Por Josué Tello Torres

Fotografía de Ramón Rosado

—Estaba en sexto de primaria cuando un día Carlos llegó a la escuela y nos dijo: vengan, les tengo que enseñar algo fregón. Adrián y yo lo seguimos hasta detrás de las gradas. Corran, apúrense, nos gritaba. Llegamos y sacó del pantalón un frasco de gerber. Lo puso frente a nosotros y lo abrió. Jalé mi pollo y salió lechita, aquí está, nos dijo. Ni Adrián ni yo habíamos visto nunca la lechita, nombre que usamos hasta que supimos que se llamada semen. Ese día llegué a la casa y me fui directo al baño. Seguí las indicaciones de Carlos: jalé y jalé mi pene y no salió nada. Me sentí frustrado pero no vencido. Tenía que sacar lechita, pensaba. En la tarde puse en el DVD videos de hip-hop donde salían mujeres con poca ropa. Me excité. Jalé mi pollo… Fue mi primera chaqueta.

—¿En ese momento te volviste adicto a la masturbación?

—No, porque sólo exploraba mi cuerpo. De hecho pasó como un mes y medio, más o menos, para que me la volviera a jalar y tampoco era frecuente la masturbación. Tenía miedo, no sé, era raro saber que me salía lechita, jajajaja.

Entrevisto a Ignacio. No es estrella de rock, ni político, escritor, empresario o youtuber. Es un amigo que tiene 25 años. En realidad no se llama Ignacio. El nombre es lo de menos, podría llamarse Alexis, Irving, Beto o el que ustedes quieran. Ignacio eligió ese nombre para cubrir su identidad porque le da pena que sepan de su adicción al porno. El porno aquí es el protagonista, dice. Y sé que no soy nadie importante y mis palabras son equis, pero tengo unas historias bien perronas, por eso me buscaste pinche Tello.

—A ver, cuenta una.

—Estaba en secundaria y mi primo en primero de prepa. Ese cabrón pertenecía a una bandita de chemos. Ruta Clandestina, se llamaban. Cada semana me quedaba a dormir en su casa porque los batos de la cuadra hacían puras pendejadas y me divertía. Un día mi primo salió temprano de su casa para ir a ver a su chava. Yo estaba jugando el Play Station cuando sonó el teléfono a la casa. Contestó mí tía y me dijo que Rulo quería hablar conmigo. Oye pelaná, cuando cuelgues ve corriendo al baño y agarra las revistas que dejé en el mueble del lavado, llévalas al cuarto y escóndelas en tu mochila. Ya cuelga, pendejo, antes de que las vea mi jefa.

Entré al baño y cuando abrí la puerta del mueble no podía creer lo que veía: ¡varias revistas de Paradero 69! Puse seguro a la puerta y comencé a hojearlas… Puta madre, ya me excité de sólo recordarlas —interrumpe la narración y me intenta tocar. No chingues, Nacho, le digo. Déjate querer, coño… Bueno, ya yaya, sigo. Pues que me prendo con la manuela y sopas: mi tía comienza a golpear la puerta. Ya tardaste, Ignacio, qué tanto haces, necesito entrar, me dijo. Tomé las revistas y las metí entre mi playera. Parecía panza de embarazada mal formada, pero estaba desesperado que no pensé en otra manera de guardarlas.

Puse el oído en la puerta para escuchar si ya no estaba afuera mi tía. La neta es que a esa edad uno está pendejo y cree que puede mantener las cosas bajo control. Cuando abrí la puerta mi tía estaba ahí, frente a mí. Por el asombro olvidé las revistas y quité mis manos de la panza: una a una fueron cayendo al piso. Salí corriendo antes de que me prendieran un putazo. ¡Hijo de la chingada, nomás vienes a hacer tus pendejadas a mi casa! ¡Ahora se va a enterar tu mamá, para que te la parta! Me gritaba mientras yo veía como tiraba mi mochila para la calle…

—¿Qué pasó después?

—Me fui caminando a casa. Pensé que no se lo iba a decir a mis papás, por eso no decidí ir a otra parte. Cuando abrí la puerta, porque mis papás esperaron a que entrara, me pidieron que vaya a la cocina… y sopas: Mi papá me tomó de la espalda y mientras, mi mamá me pegaba con la faja. Y yo, llore y llore y llore. No podía explicar nada porque cuando intentaba ya estaba recibiendo otro fajazo.

