Por Jesús Cámara Ríos

Fotos del libro Travestis, transgéneros y transexuales de Mérida de Germán Pasos Tzec

Las luces se vuelven tenues en una fría noche de viernes del año 1968 y la cortina de humo cubre el escenario que sobresale de entre las mesas del bar Los Farolitos, de la avenida Pérez Ponce. Por el sonido, el maestro de ceremonias anuncia el siguiente acto: con ustedes, Mayambé.

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Los espectadores se quedan atónitos al observar a una despampanante mujer de estatura mediana, bello rostro maquillado y mirada mística debajo de las gruesas pestañas postizas. El elegante vestido de canutillo combina perfecto con su enigmática expresión, y su fijación por los detalles demuestra su profesionalismo en el escenario.

Entre los años sesenta y setenta, Mayambé, de verdadero nombre Jesús, fue de las precursoras en Mérida en hacer show travesti escénico en la modalidad de vedetismo. Originaria de la ciudad de Umán, alcanzó una gran fama que la llevó a presentarse en cabarets como el Afro-Casino y La Huerta de Acapulco, así como escenarios de otras partes de México, durante más de 20 años.

La comunidad de las mujeres trans y travestis revolucionó la vida nocturna y el entretenimiento de la conservadora capital yucateca desde la segunda mitad del siglo XX, cuando las carteleras de los bares más concurridos de la ciudad incluían entre el espectáculo a personas de la comunidad LGBTTTIQ+, que se llevaron los aplausos del público en cada presentación.

En entrevista con Germán Pasos Tzec, antropólogo, periodista y autor de la primera tesis dentro de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) en abordar temas de la diversidad genérica, relata que debido a su aceptación entre el público, Mérida comenzó a recibir ballets travestis y enviar a sus artistas locales a otras partes del territorio nacional, a pesar de la persecución policiaca que había en la ciudad, conocida popularmente como razzia.

La tesis

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El trabajo que a lo largo de tres décadas ha realizado Germán Pasos es de vital importancia ya que es una de las pocas personas en Mérida que ha documentado los movimientos LGBTTTIQ+ en Mérida. Su labor inició durante la investigación de su tesis Homosexualidad y cultura: Una visión de las relaciones homosexuales en Mérida (1992), un trabajo complicado de llevar a cabo por la nula disponibilidad de teoría para consultar. Actualmente se encuentra en la biblioteca de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY, donde es consultada por alumnos de antropología, historia, literatura o psicología.

Entre las complicaciones que el autor vivió durante la realización de su tesis, recuerda con claridad el día en el que le hicieron arrancar una hoja del encuadernado, a un par de días de presentarla ante sus sinodales. “En cada capítulo tenía la mención de un autor. En el capítulo tercero estaba la cita de El Vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata Quiroz. Es una novela de un sexoservidor, pero mencionaba la frase ‘mámame la verga’, entonces el asesor me dijo que era imposible entregarla así”.

Pasos Tzec considera que la tesis que realizó nunca debió ser aceptada en la época en la que estudió: “me arriesgué a mucho. Aunque hubo cierta apertura porque pudieron haberme dicho que hiciera un trabajo de hamacas, de huaraches, de sombreros o de la cultura maya, porque eso es lo que se espera de un antropólogo, pero menos de homosexualidad”.

Al final la hoja tuvo que ser arrancada del encuadernado, pero no afectó el contenido de su trabajo.

Periódicos y ambiente

Posterior a su carrera universitaria, Pasos Tzec, quien también es autor del libro Travestis, trangéneros y transexuales de Mérida. Escenarios y pasarelas, espacios de expresión y represión de la diversidad genérica (2008), se desempeñó como periodista en el extinto Diario del Sureste que se imprimía en Mérida. En dicho medio nunca existió una fuente que diera voz a los movimientos LGBTTTIQ+, aunque existían concursos de belleza gay y distintas manifestaciones por parte de estos grupos.

