Por Katia Rejón

Fotos: Archivo Murmurante Teatro

La cultura es un derecho humano reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, en un municipio a más de 50 kilómetros de la capital, dos chicas de tercer semestre de preparatoria dicen que a ellas nunca les toca nada cultural ni artístico. Lo dicen mientras ven al actor Roberto Franco explicarles a los jóvenes de primer semestre la dinámica del proyecto multidisciplinario Las constelaciones del deseo, de Murmurante Teatro.

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—¿Y cuándo van a volver?, ¿también entrarán con los de tercer semestre?, preguntan las jóvenes.

Las constelaciones del deseo ha recorrido la Ciudad de México, San Luis Potosí y Lima, Perú. Con apoyo del FONCA, hicieron una gira por los municipios del interior de Yucatán como Progreso, Kanasín, Mérida, Valladolid, Homún, Ticul, Umán, Tixkokob, Muna y José María Morelos en Quintana Roo.

La puesta en escena se divide en dos partes. En el pasillo los organizadores instalan una pantalla de acetato donde el dibujante Ricardo Espadas calca a los jóvenes y los convierte en caricaturas hechas con plumón. A ellos les encanta pero les da un poco de pena ponerse frente a él y mirar a través del acetato, un plástico transparente, mientras el artista los delinea sin tocarlos.

Del otro lado, sobre el mismo pasillo, hay una vieja máquina de escribir con un párrafo ya empezado que dice: “Todavía no se conocen todas las formas posibles en las que puede crecer un árbol. Comparto la naturaleza de lo incierto. Los seres de carne, sin embargo, tienen la ventaja de decidir dónde y cómo florecer…”. A partir de este párrafos los estudiantes deben continuar una historia, es el viejo ejercicio del cadáver exquisito que los estudiantes afirman nunca haber realizado.

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También hay una mesa con información del proyecto, con lecturas sobre la diversidad sexual y un minidocumental de Murmurante Teatro que se reproduce como un loop. Simultáneamente, Roberto Franco lee unos fragmentos de algo que podría ser su diario personal y les pregunta a los jóvenes espectadores cómo se definen, les pega el megáfono en la boca para que contesten. Algunos voltean la cara con pena y otros sostienen el aparato con fuerza, así es la diversidad.

 

—Lo que pasa es que yo tengo una definición de mí muy larga, dice F. cuando Andrea Cruz le pide describirse en una palabra mientras lo graba. Ella le contesta que no importa, que la diga y él dice: soy romántico, soy sensible, buena persona…

Murmurante realiza un registro documental de todas las sesiones realizado por Josue Abraham, Victor Rejon Cruz y Mario Galván, mismas que comparte en redes sociales de tal forma que la experiencia no se quede en el aula, sino vaya a un público más amplio. El 16 de febrero del 2019 a las 20 horas estrenarán el documental Las Constelaciones del Deseo en Murmurante Teatro, para dar a conocer el trabajo de este año.

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No es justo llamarle “proyecto” a una propuesta humanizada y que se sale de todos los protocolos y formatos escénicos. Quienes colaboran en Las constelaciones del deseo, desde los camarógrafos hasta los psicólogos, se enfrentan a una centena de adolescentes escandalosos y, en el mejor de los casos, preguntones.

La segunda parte es el conversatorio con Ariadna Medina, directora de Murmurante; el psicólogo y sexólogo, Juan Canto; el psicólogo y artista escénico Erick Silva; el artista visual, Ricardo Espadas; y el actor Roberto Franco.

—Estamos muy felices de estar aquí. Nosotros somos Murmurante Teatro. Estamos aquí para resolverles todas sus dudas y para escucharlos, dicen.

Los chicos aplauden.

—Hetero, bi, gay, puto, buga, pasivo, lencha, mayate, chichifo, vestida, trailero, bicicleto, putañero, chacal, choto, marica, queer, peluca, tortilla, muerde almohadas, macho calado, flora, trolo, trailero, puñetero, jota, cangrejo, sodomita, muxe, machorra, heterosexible, pico suelto, etcétera. Estas categorías y las que se nos ocurran no bastan para nombrar lo que queremos nombrar hoy, introduce Ariadna.

