El Cardenal Cantina tiene 102 años de existencia. Se fundó en 1915 cuando el edificio blanco de la calle 63 por 70 era la Gran Cervecería Yucateca, cuna de la cerveza León, Carta Clara y Montejo. Said Farah, el dueño actual del establecimiento, cuenta que había un arco que unía a la ex hacienda El Perejil, donde estaba ubicada la fábrica, y a la cantina.

“Se llamaba el Arco del Truncado. Todo esto lo hemos sacado de la Biblioteca Yucatanense con nuestro amigo Sergio Ceballos de Yucatán en la Historia“, explica. Los dueños de la cervecería compraban las esquinas del centro de Mérida para abastecer su propia cerveza.

El primer dueño, Rafael Vera Barea, era un hombre de Campeche que vivía junto con su familia en una habitación de la cantina. “Dicen que el salón era un jardín precioso, y donde ahora está la barra era el espacio de la cantina, era muy pequeña”.

La nueva era para el Cardenal

Con el tiempo, la cantina fue pasando de mano en mano hasta que se convirtió en una cantina “de mala muerte”, donde hacían peleas entre mujeres en bikini dentro de una piscina de plástico llena de chocolate o espagueti y luego las rifaban. Esta historia, cuenta Said, tiene apenas cinco años. La cantina se mantenía supuestamente cerrada pero más bien funcionaba con discreción.

Said y su socio y amigo Jorge, planearon hasta la arquitectura de la cantina que comprarían desde que estaban en la secundaria. A partir de la huelga de la UADY, donde trabajaba, vio la oportunidad de comprar el espacio. “No es una historia muy romántica, la encontré tal cual en una página de anuncios mientras buscaba unas cosas para revender. La huelga duró más de un mes y no estábamos cobrando. Tenía unos ahorritos y dije, bueno, vamos a intentarlo”.

El barrio de Santiago, además, es el lugar donde creció, donde viven sus amigos y familia. “Me acuerdo llegar con mi esposa y lo primero que pensé fue: ¿cuándo vamos a poder llenar esto? y eso que sólo contemplé lo de adentro”.

La emblemática cantina tiene una terraza en la que el fresco de la tarde hace sentir a gusto a todos los comensales, ése mismo espacio agradable era antes un basurero de dos metros de alto que guardaba los desperdicios de cien años de la cantina. “Mi esposa insistió en que teníamos que abrir allá, a pesar de que tuvimos que hacer algunos sacrificios porque era muy costoso. Pero qué bueno que decidimos empezar con la terraza abierta porque es donde todo el mundo quiere ir”.

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Si antes la duda era cómo llenar el lugar, ahora Said se preocupa cuando la gente se queda sin poder entrar porque ya no hay mesas. “Hasta me da pena tener que salir a agradecerle a las personas por venir, pero que ya no queda espacio. Prefiero darle un buen servicio a pocas personas a que esté llenísimo pero no podamos atender a todos como se merecen”.

La verdadera cantina es la que da un buen servicio

Lo más importante para Said es el servicio de la camaradería. Sobre el tema de las cantinas renovadas y la nostálgica frase de “las cantinas ya no son lo de antes”, se muestra escéptico ante la opinión de que una verdadera cantina es la que huele a wix y no entran mujeres. “Yo te puedo decir que esta cantina tiene una licencia desde hace un siglo, pero nosotros nos tenemos que ir adecuando a las nuevas tendencias. Sí, nuestros abuelos iban a las cantinas al medio día, pero nosotros a esa hora estamos trabajando y esto empieza a tener movimiento a las tres o cuatro de la tarde. Así como la gente, el trabajo y los esquemas de vida van cambiando, así nos tenemos que ir actualizando”.

El Cardenal Cantina va más allá de ofrecer un servicio de venta de cerveza y platillos. Se vincula con la comunidad, sus clientes del barrio son también personas que lo vieron crecer, además son parte de la escena cultural de Mérida. Trabajan con asociaciones, con artistas, grafiteros, músicos y organizaciones sin fines de lucro como Sueños de Ángel que trabaja para los niños con cáncer o Repavih que ayuda a personas con VIH.

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“Somos una cantina de salsas y cumbias, pero también tiene lugar el rock, el metal, el jazz. No ponemos ningún límite”. Tienen un lunes de jazz, jueves de cumbia y un sábado de rock, así como han hecho eventos de dibujo, presentaciones de libro, eventos musicales, exposiciones fotográficas y pictóricas, han sido sede para filmar vídeos de la Televisión Española, TV UNAM. Le han dicho sí a todo. “Para que uno esté bien, las personas alrededor suyo también tienen que estar bien. Las asociaciones que apoyamos están haciendo un bien común de manera desinteresada y nos echan la mano como clientes. Entonces nosotros nos encargamos de que esa ganancia se regrese a la sociedad”.

El sabor de la chela depende de lo pesado de la semana

“Cuando llegas a un lugar y te dicen ¿lo mismo de siempre? te sientes dichoso. Yo esto lo veo de verdad como más que clientes son amigos y amigas que vienen a visitarnos”. Said se preocupa por ser un buen anfitrión, saber el nombre y los gustos de quienes llegan al lugar, dice, es su trabajo. Hay gente que va todos los días, así como hay gente que llega cada quincena con los compañeros de trabajo, todos uniformados.

❤️ si hoy vas a tomar porque tuviste una semana muy dura. #domingo #elcardenal #cruda #trabajo

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Las historias se quedan para siempre

“Todas las historias de personas de más de 60 años son extraordinarias. Hay gente que viene y me platica que este fue el primer lugar donde probó una cerveza. Un notario que recién falleció, Carlos Goff, venía siempre aquí y ya tenía su mesa”.

Sin embargo una de las anécdotas favoritas de Said es cuando abrieron un día antes de la inauguración oficial y una señora de 70 años entró preguntando por el encargado. Se trataba de Lupita Vera, la hija del fundador de la cantina. “Me contó la historia de que ella vivía aquí cuando tenía cinco o seis años. Ella nos enseñó a hacer el Sikil Pak, las botanas que hacemos aquí son botanas que la hija de quien fundara la cantina nos enseñó a hacer”.

Lupita Vera, sus hermanos, hijos y sobrinos van a la cantina con frecuencia y ahí fue donde la señora celebró sus 72 años junto con toda la familia Vera. “Ellos saben, porque se los he dicho, que este lugar es más de ellos que mío”.

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