Por: Eva Santos

Ilustración de Aleequis

Voy a traer las palabras del más reciente libro de Alessandro Baricco, The Game (Anagrama, 2019), para preguntar: «¿Puede un proceso de liberación desorientar hasta tal punto a las personas como para empujarlas a regresar, voluntariamente, a las jaulas?». Ante los sucesos que se han dado en nuestra ciudad a raíz de las manifestaciones del 28S, junto con las noticias de Chile, Bolivia, Haití, Ecuador, esta misma pregunta ha resonado en mi interior y en el de algunas personas cercanas. Compartimos la inquietud de cómo llevar la lucha de lo digital a las calles, de los likes a una organización colectiva, de los hashtags a la solidaridad política. Así que este texto nació para compartir información y algunas reflexiones que espero puedan atizar algunos fuegos que parecería empiezan a humear un poco.

Una realidad expandida

En el libro mencionado al inicio, Baricco explica que no existe un límite entre la virtualidad y la realidad; son, más bien, una sola cosa que coexiste y se alimenta, retroalimenta, una de la otra. Algo así como arterias y venas. Lo digital, por lo tanto, ha puesto a nuestro alcance formas de organización, difusión, colectivización, empoderamiento y, lamentablemente, también nuevos modos de represión, que antes se ejercían de otras maneras. La vigilancia ha sido siempre una de las herramientas que los regímenes políticos heteropatriarcales utilizan para controlar y restringir los cuerpos, las voces y las disidencias. Esto es precisamente parte de lo que sucede, a mi parecer, en nuestro contexto de lucha en la ciudad: una desorientación y apaciguamiento por las tentativas —unas más exitosas que otras— de represión por parte del sistema gubernamental, ahora también en lo virtual.

«Internet es un espacio donde las normas sociales se negocian, se desarrollan y se imponen, a menudo como extensión de otros espacios moldeados por el patriarcado y la heteronormatividad. Nuestra lucha por una Internet feminista es la continuación de nuestra resistencia en otros espacios, tanto públicos como privados.» Este es un fragmento del apartado 2.1 de los Principios Feministas para Internet, propuestos por primera vez en Malasia en 2014. Bajo esta premisa, si tomamos nuestra presencia en lo digital como una continuación de nuestra resistencia en los espacios no virtuales, ¿qué nos dicen los recientes sucesos y nuestra reacción ante ellos? ¿Qué hacer ahora con las formas de organización, resistencia y lucha fuera de las pantallas?

Invertir el tablero

 «Lo que nos dice que estamos llegando a destino es la reacción de los que nos odian. La reacción violenta de los de siempre es la medida de lo que estamos avanzando», dice Rita Segato en una reciente entrevista. Una verdadera ruptura al sistema de poder no se logra con un solo método de manifestación, no bastan las protestas públicas mientras se siga perpetuando el binomio actor – reactor del sistema, en el que los grupos de resistencia reaccionan ante las acciones gubernamentales. Hay que invertir el tablero, desarrollar tácticas de resistencia no violenta, es decir, una serie de técnicas que requieren constancia, estrategia y organización. De hecho, existen numerosos métodos de no-cooperación y resistencia no violenta divididos en tres grandes apartados y ampliamente estudiados en el libro Cómo funciona la lucha no violenta de Gene Sharp, fundador de la Institución Albert Einstein. Las menciono brevemente:

  • Protesta y persuasión: Discursos, declaraciones firmadas por asociaciones, llevar símbolos puestos en la vida cotidiana, eventos culturales, entre otros. La intervención de estatuas, edificios, avenidas o hitos urbanos entra en esta categoría.
  • No-cooperación: Huelga laboral o estudiantil, boicot a eventos partidarios, desobediencia a las costumbres sociales, no registrarse ni utilizar los sistemas públicos de salud, transporte o alimentación, entre otros.
  • Intervención no violenta: desagregarnos de las formas usuales de participación política, renunciar voluntariamente a empleos gubernamentales, no participar en las elecciones, imposibilitar la entrada de funcionarios a sus oficinas, al Congreso, entre otros.

Existen muchas y muy diversas formas de organización para la resistencia pacífica, inteligentes y constantes desde las que cada persona puede sumarse, según desee y pueda. Porque no podemos dejar de señalar que también el privilegio atraviesa las diferentes formas de convocatoria y manifestación. No podemos partir de un mismo modo de resistencia para todxs, pero sí podemos empezar por identificar los puntos en común. Y sí, tal vez podrán reconocer nuestras caras en Facebook, tener nuestro nombre en alguna lista, incluso intimidarnos en las calles, pero no permitamos que en ninguna parte, en ninguna, siembren en nosotrxs el miedo ni la fragmentación que desean provocar. Somos mucho más que eso.

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