Por Lilia Balam

Ilustración de Alejandro Doporto (Monstrozo)

Primero un tacón fuera del auto, luego el otro. Bajó, cerró la puerta del vehículo y se acomodó el vestido azul, lista para partir plaza. Esa noche de abril, las miradas cruzaban hasta llegar a ella, los rostros maravillándose ante su tocado de perlas y flores eran justo lo que quería y esperaba. No detuvo su contoneo sino hasta llegar a la barra del Centro Cultural Tapanco, cuando le susurró a su acompañante:

—Wey, dame las chanclas, no puedo más.

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Aunque abandonó los glamurosos zapatos a los pocos minutos de haber llegado a la fiesta “Marineros y sirenas”, continuó deslumbrando a los asistentes el resto de la noche. Propios y extraños le chuleaban el cabello rosa, el delineado perfecto, la sombra verde que cubría sus párpados y entre las selfies y las risas, no dejaban de preguntarle de dónde había salido.

—Soy Kimmy Bomba —respondía satisfecha con el resultado de su debut como drag queen.

Así recuerda José García su primera aparición en público como Kimmy Bomba y pronto narra todo lo que hubo detrás de ella. No se refiere a las horas previas a la fiesta, en las que se las arregló para transformarse y, al mismo tiempo, “hacer un cagadero” en la casa a la que acudió para maquillarse y vestirse; sino a las primeras veces en las que detectó una punzada en el cuerpo ante la posibilidad de vestirse como una mujer.

—VH1 me hizo joto —bromea.

La primera vez que sintió curiosidad al respecto fue con la película The Rocky Horror Picture Show.

—Dije, ¿qué es esto? Es un rockero vestido de mujer, con tacones, ¿por qué quiero hacer esto? ¿Por qué me gusta?

En la adolescencia se dejó llevar por la cultura queer y plasmaba sus dudas dibujando como mujer a quien le rodeara. De pronto quiso experimentar con el maquillaje, pero vivía con su padre y su hermanito, por lo que no tenía sombras ni labiales a la mano.

—Cuando no había nadie tomaba pintura acrílica, veía si no era tóxica y la usaba. Tenía que buscar la forma de hacerlo.

Poco antes de ingresar a la universidad se apareció una oportunidad: la compañía de teatro “Yippies” estaba montando la obra Hairspray y quien interpretaría a Edna, la madre de la protagonista, abandonó el proyecto. Por su complexión gruesa, le dijeron que era el indicado para tomar el papel.

—Fue la fantasía. Tuve que buscar un brassiere y fue traumático para mí ir a la tienda Del Sol y conseguirlo.

Luego le pedí a la mamá de una amiga que me lo rellenara y después ella fue con mi papá y le dijo que andaba en malos pasos. Tuve que explicar que era para una obra.

Al principio creyó que los nervios y la timidez ganarían, pero el escenario se impuso y logró cosechar aplausos en el público. Eso le permitió adquirir más confianza. Al poco tiempo entró a la universidad y con ello comenzó a llegar la libertad: conoció la competencia de drags RuPaul’s Drag Race y con sus amigas pudo externar su deseo por maquillarse.

Una fiesta de Halloween fue el pretexto perfecto: creó un disfraz mitad hombre y mitad mujer. Buscó participar en obras de teatro y en alguna ocasión interpretó a Úrsula, personaje de La sirenita, y aunque todo indicaba que estaba por alcanzar su destino, llegó un período “de oscuridad”, en el que la incertidumbre prevaleció. No sabía qué seguía en su camino.

Después de graduarse decidió comprar una paleta de contour por internet. No tenía ningún otro artefacto de belleza, así que recurrió a sus amigas y comenzó a practicar. Por supuesto, los primeros resultados “fueron espantosos”, pero la práctica hizo a la maestra. Sus primeros sueldos permitieron que adquiriera pelucas y accesorios. Además de las técnicas de maquillaje, comenzó a conocer su rostro, sus facciones, qué quería expresar y qué no. Y un buen día, tuvo que pensar en el nombre que marcaría una nueva etapa en su vida.

—Quería algo yucateco, gracioso e identificable. No quería que fuera para el típico personaje yucateco, no me quería cerrar al estereotipo de la comedia regional o de las imitadoras, yo quería que me vieran a mí. Y entonces mi amiga Geraldine, hablando de juegos tradicionales, dijo ‘kimbomba’ y surgió Kimmy Bomba. Kimmy como Kim Kardashian, Kimmy Schmidt. La bomba de explosión, de bomba yucateca. Supe que ese era mi nombre, recuerda.

Como primer paso creó una cuenta de Instagram y comenzó a subir fotografías de los looks que ella misma diseñaba. Era julio del 2017 y todavía no se animaba a presentarse en público como drag queen, pues quería que su debut fuera impecable. El éxito que rodeó su aparición en la fiesta “Marineros y sirenas”, realizada en el Centro Cultural Tapanco en abril del 2018, la animó a continuar y perfeccionar su estilo.

Y entonces vino el vogue

Cuando Kimmy Bomba escuchó sobre el baile vogue, no imaginó nada. No tenía expectativas. Únicamente tenía curiosidad por su relación con el empoderamiento femenino y la cultura queer. Pero en cuanto asistió a su primera clase pública, comandada por la activista Nany Guerrero, comprendió que ese tipo de baile no era algo tan simple.

—Pensaba que solo era mover los brazos y no, tienes que hacer que los movimientos se vean fuertes, tienes que tomar en cuenta cinco elementos y sientes la presión al hacerlo —precisa que el origen del vogue es político.

