por Katia Rejón

Ilustración: Luis Cruces

“Siempre es extraño humanizar a las personas que idolatramos”, Sofía, estudiante de artes visuales.

La verdad es que de Hollywood no sé mucho. Nunca vi House of cards, las películas de Woody Allen me parecen buenas para un domingo, y todavía no me queda claro quién de los Affleck es Ben y quién Casey. No importa. Antes de que se destapara la cloaca en Hollywood, ya había sentido la decepción de mis ídolos musicales, literarios e históricos por no ser personas moralmente intachables; lo que en otras palabras quiere decir asesinos, machos, violadores y déspotas.

Este artículo surge también por el recuerdo de cuando traté de leer Elogio a la locura de Erasmo de Rotterdam. Dejé de leerlo apenas me topé con el párrafo: “una mujer, animal ciertamente estulto y necio, pero gracioso y placentero, de modo que su compañía en el hogar sazone y endulce con su estupidez la tristeza del carácter varonil (…) si por casualidad, alguna quisiese ser tenida por sabia, no conseguiría sino ser doblemente necia”.

Ahora no parece haber opciones. Si un famoso cometió un delito imperdonable, todos los ojos irán hacia el fan para ver cómo se despide de él o ella, y saber si es congruente con sus ideas. Unos eligen separar al artista de su creación, otros juzgarlos con la misma severidad y otros, los más necios, defenderlo a pesar de las pruebas o de sus propia confesión.

De Aristóteles a Harvey Weinstein hay siglos de evolución intelectual, tecnológica e histórica excepto de una idea: el sometimiento del hombre a la mujer. Creo que eso es lo que da miedo, que en pleno siglo XXI los artistas y los grandes productores todavía guarden ese montículo de información genética y cultural de arrogancia machista y la anden como joroba. Se le puede perdonar eso a los antropoides que mediante una guerra se pusieron de acuerdo para decir que las ideas y la libertad son esenciales. ¿Pero a los grandes catrines, artistas y científicos del siglo XXI?

Así que les preguntamos a los fans o exfans de toda la retahíla de acusados en Hollywood cómo reaccionaron cuando supieron que podría ser criminal el creador de su película favorita, el actor que les encanta o el comediante que los hizo reír; qué opinan de la caída de sus carreras, y por qué creen que ahora esto tenga más eco que antes .

La primera reacción: ¿cómo cambió tu percepción de ellos?

Lalo, ingeniero, 24 años

Mi primer reacción fue rechazarlas, pensar cosas como “quizá no está comprobado o lo están difamando, o quien lo acusa lo hace por dinero”. Pero cuando leía y veía que ellos aceptaban haber hecho lo que se le acusa, llegaba la aceptación. Sí, sentí un poco culero tener que cambiar mi percepción sobre una persona que admiro y respeto y que simpatizo con la imagen pública que proyectaba. La verdad es que, aunque suene feo y quizá esté mal, mis pensares giraban alrededor de los acusados y nunca dediqué tiempo a pensar sobre las víctimas.

Gerardo, estudiante y columnista de cine, 20 años

Aunque disfruto sus películas, reconozco que es un ser despreciable.Las acusaciones contra Allen se dieron mucho antes de la ola reciente de escándalos. Creo que no le dí el peso que amerita en ese entonces. Sí sabía al respecto, pero hacía caso omiso (no lo defendía ni reprochaba). Todos los escándalos de Weinstein para adelante me han hecho reevaluar mi percepción de Allen. Se me hace muy ad hominem descartar su aporte al cine por quién es él como persona. Pero estoy consciente de que consumir su obra es apoyarlo a él como individuo, tomando eso en cuenta, (1) no he visto sus películas recientes pos-acusaciones, (2) no he pagado por ver una película suya salvo una antes de que me enterara y (3) no planeo hacerlo en un futuro. Ni en Netflix, en donde el pago es indirecto, lo apoyo.

¿Sigues viendo sus pelis como antes?

