La mayoría de los domingos paso la tarde en el auditorio Silvio Zavala Vallado, sí, el del Olimpo. Ya me sé de memoria las caras de los guardias, sus nombres, en qué silla da más el aire, y siento como familiares a las personas que van como espectadores con mucha frecuencia. Hay cosas padrísimas y otras a las que de plano me gustaría no asistir, sobretodo cuando el espectáculo es dirigido a niños. Me ha tocado un par de veces presentaciones tan ñoñas que creo que están dirigidas a chavitos que todavía no pueden ni sentarse solos en una butaca. Peeero, este sábado fue otra cosa totalmente.

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El actor, cantante y cuentacuentos José Luis Vargas propuso algo que al menos yo nunca había visto: un concierto de música clásica dirigido a niños a la vez que contaba historias, sacaba títeres, hacía chistes DIVERTIDOS y cantaba. Como era gratis, llevé a mi hermanita de colada para que de paso me dijera si le gustó o no y así tener una opinión infantil de confianza para mi nota. El resultado fue que le encantó, y a mí también.

Si alguien recuerda la expresividad de Marío Ivan Martínez (el de Chabelo) para contar cuentos, seguramente le gustará saber que José Luis Vargas trabajó muchos años con él. Además, los músicos que tocaron en el evento, pertenecen a un ensamble llamado Arco y Lírica clásica, la mayoría de ellos de origen ruso con los cuales hace diferentes presentaciones en la Ciudad de México. Los músicos del piano, el contrabajo, el violín, la flauta, percusiones, todos vestidos de gala y de la nada se ponen huesos de cavernícola en la cabeza para tocar Carnaval de animales de Saint-Saëns o antenas verdes para tocar El vuelo del abejorro y Sherezada de Rimski Korsakov, o la de Star Wars y hasta de Cri-Cri.

Al final, cuentan la historia de un niño que vive en una ciudad en vías de la modernidad y sutilmente tocan el tema de las fábricas y sus desperdicios, la mecánica de sus jefes (en este caso la dueña es una bruja muy bien interpretada) e inconformidad de la gente que quiere preservar el medio ambiente, todo con referencias cercanas como la vuelta de la esquina.

La idea del show es principalmente que los músicos antiguos requerían vivir en un mundo en equilibrio, en paz con los animales y la naturaleza para poder inspirarse y crear.

Es una propuesta muy buena, no sólo para llevar a los niños aunque por supuesto, los muñecos, títeres, colores, algunos chistes, canciones, incluso el ritmo tan rápido de todo, hace que los pequeños estén con los ojos pegados al escenario sin querer perderse de nada. Pero eso no quita que un adulto o un joven puedan disfrutarlo y reírse tan ampliamente como el público infantil. A mí me gustó mucho, y eso que soy medio amarguetas para los payasos y los chistes bobos.

La próxima semana habrá un par de funciones más, una a las 12 del día y la última a las 2pm. No sabemos cuándo vuelvan a traer una de sus propuestas divertidas, pero hay que aprovechar que están aquí y ¡es gratis!

Pakas!

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