Por Katia Rejón

En una entrada anterior, contamos algunas opiniones de fans o ex fans de ciertos autores de Hollywood que son acusados de abuso y acoso sexual. Días después, recibí el link de un artículo de opinión sobre el tema de Woody Allen, su nueva película Café Society y su reputación como acusado de violación sexual.

El artículo escrito por Manuel Escoffié en La Jornada Maya da un punto que no podemos perder de vista: si hacemos un escaneo moral a los autores y autoras que más admiramos de cualquier disciplina artística o incluso de la política y la historia, no tendríamos ni héroe de la patria, ni escritora ni actor favoritos y prácticamente no podríamos escuchar, ver, disfrutar absolutamente nada. Sin embargo, ¿Es justo defender la separación autor – obra cuando el autor se escuda detrás de ella para permanecer en la impunidad?

Pienso que cuando Escoffié dice “a la altura de los santurrones estándares de conducta políticamente correcta que Silverstein parece exigir como requisito para ganarse el derecho a ser tomado artísticamente en serio” pierde completamente el punto de las víctimas. Para empezar no es un “estándar santurrón” exigir que un posible criminal de abuso sexual sea debidamente enjuiciado, una violación sexual a una menor de edad no es una “conducta políticamente incorrecta”, es un crimen serio y recurrente. Si de por sí ya es muy difícil acusar a una persona de violación cuando es un pariente o conocido ¿cómo será hacerlo cuando esta persona se encuentra en una situación de poder?

Por otro lado, no creo que el fin último de las víctimas sea acabar con las carreras de sus abusadores, sino que no se escuden de su fama, dinero y reputación de grandes artistas para escapar de resarcir un crimen. El delito no forma parte de su vida íntima, sino que es avalado por toda una industria para que pueda seguir haciendo las películas que más nos gustan. Y ahí es donde no estoy de acuerdo.

Partiendo del punto de que a Woody Allen y a todos los grandes productores, directores y actores de Hollywood sí se les ha tomado artísticamente en serio durante años, pongamos al revés esta idea: ¿de qué forma deben comportarse las víctimas para que el caso de sus abusos sexuales sea tomado en serio? porque es evidente que sin la presión social no va a ser nada fácil. Es muy práctico decir que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa ¿pero no es precisamente la obra la que ha puesto ( y perpetua ) al autor en una posición intocable? La homologación de Allen con sus películas es lo que -quizá- lo mantiene afuera de la cárcel.

Es posible que el día que se esclarezcan las acusaciones sobre Woody Allen, ya sea demasiado tarde e inútil abrir una discusión sobre su obra y su persona. Sin embargo, me parece un poco ingenuo pensar que ahora mismo, cuando Woody Allen es Woody Allen y no John Doe, exista realmente una separación entre autor y obra. El autor del artículo dice que “aún cuando la próxima foto que me tocase ver mañana en primera plana o en las redes sociales fuese la de dos policías escoltándolo a la salida de un tribunal después de ser condenado por un jurado, ni eso bastaría para convencerme de renunciar a su cine”, pues bien, yo veré Café Society el día que Allen la haga desde prisión o que haya sido debidamente investigado.

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