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Agrega que el conversatorio es para hablar de temas como la diversidad sexual, el embarazo adolescente, la violencia en redes sociales y noviazgo, VIH y cualquier pregunta respecto a la sexualidad. Los jóvenes tienen un papel donde pueden escribir cualquier duda de manera anónima y los panelistas responderán.

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F., el mismo joven que se describió en el vídeo, tiene la mirada clavada al estrado. Algunas niñas sentadas en el borde permanecen expectantes y al frente hay otro chico con los audífonos en las orejas con expresión aburrida. La mayoría de los varones se dan patadas, se empujan, se ríen entre sí. Antes de comenzar hay un grupo en el fondo que se hace una llave de lucha libre, juegan.

—¿Cuál es la diferencia entre sexo, género y orientación sexual? ¿Saben qué es el pack?, es la primera pregunta de los moderadores.

El joven levanta la mano y los de alrededor se burlan de él. Contesta la primera pregunta como responderá otras más durante la charla. Sus compañeros le pasan a él los papelitos con sus dudas anónimas y él se las da a María José Pool, asistente.

—Fotos de personas sin ropa, partes íntimas de esa persona que va divulgando. La persona queda mal y no busca cómo sentirse, responde el chico titubeando.

—¿Ustedes han tenido un problema de que alguien haya mandado el pack?

—¡Síii!, contestan al unísono.

—Es importante que sepan que desde hace un par de meses se acaba de aprobar una ley. Si pasas el pack puedes tener hasta 10 años de cárcel o correccional de menores. Aguas con eso, compas, les explica Juan Canto.

—¿Ustedes saben qué es homofobia?

—Yo sí, contesta F., muy seguro. Y atrás se ríen, alguien le da un empujoncito en el hombro.

—Que son personas discriminantes a los gay, lesbianas, bisexuales, transgénero o travestis. Porque en México y en los pueblos se sufre homofobia, tienen miedo de contagiarse o volverse homosexuales, dice más seguro esta vez.

—Maaa, contestan sus compañeros en grupo.

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Para quienes nacen y viven en un contexto que les dice por todos lados que lo que son está mal, escuchar a seis profesionales argumentar por qué la homosexualidad es sólo uno de los muchos espectros de la sexualidad, válido y libre, que se puede ser feliz siendo uno mismo, esto es un respiro.

A cada cosa que los panelistas apuntan, F. asiente la cabeza, a veces de forma muy notoria, otras apenas moviendo los labios. Se voltea con su amiga, le dice “¿viste?”. Parece como si por fin alguien le dijera que está bien ser gay, como está bien ser cualquier otra cosa. Por primera vez escucha de viva voz que la homofobia es en lo que hay que trabajar, no en la conversión de todo el mundo a las heterosexualidad.

—La homosexualidad no es una enfermedad, dice Juan Canto, categóricamente, y F. suspira como si ya lo supiera de antes, pero necesitara oírlo de alguien.

En el salón donde se discuten los temas no hay profesoras y el escándalo va y viene. Ellos preguntan: ¿Por qué los hombres se convierten en putos? ¿Cómo evitar ser maltratada por tu novio? ¿Por qué le tengo celos a la amiga de mi novio? ¿qué pasa si la mato?

Cada pregunta es tomada con la seriedad que amerita la incertidumbre de unos jóvenes de 15 años, de cara a la vida por delante. Se acaba el tiempo y Andrea Cruz proyecta los videos de todos los jóvenes que se grabaron definiéndose: Soy amigable, divertida, extrovertido, tierna…

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Después de desmontar todo, de vuelta a Mérida los participantes hacen una retroalimentación de cómo vieron al grupo. Cada una de las presentaciones es diferente, por la naturaleza de la dinámica. Las preguntas son las que guían el tema principal de las sesiones, en esta ocasión -coinciden- fueron los celos y la homofobia.

Esta es la última sesión que tiene el grupo de Murmurante Teatro como parte de su gira por el interior del estado. Hay una sensación flotante de que no es suficiente lo que se ha hecho, aunque se haya hecho bastante.

—Tenemos que regresar, dice Ariadna. Y todos se ríen, pero queda la certeza de que la labor no termina.

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