Por Katia Rejón

Ilustración: Luis Cruces Gómez

Mito: Los millennials no pueden terminar las cosas y no toman la iniciativa

Pon tú: hay chicos y chicas de mi generación que cuando les cuentas una idea ¡boom!, los ojitos les brillan, empiezan a alimentarla con reflexiones, y dicen: ¿sabes qué estaría padre? Y enseguida sueltan un proyecto digno de ganarse la beca del FONCA. El dilema empieza cuando tienen que ponerlo en marcha.

He desaparecido a la mitad de un plan, eso que ni que. Principalmente porque no tenía idea de cómo hacerlo, sólo sabía que era posible. Así varios amigos me han dejado colgada con proyectos colectivos por la tesis o el trabajo. Igual y el problema es la falta de dirección y retroalimentación. El esquema horizontal (nadie es jefe, somos iguales) sólo sirve cuando todos están en el mismo canal y saben bien cuál es el trabajo que le toca a cada uno, y eso no es algo fácil de lograr. Con el tiempo comienzas a darte cuenta de con quiénes puedes trabajar y con quiénes no, y eso va más allá del talento o iniciativa que pueda tener una persona, se trata de que conozcan el proceso para llegar a la meta, y que tengan el suficiente compromiso para no dejar todo tirado cuando el entusiasmo se les baje.

Cuando comencé a leer el libro Millennials en la oficina de la empresaria Lee Caraher, estaba convencida de que no iba a identificarme con mi generación. Pausa para burlarme de mi ingenuidad. Y no sólo me hizo bajar la cabeza, sino que me ayudó a entender cómo funcionan las dinámicas de trabajo para nosotros. Una manager de la Generación X comentaba: “Trabajo con muchos millennials que son brillantes, pero no veo que trabajen mejor que otras generaciones. Están motivados pero no son muy responsables. Necesitan más contexto, más explicación y más dirección para empezar un proyecto. Incluso necesitan más guía y retroalimentación para poder hacer algo”1.

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Pero la generalización es el opio del pueblo. También es justo reconocer que dentro de ese término tan nuevo, y ya gastado, de “emprendedor” hay varias personas que han sabido equilibrar todo lo que un millennial desea en la vida: trabajar en lo que les gusta, generar buenos ingresos, y aportar algo valioso y diferente a la sociedad. A gran escala se me ocurren grupos como Wikipolítica y el Diputado Local del Distrito 10 en Jalisco, Pedro Kumamoto, que con tan solo 26 primaveras ha logrado llegar a puestos públicos con poco dinero, apoyándose prácticamente sólo en redes sociales para su candidatura independiente, y buenas propuestas.

Kumamoto salió a decir que política no es corrupción y que nosotros podemos generar un cambio a través de iniciativas de ley que beneficien la democracia. La idea tan simple de #SinVotoNohayDinero puso en una cuerda floja algunos privilegios de la clase política y los partidos mexicanos, y a lo mejor a muchos se les había ocurrido antes pero este millennial fue quien lo llevó a la Cámara de Diputados.

Mito: Los millennials no trabajan duro

Hace falta mucho más que “trabajar duro” para lograr lo que las generaciones anteriores lograron y eso también hay que decirlo. Si se han apoyado tanto las iniciativas de emprendedores es porque las instituciones públicas saben que no hay de otra: no hay espacio para la nueva generación en las empresas consolidadas. Y el “empezar desde abajo” de hoy significa que no tendrás prestaciones, seguro social, afore, o cotizaciones en Infonavit.

Para el 2020, los millennials representarán el mayor porcentaje de fuerza laboral en el país. Al mismo tiempo que 10 millones de personas en edad de jubilarse con el régimen de Afore (vigente desde 1997) no podrán hacerlo porque “con este ahorro se estima que sólo alcanzará para que un trabajador se jubile con el equivalente al 30% de su último sueldo”.2 Como la esperanza de vida en México ha subido a 75 años, se prevé que los trabajadores esperen más tiempo para el retiro y continúen trabajando para cubrir sus gastos. Así que papás de millennials: vayan reacomodando un catre para sus retoños y olviden el gimnasio en casa.