De acuerdo a múltiples documentales y sitios web LGBTTTIQ+, el vogue se popularizó a finales del 60, cuando algunas drags estadounidenses comenzaron a crear sus propios espacios para bailar y hacer certámenes de belleza con el fin de evitar la discriminación.

Kimmy Bomba explica que una mujer trans afroamericana, Crystal LaBeija, fue la primera en formar una “casa”; es decir, en promover la práctica de que los miembros de la comunidad LGBTTTIQ+ pertenezcan a una familia sustituta con gente afín a ellos. Fue una de las pioneras en crear un ballroom —el sitio para practicar el vogue— en respuesta al rechazo del que eran sujetas las personas trans en concursos de belleza, y espacios de baile y entretenimiento.

—Los estratos latinos, afroamericanos y gays que en ese momento eran perseguidos, tachados de pecadores, les decían que morirían de SIDA, y ellos no buscaban resolver sus problemas peleando, sino en un ballroom, bailando.

Un año después de haber conocido el vogue, Kimmy Bomba asegura que nunca lo dejará. La sensación de liberación y desestrés que siente al realizar los pasos no la compara con nada.

—Yo canto, dibujo, hago lo que quieras, pero nunca me imaginé bailando y mira, aquí estoy chava, yo misma me callé la boca —dice riendo.

Poco tiempo después de sus primeras prácticas, por ahí de agosto de 2018, se unió a la casa “House of Apocalipstick”, y se siente totalmente integrada a su familia elegida, ya que están “todas unidas contra el mismo enemigo, el heteropatriarcado, el machismo y la misoginia”.

El José bebé estaría orgulloso

Mientras toma el último sorbo de su café, Kimmy casi deletrea una frase: “Nosotros, como personas gays, lesbianas… si nuestra familia a veces no es la que quisiéramos, tenemos que elegir a nuestra familia”.

Si bien está totalmente compenetrada con su familia Apocalipstick cuenta con orgullo que su padre ha sido increíble, porque tomó la responsabilidad de criar a sus hijos solo. Cuando Kimmy decidió independizarse, él le ayudó a mudarse y en el traslado de las cosas le comentó:

—Tú eres mi hijo y te quiero un chingo, yo acepto todo lo que sea de tus preferencias. Acepto lo que te gusta hacer y lo respeto, solo te pido que tú te respetes: no dejes que las demás personas se aprovechen o se burlen de ti. Disfrútalo y sé feliz.

Incluso ha participado en algunas fiestas con ella: vendió cochinita en el “Quinceañera ball” y pudo conocer su faceta drag de cerca. Por supuesto, no todo es terciopelo rosa. Con su madre no tiene mucho contacto.

—Ella sí me ha dicho que si salgo joto, se mata. Yo pensé: ay, mamá. Ve cavando tu tumba.

Ha sentido rechazo en espacios públicos, incluso en aquellos marcados como “gay” o “LGBT friendly”.

—No ven a las drags como algo normal, empiezan a murmurar que ahí viene la inventada, la que quiere figurar, la Bruja Cuchi Cuchi. Oye, mejor dame un madrazo.

En una ocasión, en el bar Pipiripau, un extranjero le dio una nalgada y por supuesto, sus acompañantes reclamaron el acoso.

—Vestida de mujer se sienten las violencias que no siente uno vestido de hombre. Te bailan, te toquetean, a veces te ven como objeto en una fiesta, te jalan la peluca o el vestido —reconoce y agrega que quienes tienen facciones masculinas y se visten de manera femenina suelen ser más vulnerables a los ataques.

Pese a los tragos amargos, adora las tres horas que pasa preparando su cabello para colocarse la peluca, utilizando su rostro como lienzo y plasmando alguno de los diseños de maquillaje que previamente bosqueja. También cuando elige alguno de los diez vestidos que tiene o al imaginar vestuarios extravagantes que le permitan externar todo lo que siente y al colocarse sus botas blancas, creadas especialmente para ella porque es difícil que consiga tacones talla 10 o 12 en Mérida.

Ahora tiene planes, quiere formar una comunidad drag yucateca “chida”, tener su propio show para mostrar sus talentos, y también lleva un par de meses masticando la idea de implementar un proyecto de lectura de drags para niños en la conservadora Mérida. Ante la agresiva respuesta que ha tenido esa actividad en otras partes del país, como en Nuevo León, donde grupos conservadores denunciaron a las drags que leyeron cuentos a infantes por presuntamente cometer “corrupción de menores”, Kimmy solo señala que “se va a caer, y será pronto”.

—Tal vez no mañana pero estamos trabajando en ello, cada vez hay más gente luchando, hay más visibilidad. Estamos en el 2019, qué oso, parecemos tercer mundo, pero nosotros estamos picando piedra.

A lo largo de su vida, Kimmy Bomba ha tenido mucho miedo. Sintió temor cuando le pidió por primera vez a una amiga que le ayudara a maquillarse. Tuvo miedo cuando fue por ese brassiere para la obra de teatro y cuando compró maquillaje por primera vez. Pero nada de eso la ha detenido. Ahora está casual, en una cafetería, fresca, con un short y sus chipis en el cabello, toda seguridad.

—Creo que José bebé estaría muy orgulloso ahora. He sido fiel a mí misma, he luchado. He tenido momentos de oscuridad, en los que dejé de expresarme, hasta que dije ya no. Mi película favorita siempre fue La Sirenita y logré vestirme como Úrsula. Decidí que debía aprovechar y estoy viviendo mi momento ahora.

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