Por: Katia Rejón

Ilustración de Melanie Rejón (Mel’s city)

Andrea Macías siempre tiene la cara serena, como de alguien que ha dormido mucho tiempo y se despierta de buen humor. Es agosto y me recibe en su casa del centro de Mérida, acaba de hacer café y nos sentamos en su tapete frente a un librero de fanzines. Todo en ella es cálido y amistoso, lo sabe quien la conoce.

Tiene 30 años, nació en Acapulco y vive en Mérida desde hace ocho años. Su familia vive en Cancún y ella vino a estudiar Literatura Latinoamericana en la Uady. Dice que Cancún es una ciudad donde había poco para hacer además de la magnífica playa y la oferta turística. Más cuando desde siempre le interesaron los movimientos que surgen en la calle: los espacios que crea el punk, el ska, las energías y fuerzas (así dice ella: energías y fuerzas) que se organizaban para que sucedieran cosas más allá de la oferta institucional

Y en esos sitios, olvidados de las cámaras y del mundo, también surgen los fanzines, sobre todo políticos: feministas, obreros y hasta veganos. 

Siempre vas a encontrar una edición parecida al periódico o la revista que se regalan o son cooperación voluntaria.

Andrea también está detrás de Malas Impresiones, el único festival de fanzines que hay en el sureste. Ha realizado actividades para promover los fanzines que existen en Mérida, pero también el intercambio de estos materiales con otras partes de la República. Muchas veces estas actividades vienen acompañadas de talleres o conversatorios sobre la biología, por decirlo así, de estas publicaciones.

Un fanzine es una publicación periódica o no, un género de la revista que fue bautizado apenas en 1940 para diferenciar las revistas “profesionales” de las revistas hechas por “fanáticos”. Pero su origen es bastante más político que decir simplemente que es para aficionados, pues coincide con la popularización de los medios de impresión y copiado de bajo costo. Y, cosita de nada, en muchas revoluciones culturales han sido el arma político e informativo perfecto para ofrecer información que no saldría en los medios masivos o que era necesariamente clandestina. 

—Todo surge a partir de cuestionar las dificultades de las personas para publicarse. Me di cuenta que para publicar tenías que entrar en un sistema de competencias, un jurado calificador que según sus criterios iba a decidir si te publican o no, y cómo sería la distribución. Veía a mis compañeros en talleres literarios y se destrozaban sus obras y sus egos. Yo no sabía si valía la pena exponer una obra personal para llegar a esos parámetros, si de todas formas no sabías si tu obra se iba a publicar. 

Entonces hizo un trabajo salvaje: materializar la obra y llevarla al público. En Mérida, para empezar no hay muchas editoriales para publicar. Hay una convocatoria de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento y de editoriales privadas tampoco hay tantas, quizá tres o cuatro, pero no se dedican con regularidad a sacar libros.

Hubo un concurso de cuento y mi amiga y yo entramos, no ganamos. Regresamos a su casa y empezamos a pintar portadas y recuerdo que pintaba muchas serpientes y dijimos ¿y si nos publicamos nosotras mismas? Y eso se llamó Granada, la idea era impactar en el ambiente cultural y literario, pero nunca se publicó, fue una frustración de la vida. Organizarte con una persona es muy difícil. 

Entonces hizo algo sola, un fanzine pequeñito llamado Ardilla chillona, de poemas e ilustraciones. Fue a visitar a su hermano en Campeche y lo trabajó, fue a la fotocopiadora y a lado había un circo. Ahí repartió todos sus fanzines y volvió a casa con las manos vacías, con la sensación de que había expresado algo a alguien

Después se topó con una editorial llamada Poetas de las duchas y comenzó a trabajar con ellos tanto en la edición de fanzines como en la gestión de eventos culturales. 

Malas impresiones

Malas impresiones surge como una feria de auto publicaciones y ediciones independientes y reflexionar acerca de ellos. Nace en un momento en el que ya existían Changos Perros, los fanzines de Marijose Romero, de Marcos, el colectivo Soslal, Micky Mugre y otros

No es un colectivo sino el nombre del evento. Tiene un comité organizador pero me pareció importante que no fuera un nombre sino la plataforma que se construyera de forma colectiva.

A partir de ahí inició una red de distribución que trajo fanzines de varias partes del estado y ciertas expresiones literarias que no llegaban a Yucatán como la poesía chicana. Aunque dice que el objetivo de la vida es identificar y dar a conocer a los locales. Su librero tiene historia: en él también se puede ver la evolución de los colectivos y sus publicaciones.

Los fanzines locales hacen más ilustración, después vienen los textos literarios como poesía y cuento, y en tercer lugar los que tienen un mensaje político. 

—Antes de ese nivel, quizá estén los que son un tutifruti de temas.  

Sus favoritos son los productos editoriales que logran comunicar un mensaje político.

—Hay un fanzine de unas chicas de Yucatán que son abogadas e hicieron una publicación de derechos laborales. Lo repartieron en las paradas de camión donde la gente se iba a trabajar. Me conmueve que alguien pueda dedicar su tiempo y talento para compartir información con las demás personas, más allá del….

—¿Quiero que alguien me lea?

—Ajá. 

Las otras publicaciones independientes

En su librero hay de todo: poesía, ilustración, cómic, libros-objeto, revistas, folletos. Le pregunto cuál es la diferencia entre el libro cartonero y el fanzine. 

El libro cartonero tiene que ver con una materialidad que captura cosas del entorno, una manera de historiar a través de los materiales y recursos que logras conjuntar. La editorial cartonera tiene entre ceja y ceja la onda del reciclaje o la onda de utilizar materiales que ya tuvieron vida y darle otra. Refuerzan la idea de que uno puede producir con lo que tiene a la mano. El fanzine no tiene tan fuerte eso, hay fanzines fresones.

El libro de autor o libro objeto es un producto artístico tanto literario como plástico que casi siempre tiene recursos visuales muy fuertes: desdoblamiento de las hojas o un diseño editorial novedoso o llamativo. Pero también hay fanzines así.

Las fronteras de la autopublicación y publicación independiente se pierden un poco: están las cartoneras, los fanzines y el libro de autor que como no tiene un mercado aún se mueven en las autopublicaciones.

Las autopublicaciones no tienen muchas reglas, pero sí un espíritu común de acortar las distancias de los mercados industrializados, en especial las del mercado editorial. Publicar sin pensar en la comercialización y producción, público meta, distribución exterior, y más en compartir, decir, lanzar un mensaje en una botella.

Si te gustó, comparte: Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on Tumblr