Texto e ilustraciones por Raquel Martínez

Mucho se ha discutido estos últimos años sobre el auge de los espacios que fomentan el arte y la cultura, desde las galerías y centros culturales hasta recintos institucionales. No faltan los mapas, las reseñas, las críticas constructivas, las destructivas, los pros, los contras, señalar el potencial, las posibles mejorías, las posturas sinceras, las superfluas, etc. Es más, el hecho de que Contemporal, la primera exposición respaldada por una investigación previa, se haya presentado al público como un archivo abierto de lo acontecido en la escena artística en Yucatán del 2000 al 2016, nos permite ejemplificar esta fuerte necesidad de auto-entendernos, de saber de dónde venimos y seguir creciendo.

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Detrás de todos estos espacios culturales, siempre habrá alguien o un grupo de gente cuyo interés es compartir algo con los demás. Esfuerzos de muchos para lograr en conjunto ese producto que quieren mostrarnos. Y es aquí cuando uno se pregunta: ¿Por qué tomarse la molestia? ¿Cuál es realmente el objetivo? ¿Para satisfacer sus propias nociones de lo que es “necesario”? Estas preguntas contienen respuestas tan encontradas que la extensión de este texto no sería suficiente para cubrirlas. Dicho esto, no está de más subrayar lo maravilloso de los puntos de vista: son tuyos y compartirlos es completamente gratis.

Aunque no lo parezca, hay cosas que cuestan un montón sacarlas adelante, cada vez que recuerdo estás palabras de una joven gestora cultural que se ha ido abriendo camino en este pueblo que le gusta darse sus aires de ciudad, no puedo evitar preguntarme el por qué lo hace. Sin rollos ni palabras rimbombantes, la respuesta es bastante sencilla.

Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo sabe amar a los demás, no sabe amar en absoluto (Fromm, Erich. 1956) Todo empieza con uno mismo, tú eres el origen a cualquier gran idea. Tu curiosidad, tus pasatiempos, tus cuestionamientos sobre el entorno que te rodea son ese motor que te lleva a dar el siguiente paso: compartir. Más allá de la aceptación, nace un deseo de brindarle a alguien más esa posibilidad de poder amar algo tanto como tú lo haces. ¿Egoísta? No lo creo, yo lo llamaría una emoción desbordante. Sentir tanto y anhelar encauzarlo hacia algo, es aquí cuando nacen grupos de cualquier índole. De manera natural y humana, nos juntamos y nos organizamos.

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Es necesario que el vínculo afectivo fortalezca la iniciativa de gestionar un proyecto -en este caso- cultural. Los obstáculos podrán ser muchos, pero la insistencia y perseverancia serán tus fieles compañeras por un largo tiempo.

Luego de exponer este sentimiento personal, es hora de traerlo a un nivel colectivo. Al final, con hechos nos entendemos mejor. El Centro Cultural El Colibrí es el proyecto más joven y fresco que puede ejemplificar todo lo anterior. Nació a principios del 2016 con una sola finalidad: servir como espacio multidisciplinario con un ambiente íntimo, agradable y ameno en el cual gente que no está familiarizada se sienta con la confianza de acercarse. La gente hace el lugar, no al revés.

Si no se están dando los eventos culturales que yo quisiera que se den en mi ciudad, ¿por qué no proponerlos yo mismo? Con esta idea, el lugar se ha mantenido ya más de un año, en el cual el número de asistentes ha ido incrementando. Poco a poco, en marco de festivales como la Noche Blanca o la Fête de la Musique, se han abierto camino en la agenda de cada fin de semana de actividades por hacer en el Centro Histórico. Noches de jazz, reggae y experimental; exposiciones y venta de artistas locales; festivales fanzineros (esa tendencia a la auto publicación como expresión de la contracultura, cuyo auge se sintió en los años 60’s) y micrófonos abiertos para el que tenga algo que decir; cine foros de directores dignos de discusión; espacios de discusión de poetas de otras partes del país, etc. Pasa del simple espacio de ocio a una maravillosa forma de cultivarse, todo en compañía de gente con quien compartir ese momento. Su objetivo es que la comunidad local crezca, convirtiéndolo en un trabajo de todos.

Vaya, tú eres un mundo digno de compartir, así como cada uno de nosotros.

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