La gente que viene a comer, a comprar un libro o tomar un café se sienten como en casa. Lo primero que uno ve al entrar es la sala con dos libreros, la escalera, el patio y la cocina. Anne Stahn y Tlacatecatl Cabrera llegaron de Oaxaca hace un tiempo, los dos se dedicaban al teatro con contenido social y perspectiva de género. Trasladaron ese trabajo artístico de años y lo convirtieron en un espacio de convivencia.

—Él aportaba lo artístico y yo lo social, cuenta Anne—Hicimos varias cosas ahí: dábamos clases, estábamos bien conectados con la escena de arte en Oaxaca y en un momento decidimos tener un espacio propio.

Las becas y recursos económicos de las empresas privadas y del gobierno muchas veces no son otorgadas para proyectos artísticos críticos, independientes y de contenido social. Por lo tanto, decidieron mudarse a Mérida y empezar a planear El Apapacho. El espacio que rentamos era más grande de lo que pensaban y se les ocurrió usar el resto del lugar para varias cosas: el pan de Escargot, el restaurante, la venta de ropa, la galería, y la librería feminista.

—Ahorita no tenemos tiempo para hacer teatro o activismo, pero sí podemos ser una plataforma, ser aliados de los y las artistas y organizaciones. Mérida es conocido por ser una ciudad que está comenzando a tener espacios alternativos. Eso influyó en nuestra decisión de venir aquí. Una vez contamos la cantidad de teatros que hay en un perímetro del centro y son muchos, a lo mejor no todos independientes o activos, pero existen.

Está pensado para que cualquier persona se sienta bienvenida. No existe lugar para la discriminación. La idea de fortalecer el conocimiento en común, intercambiar experiencias y funcionar como un encuentro para el pensamiento libre se siente apenas pasas por la puerta.

—Es muy obvio que el lugar abre las puertas para todas las personas afines a la libertad o diversidad. Siento que vienen muchas personas que buscan un lugar donde puedan ser como quieran, el derecho a elegir su identidad y personalidad. Sabemos que siempre hay que mejorar cosas. Algo que me gusta mucho es cuando podemos participar en experiencias positivas con las personas, no directamente sino como facilitadores.

A todo el mundo le gusta El Apapacho

El nombre surgió de una plática en medio de una búsqueda por nombrar algo que apenas nacía. Aunque al principio no lo tomaron en serio, preguntaron a amigos y conocidos y a todo el mundo le encantó.
Abrieron el 3 de junio del año pasado y desde entonces han tenido exposiciones, bazares, talleres de poesía, pintura en vivo, conciertos íntimos de música, obras de teatro, entre otras muchas cosas.

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Galería

No es necesario tener renombre, una obra costosa o recursos económicos para participar en la galería. Es una plataforma donde cada uno propone lo que quiera.

—Hubo muchas experiencias bellas, mujeres jóvenes artistas que se les ve la felicidad, cómo invitan, promueven la inauguración, cómo están mostrando a los demás sus creaciones, cómo perciben el espacio.

Han realizado exposiciones colectivas con estudiantes de universidades, interpretaciones pictóricas de obras literarias, fotografías acerca de la masculinidad desde una perspectiva femenina, grabados con temáticas feministas, de todo.

El Apapacho también se da al formar parte de la biografía de las personas, al menos un poquito como dice Anne.

—Que una pareja quiere hacer una cena romántica, quiere sorprender a su pareja, qué bello. Qué bonito que escojan el lugar a pasarlo un momento muy personal. Me da mucha alegría ver eso, parejas del mismo sexo que escogen el lugar porque saben que es para ellos, porque se sienten en su casa, como debe ser.

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La Meiga, librería feminista

Anne se declara feminista desde los 16 años, la mitad de su vida. Siempre quiso tener una librería bajo esta temática. El nombre, La Meiga, es gallego y así es como se le llama a una brujita en Galicia. La gente le tiene mucho cariño y es respetada.

—Es un concepto muy positivo, por eso me gusta mucho.

Cuando comenzó a adentrarse en los estudios del feminismo, Anne realizó una lista de libros clave y desde hace un tiempo se dedica a actualizarla y buscar los libros para llevarlos a La Meiga en El Apapacho. En la colección también pueden encontrarse libros de filosofía, novelas, ciencias políticas, estudios de género y poesía.

—Trato de tener 60 o 70 por ciento de autoras. La sección de feminismo todavía no es muy grande porque es difícil encontrar todos los libros. Trabajo con editoriales como La Cifra que desde el inicio ha sido un muy buen aliado. Es una editorial pequeña, alternativa, tienen varios libros como el de la historia del movimiento lésbico en México que es una maravilla.

Restaurante

El restaurante es la fuente de ingreso, es lo que hace autónomo al proyecto. Está pensado para los salarios de artistas, colectivos y activistas que tienen el mismo problema de pocos fondos. La comida es muy importante para ellos, pues tratan de recuperar la sazón de la comida mexicana desde sus raíces.

—Queremos recurrir a la memoria, buenos ingredientes y buscar el consumo local. Hay opciones vegetarianas, veganas y también para personas que comen carne. Tratamos de hacer la comida lo más auténtica posible y al gusto de los y las clientes. La cocina mexicana ofrece muchas posibilidades que se han perdido en el camino y queremos recuperarlas.

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