Por: Raquel Martínez

Fotos tomadas del Twitter de Sarah Andersen

Sarah Andersen es una conocidísima ilustradora de 26 años, querida por sus viñetas y tiras cómicas. No resulta extraño que haya sido una de las invitadas en el Internet Walls, un proyecto patrocinado por Pictoline y Samsung. El pasado 29 de enero, la ilustradora retrató a su personaje más famoso de Sarah’s Scribbles en una pared de la colonia Roma. No pasó mucho tiempo para que el mural fuera taggeado por Zombra, conocido graffitero y pionero de la escena del street art en CDMX.

Los comentarios al respecto tampoco tardaron en llegar. Que si estuvo bien o mal, que el graffitero es un naco, que las generaciones de ahora ya no saben qué es el respeto, que por eso los mexicanos nunca tendremos éxito. Los tonos clasistas, racistas y de falso amor a la propiedad cubren el ochenta por ciento de los comentarios en Twitter y Facebook. Si se va a discutir al respecto, que se haga con todos los puntos claros para evitar caer en el rol de la señora chismosa de la cuadra.

Exigir una disculpa pública por parte del graffitero hacia la artista no solo es ridículo, sino también innecesario. La indignación por parte de todos los seguidores —y también los que no, claro que sí— se ve debilitada desde el momento en que la artista decidió colocar una capa anti-graffiti sobre su obra. ¿Por qué?, preguntarán confundidos. Está clarísimo: SHE KNOWS HER DEAL. Ella y su equipo de trabajo fueron conscientes del contexto bajo el cual eligieron hacer la obra. Ocupar una parte del espacio público conlleva enfrentarse a miles de agentes que la resignificarán, por eso lo efímero es una cualidad del arte urbano y exige la necesidad del registro fotográfico para su permanencia como obra artística.

El graffitero —y en general, cualquier artista que intervenga el espacio público— debe reconocer que es natural que su obra vaya a encontrarse sujeta a los constantes cambios por los diferentes agentes del contexto inmediato.

Se aclama que fue bajo un discurso de odio hacia la artista por el simple hecho de ser mujer. Este es un tema polémico, ya que, desde sus inicios, el arte urbano ha sido acaparado por hombres debido a las diferentes expectativas de género que se tiene sobre un hombre joven a una mujer joven. La última se atiene al papel doméstico y lo femenino. La actividad del graffiti resulta ser algo rudo para algunos, por lo que no se concibe la posibilidad de la participación femenina en estos grupos. Lady Pink es una de las excepciones, pionera a inicios del movimiento en Nueva York. En el caso de México, es durante la última década que las mujeres han dejado su huella como artistas urbanas y graffiteras. 

El graffiti, como en todas las significaciones masivas, también se mide a través de la representatividad y los temas que sus agentes buscan mostrar. Durante los últimos años, se ha ido moldeando para que la participación de las mujeres pase de la particularidad a una realidad compartida. En el caso de Zombra, sería riesgoso afirmar que no fue del todo una misoginia internalizada. Incluso me lanzaría a decir que en el campo del arte urbano ha estado tan normalizada esta exclusión, que simplemente no le dio la importancia debida a que haya sido un mural hecho por una mujer. Eso sí sería motivo de confrontación. Amigo, date cuenta.

Dicho esto, asumir y afirmar que el objetivo de este tag fue específicamente el de invisibilizar el trabajo de una mujer puede resultar peligroso, ya que se hace a un lado otro factor muy importante: el simbolismo que la pinta representa por sí misma. 3 palabras: capitalismo, locación y malinchismo. Explicaré cada una:

Todos conocemos a Samsung, uno de los mayores conglomerados a nivel mundial con una fuerte influencia económica y tecnológica (Capitalismo as its best). Para el proyecto Internet Walls, se asociaron con Pictoline, empresa mexicana que en el 2015 innovó con un nuevo sistema visual para hacer llegar al usuario las noticias más relevantes a través de ilustraciones y similares. Su enfoque tiene toques progresistas, al declararse abiertamente anti-Trump, feministas y en pro de los derechos de diversidad sexual. Sin embargo, son claros los beneficios que recibe Samsung con esta colaboración: aprobación social como valor agregado para las actividades de la empresa. No olvidemos que este conglomerado sigue siendo un tiburón en el mundo corporativo, y no está demás recalcar los beneficios económicos que reciben tanto ellos como los del alrededor, que me lleva a mi segundo punto: locación.

¿Dónde fue? Sobre la calle Mérida, en la colonia Roma. Una de las zonas más antiguas con un alto valor arquitectónico e histórico. Por otro lado, también una con el mayor grado de gentrificación y un alto dinamismo inmobiliario. Según Propiedades.com, la renta promedio es de $40,603 pesos mensuales. CUARENTA MIL PESOS. Este tipo de iniciativas, si bien son benignas, causan un incremento en la plusvalía de la zona y, consecuentemente, posibles elevaciones de alquileres. Embellecer no está mal, lo que está mal es defender algo a escudo y espada por la simple razón de que “está bonito”, e ignorar las consecuencias reales que estas tienen.

Por último, pero creo el punto más importante, los tintes malinchistas. De los artistas convocados al proyecto, todos provienen fuera de México. Repito. No estoy en contra de traer talentos extranjeros a dejar su huella en México. También entiendo que son figuras emblemáticas en el mundo del Internet. Pero habiendo tanto talento nacional como Miguel Basurto, Llegas Pacheco, Mar Maremoto, Chiara Bautista e incluso latinoamericano como Rocío Diestra y Ulises Costilla, ¿por qué no abogar por la presencia de estos en una colonia como la Roma, que de por sí ya está bañada de la influencia estadounidense?

¿Por qué enfatizo lo anterior? Porque precisamente la mayoría de los usuarios pidieron perdón a la artista estadounidense por nuestra “falta de respeto”. Y yo lanzó la pregunta: ¿dónde estuvieron esas personas cuando los graffitis de artistas locales fueron pintados de blanco por el Gobierno porque “ensuciaban” el panorama de la ciudad? Defender lo “bonito” cuando es de alguien de fuera cobra más sentido que defender lo que es de nosotros.

Cito a un compañero que me platicaba sobre esto: Nos prohíben nuestras pintas porque dizque ensuciamos la vista de la ciudad, pero bien que atiborran las calles con letreros luminosos del Oxxo, del 7Eleven, del Starbucks. Lo que les mueve es el dinero y ya, no la “belleza” de la ciudad.

Por otro lado, la discusión no se trata de defender el “honor” de Zombra, sino de cómo nos referimos a este personaje dentro de la situación. Seguramente es un don nadie, un pobretón sin educación, mostrando aires de superioridad clasista y elitista. La educación es de los ricos y no de los pobres. Está de más mencionar lo erróneo de creer que el graffiti es de gente sin aspiraciones, cuando al final llegan a ser los que más éxito tienen en su campo. De todos los argumentos que pudieran dar, éste simplemente refleja su fobia internalizada hacia la pobreza y, en general, hacia cualquier movilidad o intervención social.

Haya sido por hacer una crítica al sistema o simple ego del graffitero, creo que la cuestión importante es que este mural tuvo más popularidad en un día, después de ser intervenida, a comparación de los cinco que estuvo intacta. Valdría la pena reevaluar en dónde reside realmente la indignación que se sintió y hacia quién/es. Hagamos las preguntas correctas sobre nuestra incomodidad para no caer en lo que llamo: el Síndrome Avelina Lesper, gente lanzando comentarios arbitrarios y verdades a medias.

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