Este 15 y 16 de septiembre la emblemática esquina de la calle 64 con 55 del Centro Histórico, la Casa de Todxs, celebra su 16° aniversario y un año de su renovada imagen como pulquería.

Ricardo Venscer, artista de murales y pulquero por herencia, explicó en entrevista que para estos días se amplió el menú de bebidas pues además del pulque habrá aguamiel- bebida delicada para la época de calor- curados y  colonche. La Casa de Todxs fue la primera en muchas cosas, pero recientemente se destaca por haber traído el pulque hasta el sureste.

Este viernes 15 también habrá tacos de canasta, muralismo en vivo, trova a cargo de Armando Acosta, músico del asilo de Santiago, la cantante Zara Monrroy que hace rap en Seri (idioma de los indígenas sonorenses) y el concierto de Reggae & dub session “Hortical Selekta”.

El sábado 16 artistas realizarán muralismo en vivo, Armando Acosta volverá a participar en el programa que también incluye Son Jarocho, fandango así como punk garage blues con “Gran Marquise”. Sólo el concierto de reggae y punk tienen un cover de 20 pesos.

En entrevista con Ricardo Venscer (RV) y Don Lorenzo (DL) ellos mismos nos cuentan qué tanto tiene de nuevo la Casa de Todxs y qué se ha mantenido en esencia.

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¿Cómo llegó la Casa de Todxs a instalarse en la vida de los meridanos?

DL: El origen de la casa de todos no tiene nada que ver con lo que fue después, dice Don Lorenzo.  Nos reuníamos como consecuencia del movimiento zapatista del 94 en un predio donde ahorita está la Tregua. En un principio fue una cooperativa, todos dieron dinero para el lugar. Y con eso comenzamos la Casa de Todxs en septiembre del 2001.

El local pronto fue insuficiente para albergar a los simpatizantes del movimiento desde radicales de izquierda hasta humanistas que frecuentaban a religiosos. Las tan agradables tertulias con música y alcohol los llevaron a pensar en un lugar donde se pudiera conversar mientras se oía música y se bebía cerveza.

¿Cómo era Mérida en el 2001?

DL: El centro era muy conservador, tranquilo y silencioso. Todo el centro de Mérida estaba rodeado de cantinas pero trabajaban hasta las nueve de la noche.

¿Qué es lo que ha cambiado en este último año?

RV: El primer cambio fue recuperar la semilla, esa Casa de Todxs a la que todos entraban. De pronto se empezó a hacer fiesta y estuvo bien, pero luego la fiesta tomó más lugar y entraban personas sólo de un perfil. La gente confundió mucho la libertad que ofrecía el lugar con el libertinaje. Empezaron a vender sustancias, lo tomaron como una guarida y  se empezó a deformar el concepto original.

En el 2014 cuando Ricardo Venscer acababa de llegar a Mérida le dijeron “ve a la Casa de Todxs, te va a gustar mucho”. Cuando llegó se le hizo un espacio muy libre.

¿Cómo es que comenzaron a vender el pulque?

RV: Pensé que vendían pulque porque vendían cuadros de Zapata y Subcomandante Marcos. En el DF las pulquerías antiguas tenían mucho eso. Yo vengo de una familia pulquera, soy descendiente de familia tlaxcalteca y para mí, el pulque siempre ha sido cercano y no lo veo como una bebida sino como una herencia. Era lo que más extrañaba.

Después de investigar varios proveedores, consiguió a uno cuya tierra está ubicada en una zona estratégica, de buen clima y buen maguey.  Lo mínimo para trasladarlo a Mérida eran 60 litros por lo que Ricardo organizó un Festival del Pulque con varias cantinas de la ciudad, que se volvieron pulqueras por un fin de semana. 

Y después de eso, se quedó…

RV: Me acuerdo que Lorenzo no estaba y me dejó la llave. Cuando regresó  y vio la Casa de Todxs de una manera distinta. Había gente de todas las edades, estudiantes o parejas de la tercera edad, bailando son jarocho con una nueva vibra.

A partir de ese día trabajaron juntos varias veces hasta que decidieron implementar el pulque como un servicio fijo en el lugar sin cambiar la esencia principal de la Casa de Todxs, pues como dice Ricardo, el pulque también es revolucionario. Casa de Todxs, cuenta, va muy bien con el nombre de las pulquerías populares del centro del país. 

RV: Aparte las pulquerías tradicionales tenían un letrero que decía: Bienvenidos todos, prohibido uniformados. Si llevabas un logo, o estabas saliendo del trabajo tenías que cambiarte de la playera, un poco por la idea de que todos somos iguales y un uniforme te distingue.

¿Cómo afecta a los centros culturales este tipo de “desviación” de la idea original?

DL: La apuesta que hacemos los centros culturales es llegar a la población. Para los jóvenes, que son revolucionarios por naturaleza, las tocadas son un atractivo, y en ese ambiente se les puede dar información. Manejé un poco eso, con la idea de que se pueden tratar temas serios políticos, académicos y sociales tomando una cerveza, relajados. Sin embargo, en algunas circunstancias, si ellos no están en la disposición de procesar la información, no completamos la apuesta. Acá yo ponía un documental sobre la historia de México y ellos estaba muy distraídos para absorber y analizar la información.

¿Cómo ha visto la gente este cambio?

RV: Hay opiniones divididas, hay gente que lo ha visto bien. El mercado ahora es bien distinto. Vienen personas que hace mucho tiempo que no venían, y después de ver a Lorenzo tras  de la barra durante más de 15 años, me ven a mí y al lugar cambiado y se sorprenden. En Facebook hemos visto que la gente se queja porque “les quitamos el lugar”, donde pasaron 15 años de su vida, y ahora a los 40 años ven que ya no es igual. Sienten que les quitamos su casa. Pero también hay otras personas que vienen de Hidalgo, por ejemplo, y nos agradecen que traigamos el pulque a Mérida.

¿Cuáles han sido algunos momentos clave en estos 16 años?

DL: En el 2002 o 2003, el diario Por Esto! llamó a una serie de conferencias acerca de la legalización de la droga. Vinieron personas de todo el mundo al teatro de la Uady. Como se les acabó el tiempo en el teatro y no pudieron terminar, se les ocurrió que el mejor lugar para seguir con las conferencias era la Casa de Todxs. Vinieron todos aquí, había un documentalista francés, el libro de un autor boliviano que se llama De la coca a la cocaína. Luego me enteré que incluso había diputados bolivianos en ese tiempo, siento que todos desperdiciamos un poco ese momento.

De aquí salieron las primeras manifestaciones contra la guerra de Irak, contra Bush cuando se firmó el Plan Mérida, presentamos libros, estuvo Julio Hernández de “El Astillero” para dar una plática. Todo eso se perdió por la opinión de la gente, que preguntaban quiénes eran esos sucios de cabello largo, barbudos, llenos de estoperoles…y sin embargo, tuvimos gente de todo el mundo con esas características sobre todo del 2001 al 2005 que fue el auge de la lucha contra el neoliberalismo.

Cada que venía una persona que luchaba contra el neoliberalismo a Mérida, llegaba a la Casa de Todxs.

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