Por Katia Rejón

Fotografías: Facebook/Isaac Zambra/ Jorge Cárdenas

Nany Guerrerx y Agatha Fuku son bailarinas residentes en Yucatán que comenzaron su formación en el ballet, pero migraron a otros estilos buscando más libertad en sus cuerpos. Ambas forman parte de la casa vogue Apocalipstick, además de llevar a cabo sus proyectos personales. Platicamos con ellas unos días antes del Remedios Ball, en la cafetería de Noox Azcorra y nos contaron su historia.

Agatha probó todas las disciplinas artísticas por la motivación de su mamá. A pesar de tener habilidades para la danza, ésta no le satisfacía del todo por la rigurosidad del ballet. Sin embargo, su abanico de opciones se abrió con prácticas de danza contemporánea y artes circenses. Dice que con sus amigas de la escuela, planeó hacer una audición para entrar al Colegio Nacional de las Artes (Cenart) de la Ciudad de México. De todas sus amigas, sólo ella entró, y aunque al principio no sabía que a eso se dedicaría profesionalmente, muy pronto se dio cuenta que eso era lo que quería hacer en la vida.

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Agatha Fuku. Fotografía: Isaac Zambra

Los inicios de Nany también fueron en el ballet. Tampoco era una disciplina que le gustara mucho. Ella es de Veracruz y el contexto en el que vivía era peligroso, pues en esos años (2006-2012) había guerra contra el narco, una guerra que ha dejado -hasta ahora- más de 250 mil muertos. Nunca vio a gente bailar en las calles. Entró a clases de zumba, se acercó al jazz, pero su cuerpo, como la mayoría de los cuerpos, no se adaptaba a las exigencias de estas danzas. Por aquellas épocas quiso bailar hip hop, pero le dijeron que “sólo los hombres bailan hip hop”.

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Nany Guerrerx. Fotografía: Jorge Cárdenas

MdN: ¿Cómo llegaron a Mérida?

Agatha: Llegué a Mérida por un proyecto. Sólo venía seis meses, ya hace dos años de eso. Empecé a hacer mi servicio con Tumáka’t ayudando en partes administrativas y ensayando, a veces. Me la pasé muy bien yendo a cenotes, al mar, conociendo gente hermosísima que me abrió las puertas profesional e intelectualmente, y me quedé. Ahora sigo en Tumáka’t y cuando me invitan a hacer performances, a presentar mi proyecto de Pequeños espacios o shows, lo hago.

Nany: En el 2010 vine a Mérida para estudiar la carrera. Encontré una academia de danza que impartía clases de hip hop. Un día, el maestro nos preguntó si sabíamos qué era el hip hop. Entonces nos dijo que era una cultura. Boom. Eso me cambió la vida, comencé a investigar, vi que el hip hop es una cultura de nueve ramas: negocio, moda, conocimiento, sentido político, música, baile… me enamoré. Dije: esto es lo mío.

MdN: Cuéntenos un poco acerca de sus inicios y la razón por la que bailan

Agatha: Cuando entré al Cenart, hubo movimientos muy fuertes como el 132. La misma institución no ha generado alternativas para que las escuelas de distintas disciplinas se vinculen, más que en los últimos años de carrera. En el 132 todas las escuelas se comenzaron a vincular e hicimos una comitiva de arte y cultura. Yo estaba dentro de ellas. Empecé a compartir con otras personas, jameabamos juntos. Músicos, pintores, bailarines, nos poníamos a contar chistes, poemas o jugar futbol. Esa convivencia me sirvió para afirmar que mínimo quería estar dentro del arte. Una vez vi a una bailarina que amo muchísimo, Itzel, era dos años mayor que yo. Tenía una energía súper bonita y me generaba emociones, dije: yo quiero bailar para que algún día alguien me vea y pueda sentirse así.

Nany: Me metí de lleno tanto en la calle como en la academia para entender los dos mundos del hip hop, el comercial y el under. Gané una beca para ir a estudiar a una academia fresita de la Ciudad de México, pero la rechacé y me fui full a la calle para competir en eventos que hacían los mismos hiphopas. Conocí otros estilos que surgían desde la fiesta, el gozo, la alegría como el waacking, el vogue, el house. El hip hop es súper homofóbico y mi encuentro con el vogue y la comunidad LGBT ha sido muy amoroso. Me fui a Los Ángeles a entrenar, me fui a París porque tienen una mezcla muy padre de hip hop, a Barcelona. Trabajaba un montón, ahorraba dinero y me iba.

