Por Abraham Bote

Ilustración de Isabel Silva

 

Una drag con los brazos y pecho decorados con varios tatuajes se apodera de la cabina de DJ. Es un viernes de julio y La Putivuelta, un nuevo espacio para el baile y el cotorreo, está a reventar. 

IsabelSilva

Ataviada con una falda roja, un top y una peluca corta mezcla música de todo tipo mientras equilibra su chela con una mano, baila e interactúa con los asistentes que no dejan de moverse con las manos al aire. Siente una libertad plena mientras todos dejan fluir sus cuerpos al ritmo que elija.

Los espacios seguros los hacen las mismas personas, no el lugar, reflexiona La Mendoza Mami, madre de la casa vogue House of Mamis, de Ciudad de México y DJ de La Putivuelta.

Eduardo Mendoza, quien está bajo esa piel, es de la primera generación de la comunidad ballroom del país, diseñadora de moda y activista. Platica sobre los espacios libres, inclusivos y de diversidad que son escasos en la ciudad. Hace performance drag y tiene un set de música variada desde los años 70 hasta el dos mil y  reguetón. 

Cuando toco van todas mis amigas de la comunidad vogue, feministas, banda  queer: banda  de la disidencia. Me gusta verlos bailar, es divertido compartir con la banda, me gusta hacer la fiesta, bailar, interactuar  con la gente.   

No le gusta pensar solo en dos géneros y por ello se identifica como una persona no binaria, de género fluido: ni como hombre ni como mujer, más bien transita en medio. 

La activista afirma que vivimos en un país machista, por lo tanto  todo lo que tiene que ver con lo femenino o delicado sufre violencia,  y en una ciudad conservadora como Mérida, es más latente. 

Sí te mal miran, sientes el acoso de las miradas en la calle, piensan que eres un peligro para la ciudad. 

Para La Mendoza,  hay pocos espacios  inclusivos o diversos en Mérida, por eso apenas en julio se abrió el nuevo bar La Putivuelta, en el que su público lo conforman sobre todo mujeres y personas de la diversidad sexual.

Sin embargo, afirma que no debe haber espacios determinados para cada sector de la población, sino todos deben entrar y sentirse  libres en cualquiera. 

Se debe apostar por un futuro diverso donde la disidencia sea aceptada y que no tengamos que encajar en cánones heteronormativos y se viva un ejercicio de libertad tanto de sexualidad como del género.

Para lograr esto, desde su visión, se tienen que construir espacios y momentos de reflexión para las personas, aunado a que la gente no deba tener  miedo. 

En  Mérida se vive un doble moral donde a la comunidad se le obliga vivir en el  clóset, cuando en otros ciudades ya hay una revolución de género, su preferencia sexual ya no implica un problema.

Aunque la Ley Federal de Protección al Consumidor en su Artículo 58 establece que un proveedor de bienes, productos o servicios no podrá negarlos o condicionarlos al consumidor por razones de género, nacionalidad, étnicas, preferencia sexual, religiosas o cualquiera otra particularidad, en pleno 2019 la disposición no se cumple

Hay notorios ejemplos de ello. Apenas un par de meses atrás se hizo viral el caso de una pareja del mismo sexo a la que sacaron de un restaurante en Monterrey, Nuevo León, con frases discriminatorias como  “de la manita no te puedo atender”

México es un país que discrimina y no es una afirmación al aire, pues la Encuesta Nacional sobre la Discriminación 2010 (ENADIS), revela que el 24% de los mexicanos no estaría dispuesto a permitir que en su casa vivieran personas de otra religión, 23 % no lo permitiría en el caso de personas de otra raza y 44 % en el caso de homosexuales

 

Si bien los espacios inclusivos y de diversidad en Mérida van creciendo, como La Putivuelta, Casa Ágata y El Apapacho, en una sociedad conservadora como la de Mérida los lugares donde la comunidad LGBTTIQ+  pueda acudir sin temor a ser discriminada por su apariencia o forma de vestir todavía son escasos

Encontrar un espacio es todavía más complicado para las mujeres trans, por lo que se han optado por espacios exclusivos para la comunidad para no sufrir de estas situaciones lamentables. En El Apapacho, por ejemplo, al solicitar personal se da ventaja a las mujeres y personas de la comunidad LGBTTTIQ+, para compensar la falta de igualdad de oportunidades para las personas trans, queer, y todo lo que no entre en el binarismo.

En Yucatán, la discriminación, violencia contra los derechos humanos y falta de inclusión laboral, educación y reconocimiento social y legal son algunas dificultades que padece la comunidad yucateca transexual y transgénero.

Así lo dieron a conocer los participantes en la conferencia “La transfobia: ser trans en Mérida”, en la Facultad de Psicología de la Uady, en el marco del evento “Más Diversidad: Semana de los Derechos Humanos”, organizada por el colectivo Más Derechos Humanos, en enero pasado. 

Patsy España Chan, mujer trans del  Colectivo Peninsular YucamQroo “Xkich Paan Ko’olel Trans Yucatán”, comenta que sí existe transfobia en el estado, y se hace aún más visible cuando alguna persona trans acude a algún sitio de entretenimiento, ya que al momento de ir a los baños de los establecimientos o público las “mandan a los baños de varones” o se tienen situaciones penosas con la policía municipal. 

Nos siguen viendo como vestidas o disfrazadas, no aceptan el hecho de que nos identificados y expresamos como mujeres

Mientras que en los antros como el Blue Namu Cabaret o Foxys que son especiales para  comunidad LGBTTTIQ+, sí hay seguridad, en otros lugares y restaurantes no se sienten seguras y sufren de discriminación. En la opinión de Patsy, falta una concientización  de la sociedad.

En gran parte, también falta una organización efectiva de la propia comunidad, involucrarse más a la hora de crear espacios que garanticen la seguridad de toda la disidencia sexual. Los esfuerzos pueden ser muchos, pero los beneficios también, entre otros: tomar el control de divertirse con dignidad y respeto. La Mendoza Mami lo tiene claro cuando recomienda:

No tengan miedo a ser quien son: vivamos un sentimiento de libertad comunitario y hacer notar que somos fuertes y no tenemos por qué ocultarnos para poder vivir nuestra vida como queremos.

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