Un amigo me cuenta que trabaja en una tienda departamental y lo detesta. Su turno es de medio tiempo pero a veces tiene que quedarse horas extras sin paga3. Sus jefes son gruñones y básicamente hace el trabajo que podría hacer un mono entrenado. Sin embargo, no lo puede dejar porque tiene una enfermedad crónica que requiere tratamiento y necesita el seguro para pagarlo. Los fines de semana se dedica a realizar proyectos personales y actividades culturales que también requieren horas de trabajo que de ningún modo son recompensadas salarialmente. Me pregunto qué sucedería si estas personas comprometidas con ciertos servicios o proyectos sociales pudieran integrarse en el ámbito que les interesa como trabajadores.

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Me he topado con gerentes con proyectos de reforestación, veterinarios que realizan campañas de cuidado animal por su cuenta, maestros curadores de arte, o abogados que promueven el ámbito musical. Gente que malabarea para sostenerse a sí misma mientras hace acciones concretas sin interés económico, lo cual, lo voy a decir, es muy diferente a dedicarse tiempo completo a ser activista social, ecofriendly o animalover, mientras tus padres te sostienen la vida; o pretender que ya formas parte de Green Peace por darle like y compartir fotos o infografías del tema en Facebook.4

No es común que un adulto de las otras generaciones realice actividades desgastantes sin retribución económica. Pero nosotros lo hacemos todo el tiempo, ya sea porque profesionistas carroñeros nos agarran “de aprendices”, entrenando el músculo de learnability5 o porque no podemos evitar la cosquillita de intentar cambiar el mundo. A lo mejor tienen razón y es porque tenemos esta idea Disney de que somos especiales, que podemos marcar una diferencia y somos los protagonistas de nuestra aldea global.

Hablar de millennials para nosotros es muy complicado porque se ha generalizado más que nunca el comportamiento de un grupo de personas, y éstos siempre van a variar por la personalidad y el contexto de los individuos. Lo único que podemos hacer es analizar las tendencias desde una perspectiva anecdótica. Por ejemplo, admito que acostumbro seguir las reglas, y esto es una vergüenza en el Siglo XXI. Entonces, sí, intento hacer todo lo que se nos exige al mismo tiempo ¿El resultado? La mensualidad del crédito de mi casa está al día, tengo gasolina para ir mañana al trabajo, como sopa Nissin al menos tres veces a la semana y tomo un medicamento contra el estrés. No duermo bien porque uno de mis trabajos exige trasnocharse, y el otro estar despierta a las seis de la mañana. Hago ejercicio regularmente cada tres meses sí y cada tres meses no porque decido aceptarme a mí misma o porque no me alcanza el varo. Tengo que ahorrar por si me enfermo, ya que no tengo seguro social, ni quiero tenerlo: capaz que me inyectan VIH o me quitan el órgano incorrecto.

Ya sé que van a decir: la vida siempre ha sido difícil. No lo dudo, nuestra generación no pasó por la reconstrucción de un país después de una guerra mundial, el miedo a los divorcios, el sida, o una ola de héroes suicidas. ¿Pero las expectativas siempre fueron igual de incompatibles con la realidad?

Mito: Son engreídos: Esperan gratificaciones y ascensos sólo por presentarse.

Otro testimonio del libro dice: “Es importante que muchos millennials han sido criados por la Generación X y por Baby Boomers que han intervenido en cada paso difícil del camino, validando siempre la existencia de sus hijos con premios y trofeos sólo por participar y no necesariamente por hacer un buen trabajo; alentándolos a no conformarse y basando la seguridad en sí mismos, en la participación y no en sus logros”. Aparentemente, el fenómeno de “mi mamá es mi mejor amiga” es mucho más común de lo que había pensado. En un reporte realizado por The Brookings Institude en el 2011 resultó que las personas entre 22 y 30 años respondieron que sus padres son la mayor influencia en su vida, en sus relaciones sociales y los empleos.

En una ocasión, fui a pagar mis ordinarios al colegio y escuché que una madre de familia le contaba a la secretaria que durante seis meses ahorró dinero para comprarle a su hija el nuevo Iphone 4. Y del color que ella quería era imposible encontrarlo, pero finalmente lo consiguió. Antes de que pudiera criticar mentalmente a la pobre mujer, la secretaria le contó una historia parecida sobre su hijo. Y lo decían con tanta pesadumbre, como si no tuvieran de otra.

