Por Sandra Gayou Soto

Ilustración: Luis Cruces Gómez

Hace 24 años, el primero de enero de 1994, indígenas tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales y mames de Chiapas organizados en torno al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se levantaron en armas contra el ejército federal mexicano, tomaron San Cristóbal de las Casas, Las Margaritas, Altamirano, Chanal, Ocosingo, Oxchuc, Huixtán, Chalam, Simojovel y San Andrés Larráinzar para decir ¡Ya basta!

Desde entonces mucho ha cambiado en Chiapas y la zona de influencia zapatista, pero de eso poco se dice y se escribe. Dos décadas después pocos hablan del nivel de organización que han alcanzado en sus comunidades.

Las actividades convocadas por el EZLN han dado una muestra de las condiciones en las que viven actualmente los habitantes de las comunidades zapatistas y no zapatistas. Los centros comunitarios conocidos como “caracoles” cuentan con infraestructura para atender necesidades básicas como la educación, salud, economía y organización social con la toma de decisiones en beneficio de la comunidad.

También están dejando testimonio teórico de su experiencia organizativa, simpatizantes que han apoyado el movimiento tuvieron la oportunidad de formar parte de la Escuelita Zapatista, que fue presencial y por Internet.

De esto se editaron cuatro libros que abordan los ejes sobre los que se ha basado su autonomía: el gobierno autónomo I y II, la resistencia autónoma, y la participación de las mujeres. En ellos encontramos sus modos y sus formas, sus cómo, cuándo y en dónde. La toma de decisiones, el manejo de la economía y su infraestructura (los puedes descargar aquí).

Han convocado a la sociedad civil desde sus distintos sectores a encontrarse, conocerse y reconocerse en distintas actividades de carácter político, cultural y científico. En total 19 actividades (hasta esta entrega); han realizado encuentros, festivales, seminarios, cátedras, homenajes, comparticiones, y giras (consulta las actividades aquí).

Todas han generado contactos de trabajo y redes de apoyo en las que se ha dejado testimonio de los dolores actuales de los pueblos indígenas y no indígenas, de la explotación del planeta y todos sus recursos. Así como la falta de oportunidades de desarrollo desde los distintos ámbitos, la cerrazón de la academia, la falta de inversión en la ciencia y en el arte, además de compartir de los modos y formas organizativas de cada uno dependiendo su contexto.

Han participado personajes reconocidos por su labor en sus sectores, intelectuales, académicos, investigadores, creadores, periodistas, científicos y la comunidad LGBTTT. En estos espacios ha quedado claro que “en estos tiempos donde la hidra capitalista avanza y avoraza todo lo que está a su alcance, hemos decidido que ha llegado el tiempo de los pueblos, de hacer vibrar este país con el latir del corazón de nuestra madre tierra”.

La distribución inequitativa de la riqueza ha provocado el cierre de espacios culturales, falta de inversión en la investigación científica en beneficio de la población, además de su divulgación y difusión.

El 2017 se va con la propuesta del quinto Congreso Nacional Indígena (lee más sobre él) de constituir un Concejo Indígena de Gobierno (CIG), en la que participaron 524 comunidades, de 25 estados del país y de 43 pueblos indígenas.

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“Llamaremos a los pueblos originarios y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldías, es decir en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio.”

Bajo esta premisa, el CNI decidió como una estrategia, “conseguir que el nombre de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, la compañera indígena nahua María de Jesús Patricio Martínez, aparezca en las boletas electorales del 2018 como candidata a la presidencia de México”.

Esta propuesta ha sido aceptada y bien recibida tanto por el CNI, como por organizaciones que coinciden en dar un paso más en el proceso organizativo impulsado primero, desde las comunidades zapatistas, ahora complementado por 43 pueblos indígenas del país, además de las organizaciones e individuos que confluyeron en el proceso de 2006, La Otra Campaña.

Uno de los requisitos ha sido la recopilación de firmas, María de Jesús Patricio, Marichuy, se ha dedicado a recorrer el país para realizar esta labor, hablar de la propuesta organizativa y escuchar las problemáticas actuales de las distintas realidades; esta actividad fue también una decisión tomada en colectivo. Organización, esa es la propuesta, esa es la petición, el reto, la labor. Porque el objetivo ciertamente no es ganar una elección, sino la construcción de autonomía.

Las reacciones han sido diversas, cientos dudan de la posibilidad de la colectividad, pero siempre ha estado ahí, siguen sin verla. Se preguntan de dónde sale el dinero, quién patrocina, quién paga, eso es la colectividad: somos nosotros (y no, Salinas no nos paga).

Bien dicen que “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y siguen ciegos, pero el trabajo y la realidad ahí está, la consigna hoy es por la vida.

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