Karla, psicóloga, 42 años

Yo no quiero que bullies tengan poder. Tal vez no tenga yo poder para contribuir a que destituyan a Trump, pero sí tengo poder para dejar de seguir a los pedófilos en las redes y dejar de consumir su trabajo. Su poder está en los grandes números de gente que los sigue. Mi granito de arena es dejar de seguirlos.

Juan Pablo, politólogo, 27 años

Quien decide seguir consumiendo House of Cards a pesar de Spacey lo puede hacer por mil razones, pero básicamente en todas ellas el escándalo sexual no le parece lo suficiente como para llamarlo a la Acción. En cambio, dejar de consumir una obra por las denuncias hacia su creador, o artista que participa en ella, es la decisión política de tomar acción. Aunque sea desde la comodidad del sillón, me parece. Es el espacio soberano del consumidor: no consumir.

María Jesús, ingeniera en electrónica, 37 años

Me pasa algo chistoso con Woody a pesar de saber su historial, me sigue gustando como cineasta y escritor, puedo seguir leyéndolo. ¿Dejaré de ver a Dustin Hoffman?, no lo creo. Sin embargo no me gusta para nada lo que le está pasando a Kevin Spacey. Déjate de House of cards, la película que estaba filmando y que volverán a hacer sus escenas con otro actor, yo sé que las víctimas son primero, pero no lo sé, soy pésima persona porque me gusta verlo actuar. Y me siento contrariada. Son depredadores sexuales lastimaron gente y Dustin me hace reír, Woody también, me encierro en mi burbuja y se acabó. No sé, aún no logro responderme con certeza.

¿Qué opinas de que a los acusados se le haya juzgado primero en el plano del público antes que en el penal?

Paul, periodista, 24 años

Se trata de una respuesta a una necesidad de mostrar la violencia contra las mujeres en Hollywood, ante la falta de voz y credibilidad que se les ha dado, porque algunas personas ya habían denunciado desde hace años, pero no se les hizo caso. Ahora, hay que ver cómo lograr que las denuncias se hagan legales. Que los acusados, sobre todo si aceptan que lo hicieron, paguen de alguna forma por cometer los casos. Todo eso, claro, según lo que hicieron, deben ser juzgados cada uno de manera distinta. También considerar cómo afectó a las víctimas, cómo resarcirse el daño. Pero eso es muy difícil, porque se trata de un proceso no legal ni judicial, que tuvo como objetivo visibilizar el machismo en Hollywood. Larry Nassar, médico de un equipo de gimnasia, por ejemplo, fue sentenciado porque la acusación de las 130 gimnastas se hizo pública.

Lilia, periodista, 25 años

Por una parte me hace pensar que sin la presión social no se investigan delitos que efectivamente lo son. Por otro lado, me parece que se hace visible la falta de protocolos o mecanismos para proteger los derechos humanos de quienes son acusados de cometer delitos, porque -al menos hasta donde yo sé- no todos han sido juzgados. Entonces en caso de que se demostrara que alguno es inocente, ¿quién le devolvería su carrera? Aunque debo enfatizar que esto lo pienso en cualquier caso de acusación, no necesariamente porque son figuras públicas. Por ejemplo, siempre me pareció muy mal el linchamiento social que le hicieron a la chica que en estado de ebriedad se metió en sentido contrario y chocó con un motociclista en el puente de Progreso… Es decir, nadie debería ser linchado socialmente hasta que se comprueben los cargos, para ello deben existir protocolos de actuación por parte de las autoridades.

María de Jesús, ingeniera en electrónica, 37 años

Al principio, me salió el clásico: ‘“ajá, ¿en serio ahora que todo se destapa, salen aquellos que quieren hacerse notar?” Pero luego pensé “no manches no es fácil salir a decir algo así. Debe ser doloroso estar en esa situación’”. Agarraron valor, eso fue lo que ocurrió. Encontraron solidaridad y fue el momento en que abrieron sus corazones para sacar eso que llevaban arrastrando. Sin embargo sí creo que deberían pasar al plano penal.

