“Saquen sus rosarios de nuestros ovarios” “Ni amo, ni estado, ni partido ni marido”, frases de la canción Mi cuerpo es mío de las raperas Kudras Cubensi se escuchan en las manifestaciones en contra de la violencia a la mujer en lugares de habla hispana. Para muchas, estas canciones representan una alternativa lírica al discurso sexista que suele prevalecer en prácticamente todos los géneros musicales.

Odaymara Cuesta y Olivia Prendes, afrocaribeñas no binarias que diseñan su propia ropa, imagen e identidad, comenzaron a rapear juntas en 1999 en La Habana, Cuba. Hace dos semanas, del 13 al 15 de octubre, estuvieron en Mérida en el encuentro Rebeldías Lésbicas Feministas de América Latina y el Caribe, organizado por el colectivo LesVisibles.

Durante todo un fin de semana hubo conversatorios, una sesión de salsa queer, el concierto de Las Hijas del Rap y de las mismas Krudas, un taller de gráfica lesbo-feminista y el evento de Cabaret “La expropiación de la cuerpa”.

Memorias de nómada estuvo presente en el conversatorio guiado por las Krudas Cubensi en el que participaron alrededor de veinte mujeres. Las Krudas hablaron de sus inicios, de cómo emigraron a Estados Unidos para dedicarse a una carrera como el hip-hop que, como en muchas otras esferas sociales, ha sido históricamente “terreno de hombres”.

Odaymara Cuesta tiene un personalidad que impone, te abraza y sonríe con una boca enmarcada por la barba que tanto adora. Mientras que Olivia presume de su ropa convertida siempre en prendas únicas “casi nunca se quedan como las consigo”, comparte, y todas se ríen.

—Desde que tengo uso de razón me cuestiono por qué tienen que ser las cosas como son. Además de adaptarnos a la realidad, en la medida de lo posible, también hay que adaptar la realidad a lo que queremos, comienza a decir Olivia para romper el hielo.

—Siempre fue parte importante de nuestros sueños. El hip hop es la música de nuestro tiempo, nuestra cultura y gente, agrega Odaymara.

Contrario a las manecillas del reloj, las chicas que conforman el conversatorio se presentan y comparten su experiencia con la música, el arte o el feminismo. Algunas son raperas, otras escriben o hacen teatro, y algunas más estamos ahí por una bonita casualidad.

Sin embargo, hay algo que la mayoría resalta: la necesidad —o alivio— de oír otro tipo de lírica. La existencia de música feminista es el reposo auditivo al discurso machista que permea en la música de cualquier tipo. Están hartas de oír a músicos hombres hablar de tetas que ni siquiera son las de ellos.

—Es agobiante, dicen. Tienes que trabajar el triple que ellos para destacar. Cuando ves cómo hombres abiertamente misóginos, machistas, violentos son adorados por la mayoría eso es como okay, bueno, hay que seguir.

—Si ustedes leen los comentarios de la canción Mi cuerpo es mío van a ver qué fuerte es la posición de las personas que rechazan la diferencia. Lo importante de los comentarios es que la gente se identifica con lo que una hace y hasta nos defienden. Es bonito cuando el arte va más para allá, cuando tu arte hace sentir incómodas a algunas personas, cuando cuestiona.

No es raro que las asocien con una imagen violenta y enojada como que algunas personas tienen acerca del movimiento feminista o no binario. Lo han dicho en otras entrevistas, la crítica catártica, la indignación en sus canciones es una etapa que ya atravesaron. Ahora están sentadas en el piso de una casa donde el fresco no pasa por la puerta, pero sale de ellas. “Ustedes son mágicas”, dicen.

—Va a haber gente a la que le puedes decir, oye date cuenta de esto; y otras que no, y no hay que gastar energía. Al principio subíamos al escenario y traíamos una carga negativa porque nos había sucedido alguna cosa, pero esto también se trata de pasarla bien, de disfrutar.

Cuando se conocieron ambas eran ya vegetarianas y comenzaron a mezclar su vida y su filosofía haciendo arte juntas. Para las cantantes, el veganismo es belleza física y espiritualmente. Al principio, cuentan, la gente les dijo que podía ser un mensaje elitista, porque la idea del veganismo supone que puedes elegir lo que comes, y no siempre es así, menos en Cuba.

—Sin embargo, hay otros espacios en los que sí hay posibilidad de elegir y los invitamos, amistosamente, a que se acerquen al veganismo. Ustedes son mágicas, y si siguen contribuyendo al crimen, a la basura que hay dentro de la industria cárnica no están coincidiendo con lo verdaderamente maravillosas que son por dentro.

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