Por Graciela Montalvo

Don’t let yourself go, ‘cause everybody cries and everybody hurts sometimes…everybody hurts… expresa una canción de la banda de rock estadounidense R.E.M. dejándonos en claro que no somos excepcionales y todos tenemos motivos para pensar en la muerte por elección. Enfermedades, trastornos, soledad, estos parecen ser una epidemia que se va expandiendo entre las personas, y más entre los escritores ¿De qué sirve la grandeza en el talento si no hay felicidad? La vida no ha sido suficiente para aquellas escritoras como Alfonsina Storni o Sylvia Plath cuyas obras son un legado lleno de encuentros íntimos como su poesía.

No sorprende que algunos artistas terminen atentando contra sus propias vidas. La locura- etiqueta para referirse a cualquier desequilibrio mental- con el paso de los años se ha ganado un puesto de respeto por su vínculo con la literatura, sobre todo con los poetas. No obstante, la soledad que conlleva padecer cierto tipo de afecciones hace que el universo de las palabras terminen cavando una tumba a disposición de quienes lo padecen.

Virginia Woolf fue una de las escritoras británicas más brillantes del siglo pasado. Su muerte a causa de la bipolaridad –trastorno que en aquel tiempo se desconocía- la hizo tomar la decisión de ahogarse en el río Ouse y acabar con sus males. Conocida por sus novelas y ensayos, Woolf acredita como una mujer que no deberíamos atrevernos a olvidar, porque sus escritos marcaron un hito en la novela y en el movimiento feminista. Sus últimas palabras están plasmadas en una nota que escribió a su marido, haciéndole saber sus intenciones:

“…Ya no queda en mí nada que no sea la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas puedan ser más felices de lo que lo hemos sido tú y yo”.

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Sylvia Plath es reconocida como una de los principales cultivadoras del género de la poesía confesional junto con Anne Sexton, cuya vida terminaría en 1974 tras suicidarse al encender el motor de su automóvil y provocarse una intoxicación por monóxido de carbono. Plath fue una de las poetas cuya frase “la tercera es la vencida” lejos de ser alentadora, terminó por ser fúnebre. En su adolescencia, como si de una mala profecía se tratase, dejaría en claro que podía ser la mejor en lo que se propusiera y con esa manía de anotarlo todo en su diario, escribe con indicios abrumadores de grandeza y soledad: “Nunca jamás conseguiré la perfección que anhelo con toda mi alma… mis pinturas, mis poemas, mis cuentos”. Pero sus mayores dolencias se debieron principalmente a la muerte de su padre y el abandono de su marido, el reconocido poeta Ted Hughes, algo que nunca superaría. El 11 de febrero de 1963, durante la mañana y antes de que sus hijos despertaran, dejó una bandeja con el desayuno junto a la cama de los niños. Se dirigió a la cocina, tapó todos los resquicios, encendió el gas e introdujo la cabeza en el horno. Sylvia Plath encontraría un escape y no la perfección anhelada.

Luego de ser operada de una mastectomía en 1935, Alfonsina Storni poeta y escritora argentina, se volvió cada vez más huraña al grado de evitar a sus amistades. Ella consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío, de hecho así lo había expresado en un poema dedicado al también suicida Horacio Quiroga, quien había sido su amigo y amante. Por ello, el desconcierto que dejó su muerte fue sostenido por las cartas que Alfonsina había dejado y por el título de lo que fue su último poema “Voy a Dormir”. Lamadrugada del 25 de octubre de 1938, Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar, dejando su vida tras cada paso que daba.

Florbela Espanca y Alejandra Pizarnik, dos escritoras y poetas de Portugal y Argentina respectivamente, no solo tuvieron en común su amor por las letras, sino también la forma como decidieron terminar con sus vidas, pues a pesar de haber residido en distintas épocas y lugares, ambas murieron ingiriendo barbitúricos y lo hicieron a la misma edad: 36 años, y por si fuera poco, dichas poetas ya habían intentado suicidarse dos veces. Florbela lo haría el 8 de diciembre de 1930, día de su cumpleaños. Y Alejandra el 25 de septiembre de 1972.

Woolf, Plath, Sexton, Storni, Espanca y Pizarnik tienen en común el sentimiento depositado en cada uno de sus versos y sus últimos suspiros. Aquellas poetas trazaron un camino al permanecer en el colectivo de aquellos escritores prisioneros de su creatividad, sin siquiera ser conscientes de ello. Conocer parte de su historia, brinda una perspectiva que valora la literatura femenina y su aportación a la lírica, esto es sin duda por los diversos estilos, temáticas, y contribuciones a las corrientes y épocas a las que pertenecieron cada una de ellas, además de poder apreciar su independencia y esfuerzo depositado en el recorrido que siguieron en las letras.

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