MdN: Nany, ¿pero cómo haces el enlace con las personas de otras partes del mundo?

Nany: La gente que baila danza urbana nos conocemos todos y todas. Desde que empecé a bailar hip hop siempre tengo un lugar donde dormir. En mi casa he recibido bailarines de Grecia, Corea, Ciudad de México, gente que dice: “Voy a Mérida”, y la misma red de bailarines te recomienda. Claro que hay pleitos como en cualquier grupo, pero la colaboración es más fuerte. He dormido en casas súper locas, entrenado con gente diferente y siempre hay un respaldo cañón que no he visto en otras disciplinas.

MdN: ¿Cuál es su formación? ¿Qué géneros bailan?

Agatha: Mi formación es de danza contemporánea y clásica. Los primeros años tomé ballet y después contemporánea con distintas técnicas. Cada maestro tenía una técnica distinta, como Luis Fandiño, un maestro ancestral muy reconocido en la danza moderna y contemporánea. También con Teté López Llera, Francisco Illesca, de Barrio Rojo; Francisco Córdova, David Zambrano. En general todos los maestros se apropian de técnicas diferentes y eso nos terminaban dando. No podría decir que estoy en una, sino que soy el resultado de muchas técnicas, además de la improvisación y más recientemente en el vogue.

Nany: Bailo tres espectros de danza: danzas urbanas como el hip hop dance, no breaking; danzas estilo club como el waacking, house y vogue; y otros que son estilo funk que surgen en la fiesta como el popping, locking. He tomado cursos de danza contemporánea, en conservatorios y otros espacios que son nobles con las diversidades del cuerpo. Para los que bailamos este tipo de música under, no hay nada [institucional] que avale tu formación. El conocimiento real lo aprendes en la calle. Es como el vogue y el waacking, los aprendes en la fiesta y no puedes decir: he ido a tantas fiestas, mira mis fotos [risas]. Tampoco hay fondos para bailarines urbanos, pero en el under hay un valor de reconocimiento que no tiene precio.

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Nany Guerrerx. Fotografía: Jorge Cárdenas

MdN: ¿Cuándo descubrieron que el cuerpo también puede ser una herramienta de discurso político?

Agatha: En el movimiento #YoSoy132. Habré tenido como 16 años. Todos mis amigos hacían lonas, los de teatro improvisaban un acto poético para sensibilizar a la gente, los músicos. Me di cuenta de que podíamos incidir en la sociedad para acercar ese conocimiento o postura política.

Nany: Lo entendí desde el hip hop. Mi cuerpo bailando era un desafío al sistema, no encajaba. Mi cuerpo tenía un peso político cuando me decían que las mujeres no hacían hip hop. Ahora lo veo más claro que nunca en el vogue. Me quedó claro que bailar es súper político.

MdN: Pensando un poco en que el hip hop, como dices, es un tanto machista culturalmente. Y que el vogue nace desde la comunidad LGBT, ¿qué opinan sobre la danza y el género? ¿hay un vínculo, o más bien, una separación de los sexos en el movimiento?

Nany: Sí hay, se enseña. No es algo que surge naturalmente, es un comportamiento aprendido.

Agatha: Hay muchas danzas heteronormadas. En el caso de mi escuela y formación, varios maestros incitaban a los chicos a experimentar su lado femenino. En esta sociedad con las condiciones que hay, cuando le dicen a un hombre que experimente la otra parte, no es porque queramos que sea la otra parte, sino para que tengas otra posibilidad de bailar y la vivas.

MdN: Agatha, ¿en tu experiencia has podido experimentar esa otra parte?

En una coreografía, recuerdo, los hombres hacían acrobacias, una secuencia muy fuerte. Las mujeres tenían una secuencia más seductora y recuerdo que quise hacer la misma que los hombres, porque se veía divertida: era hacer lagartijas, volar, y así experimenté una supuesta masculinidad establecida. Esas son las libertades de crear, que las dos partes sean tuyas.

