Por Elías Manuel Hernández Escalante

Ilustración: Margarita Osés

A Zygmunt Bauman, gracias.

¿Cómo se reformula esa <<búsqueda de lo esencial>> en la Era Afterpop?
Eloy Fernández Porta

Your nudes are safe with me.
Meme visto en internet

¿Por qué las nudes tienen tanto impacto en nuestra sociedad? ¿Son una forma nueva de sexualidad o de consumir pornografía? ¿Ambas? A través de las siguientes páginas nos acercaremos a este fenómeno que hoy en día goza de una creciente popularidad en nuestra cultura juvenil, millenial (como sentencian algunos), para analizar brevemente los mecanismos sociales que funcionarían en el corazón de esta práctica.

Las nudes consisten en el intercambio de fotografías de cuerpo desnudo, con un destinatario específico, a través de redes sociales, siendo Whatsapp la plataforma más utilizada. Herederas de una serie de cambios que la revolución del internet, se  introdujeron en la sexualidad como el showing vía webcam (cybersexo mediante aplicaciones como Windows Live Messenger o Skype). Éstas guardan una ligera diferencia con sus antecesores: mientras que las primeros cumplían una función de exposición exclusiva para un receptor y su guardado se hacía sin el conocimiento de la persona implicada y se obtenía con programas ajenos a la aplicación, las nudes sí están hechas para exhibición y almacenamiento exclusivo del receptor. Y pese a que esta dinámica existe desde hace varios años, es hasta un tiempo reciente que goza de un auge principalmente en Facebook y Tumblr, así como un nombre masificado a través de memes compartidos en estas páginas.

Zygmunt Bauman, si bien no habla directamente sobre el tema, elabora una abstracción bastante acertada sobre nuestro panorama sociocultural que permitirá acercarnos al análisis de este fenómeno.

En su libro Vida de consumo (2007), Bauman describe la era del híper-consumo como una época voraz de productos dotados de obsolescencia programada, capaces de insertarse en los procesos de construcción de la subjetividad, es decir, las representaciones con que los sujetos entienden y se sitúan en el mundo.

En el consumo de una marca de camisa, reloj, pantalón, etcétera, se sustituye la noción de un yo construido con base en elecciones de consumo por una supuesta materialización de la vida interior; Bauman define este proceso como el fetichismo de la subjetividad: desaparece todo rastro de compra y el producto se adhiere como un rasgo de identidad despojado de su condición de mercancía.

Debemos renovar constantemente lo que somos mediante nuestras elecciones de consumo, como bien señala Bauman: “La sociedad de consumidores desvaloriza la durabilidad, equiparando lo “viejo” con lo “anticuado”, lo inútil y condenado a la basura”.

Esta dinámica impacta en la capacidad relacional de los consumidores. El “otro” toma forma de un producto que debe satisfacer los estándares de calidad del sujeto, los vínculos son reemplazados por redes que facilitan el desecho de las interacciones fallidas. Este proceso anestesia la angustia que genera la complejidad de las relaciones humanas porque “la precariedad, caducidad y revocabilidad de los compromisos mutuos son en sí mismas una fuente de peligros insondables”.

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Siguiendo estas ideas, observamos que el intercambio de nudes sería una práctica sexual esterilizada, ya que la interacción y el conflicto que deriva de las relaciones humanas se traslada al plano virtual, en el cual, el sujeto, protegido por la opción del offline instantáneo, evita la frustración de un encuentro fallido, los accidentes, los olores desagradables, los embarazos no deseados, preservando el placer.

Enviar y recibir nudes permite la multiplicación de la experiencia sexual desde la comodidad del hogar, sin la confrontación directa ni la angustia por el rechazo; es una seducción cool que presenta una sexualidad limpia, saneada, que comienza a ser percibida como una alternativa para la práctica sexual casual. Construida en torno a una manifestación narcisista en la que él único contacto corporal existente es la masturbación usando las imágenes recibidas.

Sin embargo, paradójicamente, el cuerpo adquiere una dimensión de producto como el que comercializa la pornografía, mientras que el porno en su carácter tradicional produce masivamente cuerpos que serán exhibidos para estimular el placer en miles de personas, la nude permite la unicidad, el sueño de la cultura híper-consumista: un producto único que diferencie al consumidor de otros consumidores. El cuerpo entra a una galería privada, personalizada, (en el que se almacena para brindar placer sólo al poseedor de la imagen) y puede desecharse en cualquier momento, sin confrontaciones. Es un cuerpo que se consigue en una negociación y se mantiene en el anonimato debido a que es una de las reglas popularizadas en internet, las fotografías no muestran el rostro: el único que puede decodificar la identidad de la persona es el receptor de las imágenes, lo que personaliza y atomiza más el producto, ya que es indescifrable por sí mismo.

Entonces, más allá de una nueva práctica sexual, ¿las nudes son la expresión de la búsqueda del consumidor de una pornografía “auténtica”? Eloy Fernández Porta en libro Homo Sampler: Tiempo y consumo en la Era Afterpop, escribe que el desarrollo de la sensibilidad moderna en el siglo XX “expresa el dolor por la pérdida de lo esencial junto con cierta voluntad –nostálgica, meditativa o desgarrada- de recuperarlo” y genera una búsqueda por obtener la naturalidad, lo anterior a la era tecnológica, despojada de los artificios de las sociedades industriales modernas.

A pesar que Fernández Porta ubica esta búsqueda en el arte y un contexto específico, podemos encontrar resquicios de esta sensibilidad en los sujetos de la era de híper-consumo a través de su constante “búsqueda de calidad de vida, pasión por la personalidad, sensibilidad ecologista, abandono de los grandes sistemas de sentido, culto de la participación y la expresión, moda retro, rehabilitación de lo local, de lo regional, de determinadas creencias y prácticas tradicionales.” (Lipovetsky, 10)

Esto es lo que subyace en el fondo del fenómeno nude, una pornografía aparentemente despojada del “artificio”. La naturalidad y la espontaneidad con la que se presenta el producto colorean la ilusión de un encuentro sexual auténtico, pero que activa los dispositivos que mueven el engranaje híper-consumista. El placer y la masturbación no se encuentran rodeados por el halo de la desnudez maquillada y planificada en un set de grabación, ni por el voyerismo de un vídeo filtrado en la sección amateur de una página pornográfica, sino por un cuerpo expuesto en un chat privado, inmediato, que muestra la intimidad de una persona accesible en la realidad.

En conclusión, considero importante el análisis de los cambios que la era de híper-consumo está desatando en la vida subjetiva y social de sus actantes. Las transformaciones de la sexualidad que se ven reflejadas en las generaciones juveniles, a través de imágenes compartidas en redes sociales, ilustran un momento donde el consumismo está alcanzando un punto crítico. ¿Qué nuevas prácticas se desarrollarán en un futuro? ¿Es la nude el primer paso para una sexualidad puramente digital? ¿Será aprovechado por la industria pornográfica como modelo de negocio?* Hay que seguirle la pista a este fenómeno que, día con día, se instala profundamente en la cultura y sus diferentes medios de socialización.

*NdelR: Posterior a la publicación de este artículo en la séptima edición digital de la revista, Vice publicó un artículo sobre la venta de nudes en Snapchat.

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