Por: Jesús Cámara

Ilustración de Luis Cruces Gómez

La toalla femenina desechable llegó a los supermercados durante la primera mitad del siglo XX a través de sus campañas publicitarias. Se vendió como un artículo necesario, cuyo objetivo principal era proporcionar higiene y comodidad a las mujeres. Sin embargo, su uso se ha vuelto un problema alarmante por la cantidad de desechos que producen anualmente.

Una mujer durante su periodo menstrual puede utilizar alrededor de cuatro toallas desechables por día, durante aproximadamente siete días (sin ánimo de homologar los ciclos menstruales). Esto representa un uso de 28 toallas al mes, sumando 336 al final del año, si pensamos que se tienen rigurosamente 12 ciclos de esta duración durante los 12 meses. 

Basándonos en datos del INEGI publicados en la Encuesta Intercensal (EIC), en 2015 se contabilizaron 18 millones 442 mil 386 mujeres de entre 15 y 54 años en México (edad límite en que según el espectro de la Organización Mundial de la Salud llega la menopausia). Tomando en cuenta las cifras del párrafo anterior, multiplicado por el número de mujeres, tan solo en nuestro país se habrían desechado un total de 6 mil 196 millones 641 mil 696 toallas de un solo uso en ese año, si pensamos que todas tuvieron acceso a este producto.

Debido a este problema, las mujeres están mirando hacia métodos más amigables con el medio ambiente, como las copas menstruales o las toallas lavables (que asemejan el método tradicional de las compresas). Juntas o separadas son alternativas más ecológicas y sobre todo saludables para ellas.

Aquí en Mérida, Yza Alanís Tec, una joven artesana del proyecto independiente Sukha, se dedica a la fabricación y comercio de toallas ecológicas basada en una técnica que aprendió durante su residencia en San Cristóbal de las Casas. El conocimiento para crear este producto lo adquirió gracias a la transmisión de experiencias que otras mujeres en la comunidad le brindaron. Ahora, como habitante de la capital yucateca, intenta compartir lo que sabe, a la vez de crear un vínculo entre las mujeres, su menstruación y el medio ambiente.

Yza sostiene que hay varias razones para que las mujeres dejen atrás a las toallas desechables. Entre ellas está el impacto ambiental por la cantidad de basura que producen y todavía más importante, que suelen ocasionar diversos malestares, además de contener perfumes y químicos que en muchas ocasiones provocan mal olor y reacciones alérgicas al entrar en contacto con la piel de la vulva.

Al ser consideradas como insumos médicos y no como productos para el cuidado personal, la industria fabricante de toallas sanitarias no está obligada a revelarle a sus consumidoras los componentes que se utilizan en ellas. Para su creación se usan minerales de tipo silicato llamados asbesto, estos se emplean para formar parte de la tela exterior por su característica resistente y flexible, pero su contenido de dioxina los hace altamente cancerígenos y tóxicos para el sistema reproductivo de la mujer, causando desde irritaciones hasta alteraciones en la mucosa del útero y provocar endometriomas.

Otro de los elementos peligrosos que está presente en una toalla desechable es el rayón, que potencializa la absorción de la tela formada con el asbesto. Este compuesto tiene la capacidad de absorber y almacenar dioxina durante el tiempo que esté en contacto con el cuerpo. Juntos pueden provocar “shocks tóxicos”, que por una infección vaginal causan dolores de cabeza, visión borrosa y otros síntomas. 

También hay estudios que han encontrado pesticidas y tintes que han sido identificadas por la OMS como Contaminantes Orgánicos Persistentes (sustancias altamente tóxicas, que tienen una lenta degradación física, química y microbiológica), sin que exista una regulación para su uso.

Yza comenta que “utilizar una toallita de tela es como retomar una práctica de hace muchos años”, pero que en la actualidad se presenta de una manera más estética y las puedes encontrar de todo tipo y tamaño.

—La toallita que se propone ofrece frescura, previene esas infecciones y también es una manera de conocernos un poquito más y volver a la conexión con nuestro ciclo ovulatorio que nos ha arrebatado el patriarcado, dice.

Elaboradas principalmente con tela de algodón, las toallas ecológicas pueden fabricarse de distintos materiales. Algunos son muy innovadores pero otras mujeres prefieren utilizar métodos más accesibles, como propone Yza, para volver la toalla ecológica una opción al alcance de todas.

—Yo utilizo telas que puedo encontrar aquí en Mérida, la tela que va en contacto con la piel tiene que ser cien por ciento algodón para mantener una libre respiración, seguido de capas de fibras absorbentes y por último una capa que repele (la que no va en contacto con la piel) para que no se manche la ropa interior.

