De los gringos me gustan sus insultos. Holy shit, mothafucka, bitch, dumbass, el talento que tienen para ser nacionalistas de incubadora, la graciosa certeza de que sus estrellas y sus barras fueron traídas del cielo al pisar la luna y los hot cakes que no sé por qué siempre me hacen pensar en un oso de peluche. Los australianos me caen bien por su acento arrastrado de niña fresa, sus cuerpos musculosos, sus sirenas, las películas de la playa y las mascotas con bolsitas para cargar a sus bebés. Ojalá fuéramos tan puntuales como un alemán, estoicos para no ponernos a llorar con vídeos de jóvenes muertos, dejar que el viento haga con nuestras esperanzas lo que quisiera siempre y cuando todo siga en orden. Del Medio Oriente (agrupo porque en Historia Mundial sólo me enseñaron lo occidental y confieso que tampoco lo estudié por mi cuenta) me encantan las mujeres, Malala en especial, sus ojos como dos cortadas negras y su piel calientita en telas estampadas, la manera en la que deja boquiabierto a todo el mundo (Occidente). De Argentina, las páginas para bajar películas de Internet y aquellas empresas que subtitulan con una ortografía no tan mala mis películas favoritas. Una vez conocí a una argentina que fue a preguntar seis veces en un mes si ya habían llegado a la tienda los pantalones blancos, qué persistencia, dios mío. A Rusia y sus escritores les agradezco que mi nombre esté siempre en algún personaje (casi siempre como prostituta o sirvienta) y que hayan hecho del lugar un cuadro inacabable que Dostoievski no dejó de describir en sus libros. De Francia me gusta su lengua, sus filósofos y su olor, su clima y esa A mayúscula que sale siempre en las postales. Pero de México y no me vengan con el patriotismo, no esperen que enliste las virtudes ni que hable del folclor de su cultura, quiero referirme a su gente que es lo único que todavía está vivo, aunque vayan cayendo uno por uno, de aquí me gustan los apretujones del camión, los cuerpos pegados sin asco en la combi, el sudor de uno mojando al otro, la confianza para mentar la madre al carro de atrás, los compadres, las comadres, los bautizos, las tamalizas, los chistes puercos, la madrugada que se abre amenazando con otro día a madrazos, y esa resurrección continua  que Jesucristo envidia tanto.

Si te gustó, comparte: Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on Tumblr