Coincidimos en un encuentro de poesía y en la mesa del desayuno en el 500 noches de San Cristóbal de las Casas. Mónica aparenta menos edad de la que tiene, su cabello es largo, lleva medias negras y una pashmina en el cuello, se ríe mientras toma el café y nos cuenta de aquella vez que estuvo perdida en Nueva York durante un encuentro de editoriales independientes. Después de varias anécdotas interesantes y una somera confesión de las dificultades que tiene una editorial independiente, le pido -si San Cristóbal no la ocupa mucho en esos días-, por favor me conceda una entrevista.

foto“Soy Mónica González Velázquez, soy editora y escritora. Desde hace ocho años dirijo una editorial de libro objeto, Mi cielo ediciones, donde sólo publico poesía”. Diez títulos son de su autoría. Actualmente, planea un compilado con toda la obra que ha publicado. “Podría ser una coedición entre España, Nueva York y Ecuador”. Como editora, ha distribuido alrededor de 50 libros bajo el sello de Mi cielo ediciones.

“La carrera que estudié, diseño gráfico, estuvo enfocada en las artes visuales: la plástica y la gráfica. Yo estaba estudiando el diplomado de Creación Literaria en la Sociedad General de Escritores de México, donde egresé con la especialidad en poesía. Cuando salí de la escuela me dediqué quince años a diseños de propaganda política. Después de tanto trabajo, decidí que estaba cansada y desilusionada de los partidos políticos, quería hacer algo con mi vida que me llenara de satisfacción y lo hiciera con mucho amor.

“Lo que hice fue dedicarme a hacer una editorial con un sello propio, así que, como había estudiado en una escuela de artes plásticas, quise retomar la concepción del libro como objeto. El libro objeto es una edición de poesía que va más allá del libro como texto, se enfoca en la encuadernación, en el formato, la estética y el plus es la poesía. El libro es irrepetible, publico sólo 50 piezas foliadas para que sea auténticamente una obra de arte. No se reeditan”.

Cuando comenzó a hacer libros objetos fue para sus propias obras. Sus amigos cercanos vieron los libros y pidieron que  editara sus poemarios. Después del primer año la invitaron al Primer Encuentro de Editoriales Independientes y Alternativas en Andalucía, España. Ahí conoció proyectos como el suyo. “Saber que no era la única me llenó de vitalidad para emprender nuevas colecciones”. Al poco tiempo la contactaron escritores de España y países vecinos para mandarle sus obras. “Había escritores jóvenes de los setentas y ochentas, también me llegaron poemarios de maestros como Francisco Fernández Naval, de los cincuentas”.

Mónica sólo utiliza ilustradores mexicanos para sus colecciones. “Tengo una colección de poesía internacional que se distribuye por varias partes del mundo y al ser ilustradas por jóvenes artistas mexicanos también estoy haciendo un intercambio entre países, decidí que fueran mexicanos para que su obra fuera conocida. Ahí sí, en la gráfica tengo más autores jóvenes recién egresados de escuelas de artes plásticas”. Algunos de los artistas que han colaborado en Mi cielo ediciones son: la maestra grabadora, Silvia Gaona del D.F.; los maestros Gabriel Macotela y Juan Soriano, quienes donaron su obra; Demian Flores de Oaxaca; y Gabriel Flores Berber, quien hace gráfica, videoarte y música.

Sobre los principales obstáculos a los que se enfrenta la industria editorial según su experiencia, comentó: “En México, la distribución es un tema de cuidado. No es lo mismo distribuir ediciones masivas que nuestros tirajes cortos. Eso implica un gasto en cuanto a las comisiones que piden las librerías, y el tema de Hacienda y facturación. Primero tienes que darte de alta como una editorial establecida para poder sacar tus ISBN, si no estás inscrito a este padrón, no existes como libro; además está el acta del notario público que cuesta muchísimo dinero, y ahora la propuesta de ser una A.C. enfocada a la literatura. El libro no genera impuesto, pero tienes que darte de alta como una A.C. para que sepan que es una asociación no lucrativa”. Mi cielo ediciones no cuenta con subsidios de becas o fondos gubernamentales, sobrevive solo. Conforme se editan los libros y se venden, aumenta el fondo de la editorial para que sea autogestivo. “Algunas editoriales creemos poder lograrlo a través de nuestros propios medios”.