MdN: En Mérida, ¿cómo ven este tipo de expresiones y danzas urbanas en comparación con otras danzas más tradicionales?

Nany: Hay danzas que ya tienen espacios ganados, también la danza contemporánea aunque no tanto como el ballet. Pero estas otras danzas se apropian de los espacios públicos. Ves a los B-Boys semaforeando, haciendo sus propias fiestas; la comunidad LGBT crea espacios para hacer vogue. Existe esa necesidad de gente que quiere expresar de otras formas y no les llamamos bailarines. Entiendo la división, pero se tiene que valorar otros cuerpos que no tienen una formación. Tienes muchas herramientas lindas, tiene valor un cuerpo que baila desde la inocencia. Moverse desde un espacio que se genera por su cuenta, que es autogestivo.

Agatha:  Además, en general, la danza es efímera. Generalmente no se ve -y por lo tanto no se valoran- las horas de trabajo previas. Tenemos que entrenar, acondicionarnos. Para bailar también hago yoga, escalo, complemento con otras cosas para articularme y abrir otros panoramas.

MdN: ¿Creen que hay comunidad dentro del baile under?

Nany: Para mí sí, los veo en la Ermita, Cordemex, Alemán. Hay gente que lleva a sus hijos a entrenar al parque, la gente ya sabe que están ahí. Ahora los B-Boys metieron una propuesta en el Ayuntamiento para bailar y hacer shows en la Plaza Grande. Así se visibilizan, a ellos les genera un ingreso y tienen espacios ganados.

Agatha: Siento que hay una comunidad con microcomunidades. Todos nos conocemos pero hay nodos dentro de este gremio.

MdN: Bueno y bailar -por si fuera poco- no es lo único que hacen, ¿pueden contarnos de sus otros proyectos?

Nany: Actualmente soy maestra de danza urbana. Me gusta porque contribuyo a que se formen otras chicas y conozcan las bondades de bailar otro estilo que no sea el ballet. Se han abierto esas puertas. También estoy con Las Hijas del Rap, un proyecto musical que surgió entre chicas, donde mezclamos el arte, la danza y la música urbana. Llevamos dos años y medio y jamás me esperé que desde la amistad hayamos logrado algo tan padre. Es genial que cada vez se abren más espacios para lo urbano, el activismo y el feminismo desde el hip hop.

Otro proyecto es House of Apocalipstick, una casa vogue que lleva tres años en la Ciudad de México. La primera casa en el país fue House of Machos fundada por Any Funk. Él es el primero en traer el vogue en México y poco después Apocalipstick trajo la cultura Ballroom y agarró todo el sentido político. Estoy en esta casa con Kelly, Víctor, Lola, Frida, José, Agatha y nos apropiamos espacios públicos desde la jotería y la feminidad.

Agatha: Sigo en Tumáka’t y estoy muy contenta con la compañía. Admiro a Vania y a mis compañeras. También tengo el proyecto personal de Pequeños espacios que nació como algo muy natural. En un descanso, estaba con mis amigos y vi un hueco para extintor y le dije a mi amiga “quiero una foto aquí”. Me agradaba la idea de que fuera un marco natural, un contenedor para enmarcar mi cuerpo.

Desde ese día no pude dejar de ver pequeños espacios, y resignificar espacios con mi cuerpo. Me gustaban las composiciones visuales, cómo el cuerpo podía modificarse. El diálogo del cuerpo con el cuerpo, del cuerpo estático y el cuerpo flexible.

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MdN: ¿En que cosas te has metido, por ejemplo?

Agatha: En mesas de Pola, maletas, vitrinas, en el metro, en el tronco de un árbol, en cubos, estructuras industriales, .

MdN: ¿Qué les dirían a las chicas y a los chicos que desean bailar pero sienten que no encajan en algunos géneros?

Nany: Merecemos ser felices en este mundo que insiste en decirnos que no somos suficiente.

Agatha: No voy a decir que no es complicado bailar cuando hay posturas eurocentristas establecidas. A mis 22 años tengo que hacer otras cosas para poder presentarme en Coahuila ahorita, por ejemplo. Nany también para poder clases gratis y compartir lo que sabe, pero al final hay una satisfacción que nos llena.

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