En cuanto a la comodidad, la diferencia es mucha. Yza compara las toallas desechables con pañales para bebé, ya que cuentan con la misma textura y prácticamente el mismo material absorbente.

—Entonces, ¿qué le pasa a los bebés cuando usan pañal? Pues se rozan. Lo mismo nos pasa, es incómodo, además que sudas y generan mal olor; en cambio, una toalla de tela te ofrece comodidad, libertad y seguridad

Por otra parte, Yza opina que el machismo ha impuesto que se vea el ciclo menstrual como algo “horroroso” a lo que se le debe temer y las mujeres deben esconder. También señala que esta creencia que ha pasado por generaciones es “totalmente decadente e inválida”, por lo que sugiere que se transforme el pensamiento para desestigmatizar “y volver a entrar en contacto tu propio cuerpo”. Con esto se puede recordar que la menstruación “es algo natural que tenemos todas, que también está bien de pronto sentirte ajena a ella, pero que personalmente es una lucha contigo misma, para poco a poco irla abrazando”.

Otro beneficio es el económico, debido a la cantidad de dinero que las mujeres deben destinar al año para comprar toallas desechables. Cada paquete de 12 unidades cuesta alrededor de 50 pesos y se suele utilizar más de un paquete por periodo menstrual, lo que representa un egreso de casi 1300 pesos por año. En el caso de las mujeres que viven en comunidades de difícil acceso, con rezago y marginación, adquirir estos productos se vuelve un lujo.

En mayo de 2019, la joven artesana junto a una compañera de una colectiva chiapaneca acudieron a Zaachila, Oaxaca, para impartir un taller sobre cómo desarrollar sus propias toallas ecológicas a las estudiantes una telesecundaria. El objetivo fue que conozcan otras alternativas para utilizar durante su menstruación y los beneficios que tienen. 

—Poniendo el contexto en ellas [las jóvenes de Zaachila], que tienen un nivel económico bajo, es una manera muy próxima y real de ayudarles a construir su propia toalla ecológica. Es una manera de transmitirles un conocimiento que pueda ser accesible para ellas, ya que las toallas se pueden hacer a mano con tela, hilo y agujas que pueden tener en casa [o que Sikanda les puede facilitar].

Gracias a esta experiencia, entre los propósitos de Yza también está impartir este taller en YucatánEn Mérida, las toallas lavables o ecológicas regularmente son vendidas en ecotiendas y realizadas por mujeres artesanas. Puedes encontrarlas en Casa Bonita, que se encuentra cerca de Santa Ana o en La Conciencia de Caro, ubicada en avenida Cupules. También hay en bazares con propuesta ecológica o de apoyo al producto local.

Se estima que cada toalla ecológica tiene un tiempo de vida de tres a cinco años si se le da el cuidado adecuado, lo ideal es tener entre 10 y 15 toallas en el guardarropa. Para volver a utilizarlas basta con lavarlas con agua y jabón vegetal para evitar los químicos, dejarlas remojadas en vinagre, agua oxigenada o alguna esencia antimicrobiana y dejarlas secando al sol para eliminar la mayor cantidad de bacterias.

—Las mujeres de vida citadina, muchas veces por su resistencia al cambio piensan que utilizar una toalla ecológica es un problema cuando no estás en casa, debido a que no tienes un lugar seguro donde lavarla, pero también está en el ingenio de cada una encontrar la manera de resolverlo y poder almacenar tus toallas durante el día, para después llegar y hacer el proceso de limpieza completo.

Si tomamos en cuenta que cada toalla desechable tarda entre 500 y 800 años en biodegradarse, llegaríamos a la conclusión de que todas las toallas desechables que se han fabricado desde su creación entre los siglos XIX y XX, siguen existiendo en alguna parte de nuestro planeta.

—Anteriormente la lección era reciclar, pero a nuestra generación se le está enseñando a reutilizar y no consumir para no desechar. Por años hemos escuchado la historia de que se está dañando al planeta y seguimos contaminando, por eso esta es una propuesta que sería como una contribución de todas las mujeres

El cien por ciento de lo que adquieres al comprar un paquete de toallas desechables termina en la basura, desde el empaque, la envoltura individual, los antiadherentes que cubren las alitas y la misma toalla. Por lo tanto, tenemos cientos de anaqueles en supermercados que están llenos de basura nueva

La toalla ecológica no solo ofrece una alternativa para mejorar la salud de las mujeres y acabar con la práctica de consumo y desecho, sino que también (según mujeres que las utilizan) genera un nuevo vínculo entre ellas y su menstruación, de una manera verde y sustentable.

Si quieres probar esta alternativa, puedes contactar a Yza Alanis a través de su Instagram (@yzalanis) o en la tienda La Conciencia de Caro (@laconcienciadecaro).

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