Al final se aclaró la cosa. Mi primo dijo que me pidió el paro para guardar las revistas. Que no eran mías.

Pero los fajazos ya estaban en mi cuerpo, como el de las vacas recién marcadas.

—No mames, Nacho, qué puta suerte tienes.

—Ya sé cabrón, pero no te rías si no aquí le paramos.

—Oh, pues, ya estás de nena. A ver, ¿cuántas veces te la jalas al día?

—Una de cajón, pero trato de mantener dos al día. He bajado el ritmo drásticamente, ya no puedo hacerlo tantas veces como cuando era puberto. Uf, esos años eran de a tres de cajón y de tirón. Ahora es mañana y noche.

—¿Te gustaría volver a esa época?

—Sí y no.

—Antes no sabía mucho de porno pero me la perfilaba chido. Ahora disfruto más el contenido. Cuando digo esto me refiero a que antes era estudiante y cuando llegaba a la casa era ir a jalarle el pescuezo al ganso. Ahora la chamba, deudas, estrés… La puta vida godín joden la producción. Así que trato de llevármela leve, disfrutando el video y no excederme para no terminar tan cansado.

—¿Aún tienes revistas y DVD’s en tu colección?

—Ya no tengo colección de eso, ahora puro contenido en internet. La neta una exnovia me tiró todo. Me decía que para qué quería esas cochinadas si la tenía a ella. Me deshice de todo. No soy aprehensivo con las cosas por lo que no me dolió perderlas.

—¿Prefieres el contenido de ahora o el de hace diez años?

—Uf, papi, son cosas distintas. Mira: hace diez uno podía hacerse una puñeta con las revistas de Avón, Fuller, TvNotas, TvyNovelas… Cualquiera que tuviera chicas en bikini. Todo estaba en la imaginación. Tenías a Liz Vega, Maribel Guardia, Niurka, Aracely Arámbula, Edith González, Paty Navidad… Todas aparecían en sesión de fotos sexis publicadas en esas revistas. Era nuestro porno y nadie lo impedía. Eso, quizás me causas un poco de nostalgia. Aunque ahora tienes internet y puedes entrar a Cam 4 y ver a rusas, chilenas, colombianas, francesas, españolas… Infinidad de mujeres en un solo espacio. Claro, ahora casi no se deja nada a la imaginación y a huevo esperamos el desnudo para poder disfrutar la chaqueta.

—¿Recuerdas cuál fue la primera página que visitaste?

—Petardas. De ahí siguió Poringa y Panda Movies… Y de ahí Youporn, Beeg, PornHub, BangBros, Brazzers, Redtube, xVideos, Cam 4, Bongacams. Por cierto estas últimas son de mis favoritas.

—¿Alguna página mexicana?

—Hay muy chafas, aunque rescato una que creo la está rompiendo ahora: Sexmex. Las historias están creíbles, hay un poco de trama, no se van directo al sexo… Sólo tengo un problema: para ver su contenido chingón hay que pagar. Soy adicto pero no pagaría por algo que hay gratis. Y la verdad hay contenido completo de Sexmex en xVideos. Solucionado el asunto.

Ya, cáele con la última pregunta, cabrón, porque está cátedra te va a empezar a costar.

—No jodas, Negro, bueno ahí te va. ¿Tienes alguna película, fragmento, escena o video favorito que siempre veas?

—Sí. Guardo cariño al primer video que vi, el de mi primera puñeta. En el disco de videos de hip-hop había un porno de Snoop Dogg. De hecho cuando lo compré no sabía que también tenía ese material. Bueno, cuando perdí todo lo físico me puse a buscar en internet ese video y me di cuenta que en pocos sitios está completo. Con los catorce minutos. Hasta que lo encontré en Pornoeggs y, ¡carajo!, fui feliz cuando lo volví ver. Pésima calidad, malísima la trama, pero tiene un no sé qué inexplicable que hace que le dedique la chida una vez a la semana, mínimo. Chécalo, se llama Hustler video snoopdoggs doggy style. —What’s up everybody, play boys and play girls… Canta Snoop Dogg mientras unos batos juegan al fondo basquetbol en el Play Station. Una joya.

Fotografía por Ramón Rosado Rosado (RaaXTerm)

Artista Visual Multidisciplinario

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