Su libro muestra cómo los medios de comunicación consideraban a la comunidad sólo cuando aparecían en notas policíacas que relataban las razzias, ataque sorpresas por parte de la policía, donde encontraban la manera de echarle la culpa a las víctimas.

Una de las razzias más sonadas en Mérida fue la que realizaron elementos de la SPV el 20 de agosto de 1997 en la sala de fiestas “Silas”, ubicada en la colonia García Ginerés, cuando se llevaba a cabo el concurso para elegir a la señorita Yucatán.

El evento inició con normalidad pero minutos después se llenó de policías, que cercaron la manzana y detuvieron arbitrariamente a 39 personas por estar vestidas de mujer, entre ellas a la Xóchitl, una famosa travesti de talla nacional que vino como invitada al evento y jamás regresó a la ciudad.

Respecto a este hecho, el Diario de Yucatán publicó una nota el 22 de agosto del mismo año en la sección de Sucesos de Policía como una “ofensa a la moral”, donde señaló que los detenidos tenían “costumbres raras” y escandalizaron en estado de “embriaguez” la sala de fiestas, por eso varios vecinos se quejaron de la pasarela que “los travestistas” habían instalado para desfilar vestidos de mujer frente a un jurado.

Concluyendo su aportación informativa con señalamientos como “Individuos de esta repugnante ralea, que hacen pública su ostentación de desviadas inclinaciones, que antes se mantenían en secreto, no deberían andar sueltos por la ciudad” y “Creemos que una amonestación por severa que sea surte poco efecto. El escarmiento debe ser mayor para evitar el contagio”.

Vida Nocturna en la pista de baile

Fuera de las planas de medios convencionales, en la escena nocturna meridana se desenvolvió un movimiento que acaparó escenarios desde el éxito de Mayambé. La demanda del público llevó a los empresarios de los centros nocturnos a traer ballets de baile travesti con chicas de otros estados de México. El primero que se presentó en la ciudad fue Les Femmes en 1977, encabezado por la vedette Esmeralda.

Después de sus presentaciones en Mérida, el impacto del show presentado por Les Femmes impulsó en 1978 la creación del primer ballet travesti yucateco. Así surgieron Las Crazy Ladies, agrupación formada por cuatro figuras surgidas de los concursos de belleza gay en Mérida: Susana Parra, Sherrier Colleman, Keni Hapels Moure y Silvia Arrigunga “La Xuy”.

Aunque esta agrupación no permaneció por mucho tiempo unida, Las Crazy Ladies lograron presentarse en fiestas privadas y realizaron giras por varios municipios de Yucatán, así como presentaciones en Campeche, Ciudad del Carmen, Cancún y Playa del Carmen, lo que las volvió un parteaguas en el espectáculo nocturno de esa época.

Las Crazy, como las conocían, dieron paso a la integración de agrupaciones locales que se presentaron en los bares de Mérida. Entre ellos el ballet Finoccios, Cocay Travesti Show, Fantasy Show, Sexy Love Ballet, Sexy Sexy Love y las Funny Girls, que encabezó Francis (antigua integrante de Les Femmes) después de quedarse en Mérida, cuando el ballet donde trabajaba tuvo diferencias internas al terminar su temporada en el centro nocturno Tulipanes.

Sobre el tema, Pasos Tzec señala que el show travesti era muy aclamado y aplaudido entre el público.

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¿Y la gente que asistía a estos bares sabía que iba a ver travestis?

Sí, era un éxito, todo el mundo quería ser travesti porque donde sea te contrataban. Yo me metí en un grupo con un amigo que era muy emprendedor, pero estaba estudiando y no tenía dinero para el vestuario, así que él terminó comprándolo para que yo me presentara en las giras de los pueblos como Río Lagartos, San Felipe, Panabá, Sucilá y Motul, nosotros trabajamos todo lo de por allá.