Sergio, gestor cultural, 25 años

Creo que cuando alguien dice que X celebridad se pasó con ella hace años, y todos reaccionan creyendo que esa celebridad es un/a depravado/a sexual, hay una nube que no permite razonar. Por un lado está averiguar si fue cierto o no, y claro que debería caer el peso de la ley sobre esa persona, sea quien sea. Pero el problema es que mucha gente cree que no ponerse “del lado de la víctima” -como si fueran equipos de fútbol o se echasen porras- significa que se está a favor de un criminal, cuando al momento en que se acusa a alguien nadie es víctima ni criminal, sino hasta que se sigue un proceso —complicado, absurdo y sumamente perfectible, no lo dudo, pero mucho mejor que existe y se mejore a que sólo exista “tu palabra contra la mía”.

Las personas que son víctimas de un delito sexual lo son porque sufrieron el delito, pero lo perverso de esta situación es que para que se aplique la lógica del escándalo —que toda la vida ha guiado a Hollywood y los tabloides que están ganando tanto dinero con que a nosotros nos interesen estas cosas— es necesario que la víctima siga siendo víctima. Entonces, aquí existe el espectáculo de la víctima, que es sumamente más interesante en términos de dinero, para toda esa maquinaria con la que muchos se desgarran la ropa en supuesto sufrimiento porque su amor platónico al parecer “violó” a alguien, que el cumplimiento de la ley.

¿Crees que la expulsión y el rechazo de productores y artistas de hollywood se deba a una solidaridad por las víctimas o porque no quieren quedar mal o  perder dinero?

Sofía, estudiante de artes visuales, 20 años

Dinero. Definitivamente. Hoy en día ser políticamente correcto, en específico hablando de Netflix y su público consumidor, les reditúa más. Aunque, el hecho de que lo hayan sacado tan rápido, quizá solo demostraba que necesitaban una razón tan evidente para sacarlo. Y pensando en la productora Weinstein incluso creó más en esto. Dinero, dinero, dinero.

¿Por qué no pasó lo mismo en su momento con Woody Allen y Polanski?

Fernando, diseñador freelance y estudiante de arquitectura, 25 años

Bueno, Creo que Polanski y Allen están más consagrados en el imaginario del “cine de autor” y quizá tengan un respaldo más importante por parte de la industria o el imaginario colectivo de los “mejores directores”. Además el timing es importante. Digamos que en estos tiempos la sociedad es más severa con esos temas. Lo de Allen y Polanski pasó hace ya un rato.

Juan Pablo, politólogo, 27 años

Pueden haber varios elementos que definan que hoy sí cuenten las denuncias: que los artistas no están tan ligados a intereses corporativos en Hollywood, que sirven para dar un ejemplo de castigo, etc. Pero todo ello se detona porque hay gente debatiendo dos cosas, si los acusados deben ser castigados y si sus obras deben ser castigadas. Como se está discutiendo también ese segundo punto, las empresas están tomando medidas. Corriendo, censurando o rompiendo relaciones con los acusados. No tanto porque sean guardianes de la moral y la justicia, sino porque no quieren que la furia del público se vuelque contra ellos. Claro que eso no es malo, es el primer paso para que cambien las conductas. Cuando todos se dan cuenta que hay un castigo para una conducta específica, todos se replantean sus conductas.

Gerardo, estudiante y columnista de cine, 20 años

Pues el caso de Allen sucedió antes de que existan las redes sociales y tuvo un impacto en el plano público bastante menor que el de Weinstein y demás. Sí hubo un seguimiento público, pero fue de la batalla legal a través de los medios convencionales pre-interacción de usuario. Hace 3 años se reavivó el caso, pero todo el proceso penal ya está 20 años atrás. El impacto público más notorio fue que Allen dejó Estados Unidos por un tiempo y se fue a hacer películas en Europa, porque los estudios no querían trabajar con él y las audiencias no querían ver sus películas. En ese sentido, defiendo cien por ciento la decisión de los estudios y audiencias. Hay que notar que para ese punto ya se le había declarado inocente (y que no confío del todo en ese veredicto).

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