MICIELO

Otra cosa es encontrar los espacios idóneos para llegar al público, Mónica asiste a lugares donde la gente pueda estar involucrada con la poesía o con el tema de algún libro en específico. La idea de su editorial es llegar a cualquier público y crear lectores, no sólo de poesía: hacer campañas de promoción de la literatura. En una plática más en corto comentaba sobre los detalles del papel en el que imprime, la calidad, el lugar de donde viene. Mónica cuida cada detalle en su trabajo, la manera de hacerlo más especial es fundamental.

“Estuve en un encuentro internacional de poesía organizado por la comunidad latina en Nueva York y comentaban que no hay librerías con publicaciones en español aun cuando tienen un alto porcentaje de población hispanohablante. Sólo hay tres. En los encuentros de Ecuador, El Salvador, Colombia, te encuentras que para ellos el hecho de editar poesía de forma independiente también es difícil principalmente porque no hay lectores de poesía”. Quienes van a oír a poetas leer son –casi siempre- otros poetas, o público especializado. La escritora nos cuenta que sólo los eventos masivos como la feria de libro en el Zócalo de México atrae al ciudadano de a pie. Ahí pasa la gente, algunos se quedan a escuchar, otros sólo escuchan por accidente, pero escuchan. “Mucho de lo que he estado trabajando en la editorial es que ellos no vengan a mí, sino yo a ellos. Hay que tener el ingenio para proyectos en los que vayas al grueso de la población, lecturas en lugares públicos menos esperados, como el metro”.

En la ciudad de México, donde vive Mónica, hay un grupo de jóvenes que sube al transporte público y después de unos minutos de viaje, cuando ya ha pasado desapercibido se levanta diciendo cosas como: “Yo, tan deforme de mí que hasta los perros me ladran cuando paso…” con una voz atrayente y expresiones teatrales. Se llaman ‘Poesía y trayecto’, lo traigo a colación en la entrevista.

“Nosotros hicimos algo parecido como parte de un festival que se llamó Poesía y Movimiento. Estuvo orquestado por dos compañeros de la Escuela de Escritores de México, Christian Peña y Linda Guiza. Empezaron el proyecto en 2011, lo hicieron dos años continuos y lo abandonaron por motivos personales”. Al terminar el festival, un trabajador de Cultura Metro, amigo de Mónica, la llamó para seguir haciendo las lecturas dos años más en el anden Zócalo-Pino Suárez. Todos los días de 4pm a 6pm durante dos años leyeron poesía en el anden personajes como: Saúl Ibargoyen, Dolores Castro, Claudia Posadas, José Fernández Granados, David Huerta, además de estudiantes o personas que no habían publicado. “Mi satisfacción es llegar a este público que no está interesado en leer. El hecho de que vayas a leer al metro significa alrededor de 5 mil usuarios -exagerando- del Sistema Colectivo Metro que rompieron su rutina, tuvieron una tarde diferente. Para mí fue maravilloso. Mucha gente dice que la poesía no es útil, yo pienso lo contrario”.

Entre sus proyectos actuales está un ciclo de radio-poemario, un encuentro de poéticas experimentales, donde los autores utilicen otros medios para la poesía como el vídeo, la música, el performance, circo, artes gráficas, para complementar sus recitales. “El año pasado me dieron la sala de Julián Carrillo en la Radio UNAM todos los miércoles. Pienso continuarlo el año que entra, si no en Radio UNAM, en otra institución donde tenga las herramientas tecnológicas para hacerlo.

“Hemos tenido artistas como Rocío Cerón, Luis Alberto Arellano, Raúl Renán que es como el padre de la poesía experimental y que es de Yucatán precisamente, él fue en calidad de homenajeado. El último ciclo fue de homenajes a estos maestros que han profesado el amor por la poesía experimental como Saúl Ibargoyen, Iliana Godoy, y el maestro Hugo Gutierrez Vega, fue de las últimas veces que leyó: a las dos semanas falleció. Es muy satisfactorio contar con el apoyo de grandes maestros que nos siguen impulsando, no nos dejan caer”.

Además de los proyectos de Mi cielo ediciones, Mónica piensa estudiar la maestría en Producción Editorial para profesionalizarse y tener un respaldo académico en su trabajo. ¿Cómo equilibra sus labores de escritora, editora, gestora cultural, distribuidora, y su vida  académica y personal? Mónica se ríe y contesta: “Es darle la importancia a todas las facetas. En la mañana me levanto y hago mi trabajo de oficina: mandar oficios, responder, hacer trámites de ISBN, cotizar papeles, impresores. Por la tarde me doy un espacio para escribir de 4 a 6 todos los días. Eso ya es rutina militar. Y luego, leo. Por las noches si tengo eventos donde haces la difusión de tus autores, voy y si no, me quedo en casa”.

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