Yo creo que en Mérida, hasta la fecha sigue siendo muy aceptado, es una doble moral, porque por un lado se persigue a las que se dedican al sexoservicio y por otro aplauden el espectáculo.

¿Las artistas trans se limitaban a interpretar a personas famosas?

Sí, no existía el que creaba personaje propio, eso es algo reciente. Todas se vestían de mujeres famosas, es lo que le gustaba a la gente, pensar que está viendo a una artista, como lo dice Antonio Marquet en su libro Travestismo, transexualidad y draguería.

La idea es que la gente que no tiene dinero cree una fantasía, se siente en primera fila a ver una artista que jamás tendría la posibilidad de mirar de esa manera. Entonces salen a la cantinucha y ahí aparece la artista. En ocasiones las travestis sí se parecían a quienes imitaban, entonces sólo bastaba con poner la canción en el cassette o acetato y mover la boca.

¿Yucatán se volvió un exportador de show travesti a nivel nacional?

No podría decirte con exactitud, pero creo que era igual en todo el país. Sí salieron muchos travestis de acá, pero no para hacer espectáculo de solistas, salían en grupos y hacían sus giras, buscaban contratos en otros estados, pero Las Finoccios lograron cruzar a Estados Unidos para presentarse.

¿Eran bien vistos fuera del escenario?

Había una aceptación relativa, porque si la gente los veía andando en la calle les gritaban y les tiraban cosas. En la calle no se podía ser travesti, por ejemplo en Progreso aparte de las groserías les tiraban huesos de pescado, lo peor es que eran las mismas personas que asistían al show nocturno.

¿Por qué dejaron de existir los ballets travestis?

Los grupos travestis se desbarataban y se volvían a juntar, por cuestiones de egos o individualidades, siempre había discusiones, pero siempre fue una situación difícil estar en un grupo.

¿Existió una brecha salarial entre artistas hetero y trans cuando se presentaban en los mismos bares?

No, sí les pagaban a todas por igual, pero las trans no viven de eso solamente. Imagina yo cuánto más pude haber ganado si me hubiera dedicado sólo eso, no mucho. A mí lo que me llamaba era el show, pero cuando pasó mi tiempo dejé de ir a las discos y participar en los espectáculos.

En el caso de Las Funny Girls, ellas estaban dedicadas al show porque se presentaban diario, por eso fueron el primer grupo famoso de travestis yucatecas y llegaron a tener giras hasta en Mazatlán. Fuera de ellas, yo creo que ninguna travesti vive solo de su salario como artista, normalmente tienen otro trabajo como modistas, estilistas, comerciantes o se dedican al sexo servicio.

¿Cómo ha cambiado el espectáculo nocturno que se ofrece actualmente?

Antes, cuando había show nocturno en La Cascada, donde también bailaban mujeres, las muchachas se quitaban el chichero hasta el tercer show que era en la madrugada, lo veían quienes aguantaban la noche. Ahora desde las primeras canciones ya se quitaron todo. Además en la pista uno bailaba, se revolcaba, desfilaba y cantaba, todo con ropa, tampoco existía el dichoso tubo donde se trepan ahora.

Se intentaba calcar a una cantante como a Lola Beltrán o Silvia Pinal y aunque ahora también salen personajes travestis, ya no son la imitación de una estrella. Por ejemplo las comediantes regionales que solo se ponen un hipil, se pintan, se ponen la peluca y ya son artistas. Además se trepan a mentar madres, eso no es un show, es un espectáculo denigrante. No puede ser posible que salga un artista con un espectáculo que no se ensaya, hacen lo que les da su gana al momento y aparte les pagan.

Con el paso de los años y la llegada de nuevas generaciones ¿cómo es el retiro de las travestis que se dedicaban al show?