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Estos datos pueden ser duros porque muchos de los que se quejan de esta generación contribuyeron a crear el monstruo. Para ser justos diré que mis padres me educaron haciéndome ver que lo que yo hiciera me concernía sólo a mí – siempre y cuando respetara los “valores familiares” – y no había cabida a premios o felicitaciones muy efusivos salvo en contadas ocasiones. Tal como un cassette de Paco Stanley yo tenía a “los padres más malos del mundo” porque no me consentían como a mis compañeros de la escuela y me ruborizo sólo de imaginármelos como “mis amigos”. Aún así llegué a sentir que lo merecía todo y que lo quería ahora, no en 30 años. Entonces, no creo que el síndrome de niño engreído se reduzca solo a la educación en casa.

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Mito: Son impacientes, solucionan los problemas de una manera rápida pero no eficaz 

No hay cosa en el mundo que sea inalcanzable para un millennial. Tenemos la información y las herramientas a la mano para comunicarnos y hacer casi cualquier cosa de forma casera. Por ejemplo, ¿qué hice hoy? Vi a un niño en la estación de autobuses en Oslo, tiritando de frío; me encontré a un amigo posando con seis mujeres en Vista Chinesa, Brasil; escuché la reseña completa de una obra de teatro en la Ciudad de México a la que probablemente nunca voy a asistir porque vivo en Yucatán; aprendí a tocar la canción de Picky en flauta dulce, promocioné involuntariamente una cafetería cuando me tomé una foto y la compartí en redes; y leí sobre las cien vidas de la muxhe, Amaranta Gómez Regalado.

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Lo malo es que las cosas que valen la pena toman tiempo. Y el perfeccionamiento es un sustantivo largo y aburrido para muchos de nosotros. Tenemos que entender que hay cosas que requieren tiempo y esfuerzo, fracasos y disculpas.

¿Qué queremos?

1.-Hacer algo diferente
2.- Transformar la manera en que funcionan las empresas, la política, las campañas…
3.-Emprender una idea propia
4.-No invertir tanto tiempo
5.-Un trabajo con impacto social o ambiental de acuerdo con nuestros valores
6.-Estar contentos en el trabajo
7.-Ser parte de un equipo calificado y con buenas relaciones
8.- Retroalimentación y crítica
9.-Freelancear
10.-Que nuestra presencia sea importante (reconocimiento social)

Tan sólo una de estas cosas precisa una vida y mucha paciencia para lograrse. El hecho de que sepamos que se puede conseguir un mejor país con –no sé – políticas de cuidado animal como Holanda, o que entendamos que la pavimentación excesiva de los parques nos afecta, no quiere decir que seamos expertos en cuidado ambiental, que sepamos qué cosas – más allá de plantar árboles o hacer marchas– se necesitan para que el cambio sea visible. Emprender cualquier idea es un proceso largo, cansado, decepcionante en algunas ocasiones y si no estamos dispuestos a asumir eso, entonces tampoco estamos listos para conseguirlo. A veces las cosas que creemos “no sirven para nada” son parte de algo más grande. No hay que demeritar un trabajo sólo porque no salve heridos de guerra o descubra la próxima vacuna contra el cáncer.

Y antes, mucho antes, de preguntarnos si un trabajo nos merece, hay que estar seguros de que podemos hacerlo bien.

¿Te gustó el artículo? Este texto fue publicado en el último número de la revista digital, la temática fueron -obvio- los Millennials. Para leerla completa da clic aquí.

 Pie de página

Del libro Millennials en la oficina de Lee Caraher

2 Del artículo “Millennial: Olvídate de la palabra ‘pensión’” publicado por Exselsior en el 2016. http://m.excelsior.com.mx/de-la-red/2016/06/01/1096126

Contraria a la etiqueta de ‘flojos’, los millennials están trabajando igual de duro, si no es que más duro, que las generaciones anteriores. El 73% dice trabajar más de 40 horas a la semana, y casi un cuarto trabaja más de 50 horas. El 26%  en todo el mundo están trabajando dos o más empleos remunerados”, Millennial Careers:  2020 Vision Facts, Figures and Practical Advice  from Workforce Experts de Manpower Group.

En esta misma edición publicamos un artículo titulado Bajo sus pies, sobre sus hombros de Ial Utsil Balam–Bacab que profundiza sobre este tema.

Learnability es como cuando tienes la habilidad de aprender rápido y adaptar tus conocimientos en un área para volverlo algo redituable. Tipo ser experto en Facebook y aprender a usarlo al cien por ciento para trabajar como Community Manager.

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