Traficante de Letras es una espacio itinerante de intercambio de conocimientos, Carlos, Valentina y Rulo buscan (encuentran) espacios públicos para llevar una mesa de libros y liberar otros cuantos. “Nuestra mesa no es un intercambio de libros, sino de aprendizaje”.

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Carlos y Rulo habían regalado libros en manifestaciones y un día un integrante de Colectivo Santiaguero les propuso, en vez de regalarlos, poner una mesa de intercambio en uno de los eventos que él organizaría. Así el 24 de junio fue la primera vez que Traficante de Letras (que aún no llevaba ese nombre) reunió libros propios y donados en una mesa con el nombre de “Mesa de Intercambio Colectivo Santiaguero” y comenzó, sin saberlo, el proyecto.

Después de ese día, ya tenían 150 libros para intercambiar y 8 cajas de libros para liberar en el próximo evento que sería en dos semanas. “En el transcurso de esas dos semanas Carlos y yo nos sentamos a platicar un rato, decidimos darle un poco de forma y nombre. En el segundo, Valentina comenzó a ayudarnos, cargaba cajas, nos acompañaba y en noviembre se integró a nosotros formalmente”, cuenta Rulo.

Traficante de Letras tiene 4 líneas de trabajo:
La primera es la Mesa de Intercambio, la que llevan a los lugares a los que son invitados o los espacios que ellos mismos se buscan, con la dinámica de ofrecer una gran cantidad de libros para que alguien deje uno propio y tome otro de la mesa. Compartir, al fin y al cabo.

La segunda son los Libros Libres, que se llevan en cajas para que la gente que no tenga qué intercambiar, se los lleve.

La tercera se llama Plasmando Ideas, se trata de stickers con diseños de bicicletas, el logo de Traficante de Letras o algún dibujo divertido, es una forma de compartir lo que les gusta y que creen puede gustar a la gente. Además, es la forma en la que costean el proyecto. Entrada que les ha permitido ayudarse e incluso sacar playeras.

La cuarta línea de trabajo es un proyecto aún no realizado: La Biblioteca de Traficante, concebido como un lugar de lectura compartida, interpretación de códigos que puede tener otras dimensiones como intercambio o como espacio de trabajo.

Cerca de 1,500 libros han circulado de mano a mesa y de mesa a mano, y aproximadamente 3,000 se han ido de las cajas libres en los más de 40 eventos en los que ha participado. “Pensábamos que tener dos eventos al mes estaría chido. En julio tuvimos dos, y pensamos que así se mantendría pero en agosto tuvimos siete y a raíz de eso tenemos más o menos un evento por semana”, añade Rulo.

Traficante de Letras se infiltra donde no hay libros, “eran lugares donde Carlos y yo estábamos, donde íbamos a bailar, también eso hace que se acerquen personas que nunca había leído. ¿Cuándo ibas a ver libros en un bar a las 11 de la noche? ¿Por qué habrían libros en una tocada de Jam Gorilla en el Mayan Pub, por ejemplo?”. Aunque su espacio favorito es el espacio público, “De alguna manera creemos que es ahí donde pertenecemos”, dicen. También han ido a comisarías como Temozón Sur donde la gente no tiene tanto acceso a los libros.

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El proyecto se teje por medio de redes colaborativas, con gente que también tiene planes culturales, arman su propio foro y los invitan. El objetivo está tan bien definido que incluso distinguen los lugares a los que sí quieren participar de los que no. “Tratamos de que sea lo más abierto posible, nos gusta valorar el proyecto al que nos inviten, y hay espacios en los que creemos que podríamos entrar, pero también podríamos no entrar, eso lo vamos descubriendo poco a poco. Uno de nuestros intereses es conocer el mayor número para saber cuáles nos gustan”, abunda.

Cada uno de ellos tiene un área en la que les gusta desarrollarse más: Valentina, los libros infantiles, Carlos los cómics, pero creen que no hay libros buenos ni libros malos porque todos pueden enseñar algo diferente, depende de la persona y el momento de ser leído. “Tiene mucho que ver con la idea que tenemos de qué es lectura: todo se puede leer o decodificar”, dice Carlos.

Al preguntar si lo que ellos hacen es fomento a la lectura, contestaron que ese término no les gusta. “Creemos que ha sido algo institucionalizado de alguna forma y que no compartimos del todo, creemos que la lectura es algo natural, se puede decodificar el sonido, las imágenes. Hay gente que dice que lo que hacemos es fomento a la lectura y probablemente lo hagamos, pero no lo consideramos así”, opina Rulo en la entrevista.

Traficante de Letras ha servido de vínculo para la creación de otros proyectos o conferencias. Una de ellas dirigida por Carlos quien para la FILEY 2013 organizó una mesa panel de cómics en la que no llevaron la mesa de intercambio pero que sí se gestionó a través de T.L. También, el marzo pasado invitaron a la Dr. Melisa Rivière “Emetrece” a dar una conferencia sobre su estudio antropológico de cómo la música (Hip Hop en específico) puede servir como plataforma de código entre dos países (Cuba y Puerto Rico) y los medios de comunicación como un lugar para el estudio antropológico del comportamiento del hombre. Y aunque ellos opinan que el contacto con Emetrece fue de esos que no llegan todos los días, las conferencias son algo que tienen planeado seguir haciendo.

El 22 de junio celebraron su primer aniversario, “queríamos que sea un espacio de lectura, el discurso de aniversario era que el parque se volviera nuestra biblioteca, tuvimos a amigos que hicieron talleres de imagen, música, un poco lo que soñamos, queremos y hacemos. Todo obviamente a través de la red colaborativa que hemos formado. Sin esta gente (los colectivos) y quienes se interesan y participan en el proyecto, no hubiéramos podido hacer nada”, concluyen.

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