Triste, la experiencia de los que yo conozco, que empezaron en ese tiempo pero ya tienen una edad de retiro, terminaron mal, primero porque se dejaron de pagar las prestaciones. Se dejó de pagar la ANDA (entregada por el sindicato conocido como la Asociación Nacional de Actores), que era una prestación como un fondo de retiro y daba derecho de obtener seguro social. Hay algunos artistas que sí pudieron pedir su pensión a través del seguro, pero a las que yo conozco no la tienen. Yo obtuve la mía pero porque yo soy jubilado de mi trabajo en el periódico, pero a las que sólo se dedicaron a ser vedettes no les pagaron su retiro.

Los artistas que se están presentando ahora y de eso viven no tienen ninguna expectativa del futuro, pero cuando termine su vida de travesti no van a tener pensión, tendrán que estar trabajando en alguna otra empresa para conseguirla.

¿Es como una caída en picada?

Sí, las travestis que yo conocí en mi generación están ahora en una situación muy difícil, están mal. A una lo que le están dando es el apoyo que da ahora el gobierno federal, el apoyo universal, de eso está viviendo. Aparte vive con un señor que también ya es viejito y desyerba, también recogen y tiran basura, de eso viven.

El sexo comercial

En su libro publicado en 2008, Germán Pasos relata que durante los años ochenta, con el auge de los espectáculos travestis en Mérida, también vino la opción para algunos miembros de la comunidad trans y travesti de satisfacer la demanda de sexoservicio que las chicas de los clubs nocturnos no cubrían. Mismos clubs en donde ya se presentaban los shows “de ambiente”.

Para la siguiente década, el sexoservicio travesti se había consolidado independiente a los espectáculos nocturnos, habiendo figuras que únicamente se dedicaban a esta actividad en los mismos bares, aunque en ocasiones solo ofrecían compañía con las llamadas “fichas” que cobraban en efectivo al final de la jornada, sin tener que involucrar sexo de por medio, lo que les valió el término de “ficheras” por solo vender su compañía.

El trabajo del sexo servicio también trae consigo mucho riesgo, desde la persecución policíaca, las agresiones, las enfermedades de transmisión sexual como el VIH-SIDA, los encarcelamientos y homicidios. Sin embargo, el ingreso económico que genera esta actividad es lo que la impulsa a pesar del peligro.

Una de las principales causas del asesinato a travestis y transgénero, según el autor, se desarrolla durante el acto sexual, cuando el cliente que contrata sexo comercial se encuentra en la situación donde la sexoservidora le pide penetrarlo. Las llamadas ‘penetradoras’ son travestis que muchas veces son contratadas por sus clientes varones para invertir los papeles en el acto sexual.

De acuerdo al libro, es muy común que un travesti termine penetrando a su cliente, pero en el acto hay una delgada línea entre el ofrecimiento y un riesgo mortal. El ego de los hombres que contratan servicio de sexo comercial, esperando penetrar a un travesti (y no al contrario) se convierte en ira y en la mayoría de las ocasiones desenlaza en un asesinato.

¿Cómo vive una mujer trans el riesgo de pedir invertir los papeles con su cliente?

Es una situación muy seria, porque da pie hasta que te lleguen a matar y muchas veces hasta te echan la culpa. La defensa de los asesinos cree que si el implicado dice ‘es que me quería penetrar’, se justifica el asesinato. El hombre puede penetrar a otra persona, pero que lo penetren a él no se puede, porque esa persona que lo intenta merece morir, merece que la mates. Es increíble cómo está esta situación, pero es la formación que tenemos, aún así las chicas se siguen arriesgando.

¿Como defiende el sistema de justicia a los homicidas de travestis?

En esos casos, un homicida puede llegar a tener ayuda de un abogado que le aconseja al agresor decir que la víctima lo quería violar, aunque no sea cierto eso lo salva, reduciendo su condena hasta cuatro años. Con eso han salvado a muchos homicidas que les han restado condenas, porque los jueces también están dentro de este tipo de pensamiento retrógrada de decir ‘si este era el puto, ¿por qué le quiso meter la verga al otro? Es culpable’, en ese contexto la víctima es culpable de que la hayan matado, porque lo merece.

