién en 2019 fue nombrado el año de las lenguas maternas y a partir de esa experiencia la ONU declaró el Decenio de las Lenguas Indígenas del 2022 al 2032.  

El ejercicio de coherencia emergente en nuestro país es la incorporación en la política pública de una iniciativa plurilingüista que responda a las necesidades que la diversidad requiere. Es urgente y no debe tomarse a la ligera, pues en nuestras lenguas y sus visiones radicamos todos.

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