¿También ocurre lo mismo cuando un hombre contrata a una mujer trans pensando que era una mujer?

Eso no existe, es una gran mentira, son historias que salen en el periódico donde el afectado dice: ‘me robó, me engañó diciendo que era mujer y no lo era’. Ninguna travesti afirma ser mujer, sí te lo puede decir pero es un juego que se desarrolla estando en el ambiente del sexo ¿cómo va a caer una persona? Se nota en la voz, en los ademanes, en las manos y en la forma de ser. Están en un ambiente gay, de sexo comercial, con otras travestis y de repente aparece una miss universo ¿y tú vas a pensar que es mujer? Es mentira, es falso. Eso lo dicen porque normalmente son casados y quieren contratar sexo comercial, pero de momento les roban y piden auxilio a la policía, pero lo primero que dicen para justificarse es decir ‘yo pensé que era mujer’, para no admitir su gusto por el sexo con travestis.

Políticas públicas e inclusión

Aunque en 2003 se aprobó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, que incluye a las personas de la diversidad, las nuevas reglas que llegaron hasta a los periódicos son ignoradas, debido a que algunos siguen usando lenguaje ofensivo que incluye palabras como maricones o mujercitos.

¿Cómo ha cambiado la política pública en cuanto a la no discriminación?

Yo veo que hoy la discriminación continúa, pero es más sutil y de carácter administrativo. Antes una travesti no podía salir a la calle con una blusa porque se la llevaba la policía, ahora te dejan salir vestida como quieras, no te van a dar trancazos. La discriminación cambió de ser violenta físicamente para esconderse detrás de lo reglamentario, porque no te van a permitir casarte ni que tengas hijos.

Hay algunos medios que también han recibido recomendaciones de Derechos Humanos porque se han quejado las personas de la manera en la que escriben sus notas ya que es delito discriminar. Lamentablemente al público le gusta leer ese tipo de cosas porque es discriminatoria. Hasta yo he caído en eso sin querer cuando le digo a alguien ‘chingada loca pesada’, es discriminación, pero es diferente a la gente que piensa que está bien discriminar.

En la actualidad, como activista de la comunidad estoy en el Ayuntamiento, ya que me invitaron al Consejo Municipal Contra la Discriminación de la Diversidad Sexual, Mérida es la única ciudad en todo México que cuenta con él y es un modelo que se ha querido replicar en Campeche pero no se ha logrado.

Volviendo al tema del matrimonio y el cambio de identidad ¿qué piensa sobre la lluvia de amparos que tiene que solicitar la comunidad para acceder a sus derechos?

Es lo mismo, es el reflejo de la discriminación que estamos viviendo ahora, diferente a la violenta. Yo diría que es peor, porque antiguamente no podías cambiarte el nombre, no se tenía ese nivel de empoderamiento que hay ahora. En ese tiempo, en otros lugares como Estados Unidos y Europa se estaban dando ese tipo de cosas y aquí ni siquiera lo sabíamos. Aquí (en Mérida) poco a poco se ha logrado el empoderamiento de los derechos, pero las políticas públicas no están dando una respuesta al nivel que la sociedad debería de tener, porque además hay otras personas, sobre todo los grupos religiosos, que están pidiendo que no haya ese avance.

¿Qué factores han logrado el actual empoderamiento de la comunidad LGBTTTIQ+?

Más que hitos o eventos, creo que lo que ha hecho la diferencia es que muchas más personas de la comunidad han tenido la oportunidad de educarse e ir a la universidad, pienso que eso ha impulsado el cambio porque se ha logrado un nivel de preparación y aceptación por parte de la población heterosexual, cosa que en los 60 no había.

Las personas de orientación no heterosexual estamos viviendo un momento de autoaceptación, de participación y tener un mejor nivel de instrucción para hacer la lucha. Más que las políticas públicas, es la misma comunidad LGBTTTIQ+ la que ha logrado el verdadero cambio.

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